Trabas sorteables

Cada uno de nosotros está dotado con un perfil único de desarrollo neuropsicológico con sus puntos fuertes y sus puntos débiles, configurado, mayoritariamente, por los genes heredados. La mayoría de nosotros no podríamos adquirir el talento de Mozart para la música o el de Einstein para la física por mucho que nos empeñáramos. Del mismo modo, muchos niños nacen con dificultades para desarrollar determinadas habilidades que son importantes para el rendimiento académico. Así, el alumno que no tiene habilidad natural para el deporte, la música o el dibujo se enfrenta a determinadas dificultades en la escuela, pero son distintas de las que tendría si no tuviera habilidad para el cálculo matemático, o la fluidez lectora, o el dominio ortográfico, o si no tuviera capacidad para prestar atención, concentrarse o aprender a organizar y planificar adecuadamente las tareas, o si no pudiera controlar sus impulsos y su actividad motriz, o si no pudiera comprender determinadas situaciones sociales. Todas estas discapacidades, que adquieren nombres como dislexia, disfasia, discalculia, trastorno de aprendizaje no verbal, déficit de atención con/ sin hiperactividad (TDA/ H) o síndrome de Asperger, conforman algunos de los trastornos específicos de aprendizaje más conocidos. Globalmente, éstos afectan a entre un 10% y un 15% de la población infantil y juvenil.
Los trastornos específicos de aprendizaje representan variaciones en el funcionamiento cerebral que interfieren en determinados aprendizajes escolares. Suelen producirse en niños con niveles de inteligencia normales, capaces, con entrenamiento, de obtener buenos resultados. ¿Por qué, entonces, la mayoría termina en fracaso escolar? Y las malas notas se ven acompañadas por una baja autoestima alimentada por la incomprensión - ¡no se esfuerza lo suficiente!- y por la sensación de sentirse inferior a los demás o incapaz.
Los conocimientos científicos sobre el desarrollo cerebral y los mecanismos que subyacen en algunos de estos trastornos mencionados han avanzado de forma extraordinaria. También, aunque a un ritmo más lento, progresan los métodos de tratamiento que se basan en la reeducación, aunque en algunos casos también puede ser necesario el tratamiento con medicación. La reeducación durante la educación primaria persigue mejorar la capacidad del niño para un determinado aprendizaje incidiendo en las funciones cerebrales deficientes. Posteriormente, en educación secundaria, la capacidad de modificación o de plasticidad cerebral es muy baja y la reeducación se basa fundamentalmente en la adaptación al trastorno y la búsqueda de estrategias para compensar las dificultades.
Lamentablemente, los avances en el conocimiento neurobiológico de estos trastornos no han sido aprovechados por las escuelas de nuestro país. Salvo excepciones, los niños con trastornos de aprendizaje se ven obligados a adaptarse como pueden al ritmo y a la rigidez de los programas educativos oficiales. Algunos, con recursos propios y ayuda familiar, consiguen titulaciones académicas aunque con calificaciones muy inferiores a sus capacidades. Otros muchos fracasan (...).

Anna Sans
La Vanguardia.14-Mayo-2006

 
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