Víctimas entre cómplices

La recuperación del manuscrito Suite francesa hace de Irène Némirovsky una de las más grandes escritoras de la contemporaneidad

Consiguió vencer al destino de su muerte física en Auschwitz dejando a sus hijas el manuscrito que estos días acapara el aplauso internacional: Suite francesa (Salamandra), un documento vibrante de una Francia recién ocupada por el ejército nazi que, envuelto en la mejor literatura, recupera aspectos sociales de extraordinaria y dolorosa complejidad.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
Encabezando esta novela y situando en sus auténticas coordenadas la voz que recupera el escenario cultural internacional, estas palabras de Dense Epstein, la hija mayor de Irène Némirovsky: “Desde el recuerdo de mi madre y mi padre, para mi hermana Élisabeth Gille, para mis hijos y mis nietos, y para todos los que conocieron y conocen todavía hoy el drama de la intolerancia, esta Memoria para transmitir”: Suite francesa: una novela que tras su publicación original en  Francia  en  2004,  y  tras su

traducción a más de treinta idiomas, estrena estos días el Premio de los Libreros de Madrid 2005, que la celebran como el mejor libro editado en nuestro país a lo largo del año: una extraordinaria rareza que barre sin dudas el saco de fenómenos literarios del momento: especial y única, memoria y vida.
“-¿Y qué piensan los franceses del desenlace de la guerra, señor? –preguntó Bonnet
 Las mujeres se miraron, indignadas. Eso no se hacía. Con un alemán no se hablaba de guerra, ni de ésta ni de la otra, ni del mariscal Pétain, ni de Mers-el Kebir, ni de la partición de Francia en dos pedazos, ni de las tropas de ocupación, ni de nada importante. Sólo podía adoptarse una actitud: fingir la fría indiferencia del tono con que respondió Benoit alzando su vaso de vino tinto:
-Les importa un carajo, señor”. (Suite francesa. Cap. 8)

Literatura y realidad

Este documento rescatado para la historia tiene en su camino hasta la edición claves definitorias de la evolución política, social y emocional de Europa: Irène Némirovsky estaba enfrascada en su escritura cuando fue detenida en julio de 1942. En octubre, su marido fue conducido a la comandancia de las fuerzas de ocupación junto a sus dos hijas, Denise, de trece años, y Elisabeth, de cinco. Michel Epstein fue detenido, pero, dado que los nazis aún no deportaban a los menores, uno de los gendarmes dejó libres a las niñas, con la recomendación de que corrieran a casa, cogieran lo que pudiesen y desaparecieran. Denise guardó, en una pequeña maleta, fotografías familiares y el grueso cuaderno de piel marrón donde escribía su madre: el manuscrito Suite francesa comenzaba el éxodo por escondites de pensionados católicos, cuevas en la región de Burdeos, conventos... y el cajón cerrado como auténtica Caja de Pandora que jamás se debe volver a permitir abrir. Hasta aquí. Hasta que una hija decide mirar cara a cara su dolor y lee, con una gruesa lupa y enorme paciencia, las minúsculas letras azules que su madre escribió. Suite francesa, setenta y dos años después, era realidad.

Escritora de raza

La escritora que ha descubierto para el mundo la novela póstuma Suite francesa se establece sin problemas entre esas figuras de excepción que, en el marco de las primeras décadas de la Europa del siglo XX, definieron el más alto perfil de estilística versus hondura moral que se puede rastrear en el escenario literario internacional: Stefan Zweig, Arthur Schnitzler, Albert Camus... escritores de raza, hombres y mujeres trascendentales, que permitieron al hecho real estar sin merma en el arte y que, a la vez, supieron arrostrar en medio de enormes dudas y sufrimientos el milagro que supone una creatividad literaria.
Irène Némirovsky (Kiev, 1903- Auschwitz, 1942), esta mujer que ahora emerge sorpresivamente dejando a la crítica anonadada, extiende en sus páginas su propia experiencia de judía perseguida en la Francia ocupada sin que el odio, el temor o la desesperación acoten y determinen una mirada que decidió debía ser tan claramente aséptica de emoción como real en su descripción: Francia víctima entre cómplices y con una melodía sinfónica de miedos y pasiones. Un retrato que devuelve a Europa el drama que sufrieron tantos y tantos de sus hijos y que recupera trozos de verdad social, en un ritmo trepidante, de forma casi autobiográfica, en los últimos días en París, en el consiguiente éxodo masivo de millares de sus habitantes, después de que cayeran las primeras bombas en junio de 1940. Es la huida del enemigo, cuando miles de familias se lanzan a las carreteras en coche, en bicicleta o a pie, cuando se suceden escenas de ricos burgueses angustiados, amantes abandonadas, ancianos olvidados en el viaje, los bombardeos sobre la población indefensa, las artimañas para conseguir comida, gasolina y agua... Escenas que esta autora retrata con una precisión radical y extraordinaria complejidad moral; situaciones que tienen en la auténtica vida su inspiración y que Irène Némirovsky escogió como un legado especial a la humanidad.

 

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