Memoria, contexto y obra

La Residencia de Estudiantes recupera con la muestra El Madrid de Ortega el ambiente cultural y humano que rodeó al filósofo en su ciudad

En el cincuenta aniversario de su muerte, y con el especial cariño que su Residencia de Estudiantes está siempre dispuesta a poner en todo proyecto de recuperación cultural de la memoria, la muestra El Madrid de Ortega y Gasset trae el aroma y la fuerza de una vida consagrada a pensar, crear y divulgar.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
Un hombre que se compromete con su tiempo, que abre puertas al contexto internacional, que observa el movimiento  de  la  sociedad  que le circunda, que ama

especialmente su cultura y que aporta señas específicas a su ciudad: el Ortega y Gasset que vive en las obras que expone la muestra homenaje El Madrid de Ortega es fundamento y, también, consecuencia de esa singular España que, tras sus duras reflexiones acerca del desastre colonial, levanta la mirada a un horizonte que está aún por desplegar y que tiene en Europa el especial modelo para su crecimiento intelectual: una España que alienta a sus mejores hijos y que recibe de éstos el fruto extraordinario de una sui generis sociedad de artistas, pensadores, escritores, músicos, periodistas, investigadores y educadores. “Mi vocación era el pensamiento, el afán de claridad sobre las cosas. Acaso este fervor congénito me hizo ver muy pronto que uno de los rasgos característicos de la circunstancia española era la deficiencia de eso mismo que yo tenía que ser por íntima necesidad” -afirmaba José Ortega y Gasset en el prólogo a una edición de sus Obras, en 1932. Para concluir que “desde luego se fundieron en mí la inclinación personal hacia el ejercicio pensativo y la convicción de que era ello, además, un servicio a mi país”. Pasión y deber al país, a la sociedad, a la ciudad que le dio el escenario adecuado a su brillante quehacer.

Ancla del deambular

En Madrid Ortega y Gasset nació, creció, se enamoró, enseñó y escribió en el periodo discontinuo más amplio de una existencia desarrollada en parajes tan diferentes como Málaga, Bilbao, Leizpig, Berlín, Marburgo, París, Portugal, Buenos Aires, Lisboa, Zumaya (Guipúzcoa) o Fuenterrabía. Un ancla en su deambular que José Lazaga, comisario de esta muestra, definía así en su presentación de la muestra: “De Madrid...al cielo, la mirada cosmopolita de Ortega ha dialogado profundamente con su circunstancia, convirtiendo el contorno en paisaje vivido. Pocas cosas han escapado a su interés: del Manzanares al Lahn marburgués y al río de la Plata; de El Escorial a las arquitecturas del idealismo alemán; del enano Gregorio el Botero a la Gioconda, y de ésta a las manzanas de Cézanne; de La verbena de la Paloma a Debussy; de la Colina de los Chopos a las altiplanicies de Aspen (Colorado); de los ballets rusos al intuicionismo matemático... Ortega se tomó en serio su propia tesis de que el verdadero sistema es la propia vida y que, por ello, debe el filósofo tomar en consideración todas las cosas, desde las más sublimes hasta las más sencillas.”

Cosmopolita y local

El dibujo de Ortega y Gasset que estos días realiza la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales y la Comunidad de Madrid en las salas temporales de la Residencia de Estudiantes y sobre un proyecto de la Fundación José Ortega y Gasset, tiene este doble rasero del hombre cosmopolita y local, del estudioso y ser social, del brillante escritor y silencioso vecino.
A través de originales de revistas, manuscritos, cartas, libros, fotografías y obra plástica, en un recorrido que atraviesa los treinta primeros años del siglo XX, cuando Ortega vive en Madrid, el tandem del filósofo y su ciudad se va abriendo en una escala que comienza con “El Madrid de Meditaciones del Quijote” (1898-1916),donde se sintetizan su periodo de formación y los primeros años de labor pública en la cátedra universitaria, en los periódicos y revistas donde escribía con asiduidad; cuando irrumpe como filósofo maduro, actor cultural y político reformista y dialoga con la tradición española y con los escritores del 98; que continúa con “El Madrid de las vanguardias” (1917-1928), los años de El Sol y de Revista de Occidente, de España invertebrada (1921) y El tema de nuestro tiempo (1923), de varios volúmenes de El espectador y de La deshumanización del arte e ideas sobre la novela (1925), que presta atención a los fenómenos estéticos, especialmente al arte joven y a las formas de la prosa... Años decisivos para sus empresas culturales y universitarias animadas desde la Junta para la Ampliación de Estudios o desde la Residencia de Estudiantes; y que se cierra con el espacio dedicado a “El Madrid de la República” (1929-1936) que es un periodo de menor dedicación estética y cultural, de mayor atención política, sobre todo tras la proclamación de la Segunda República en 1931 y el estallido de la guerra civil que motivará la salida de Ortega y su familia camino del exilio. Son tres grandes apartados que sin duda hará al visitante reencontrarse no sólo con una de las más grandes figuras del pensamiento español sino con el hombre imbricado a su ciudad que Ortega quiso siempre ser.

 

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