En el presente artículo, su autor expone una amplia serie de opiniones y propuestas sobre la situación y realidad del profesorado de Infantil y Primaria, con objeto de suscitar un espacio de análisis y debate que aporte la imprescindible mejora de calidad en el ámbito de estos niveles educativos, y resume sus postulados en tres conceptos que estima básicos: compromiso, formación e investigación.

Compromiso, formación e investigación: una nueva identidad para el profesorado
de Infantil y Primaria

Raúl Etxandi Goñi
Profesor de Educación Primaria y Educación Especial
en el C.P. “Elorri” de Pamplona

L  trabajo   del   profesorado  de

educación infantil y primaria es complejo, permite una alta profesionalidad y ofrece retos apasionantes para aquellos que estén dispuestos a una mayor implicación. Para esta tarea los docentes contamos con el currículum y sus mecanismos como poderosísimas herramientas para lograr esa sistematización que nos aleje del activismo o de los viajes sin rumbo.  Este campo de actuación posibilita múltiples oportunidades de investigación y mejora y, por todo ello, opinamos que la autoridad educativa debería arbitrar medidas concretas que den cobertura a los docentes dispuestos a ir más allá de sus obligaciones y a abrir nuevos caminos.
Estas son algunas de las ideas que aportaremos al debate en este artículo, opiniones que surgen desde la práctica diaria en el aula como maestros. Desde esta perspectiva defenderemos la necesidad de contar con finalidades comunes que hagan posible el trabajo en los ciclos ya que, si no compartimos miras pedagógicas, el trabajo en grupo puede quedar en un puro espejismo. Y a partir de aquí añadiremos dos nuevas propuestas.
Por una parte sugerimos que, una vez que un ciclo ha establecido sus objetivos, los docentes individualmente deben disponer de la libertad suficiente como para alcanzarlos a través de diferentes rutas, según su personalidad educativa. En ocasiones se ha entendido el trabajo en equipo como una uniformidad militar la cual merma las posibilidades de avanzar. La necesidad de llegar a un consenso hasta en los más mínimos detalles se convierte en un lastre para la innovación.
Por otra parte, proponemos que el trabajo en grupo no quedé reducido a la opción única del ciclo y que, además de la anterior, se facilite que los docentes que así lo deseen puedan crear redes con colegas de otros centros, de otros estados europeos, o incluso discurrir individualmente.
A través de este texto manifestaremos fundamentalmente nuestra adhesión a un perfil del profesorado sustentado sobre tres pilares: compromiso, formación e investigación. Dicho de otra manera, compondremos en estas líneas nuestro Frankenstein ideal que será un profesional ilusionado con la tarea educativa del hoy para el mañana, con una elevada cualificación técnica en constante mejora y que persigue la excelencia en su trabajo, lo que incluye la investigación y la reflexión sobre su actividad. No proponemos una identidad única, simplemente que el perfil ahora trazado sea una opción posible para quienes lo pretendan.

Universidad y escuela

Es cierto que quizás los profesores de educación infantil y primaria no dispongamos de una tradición de reflexión sistemática y construcción científica. Pudiera ser que la formación inicial que recibimos no fuera suficiente, por ejemplo, para llevar a cabo felizmente la construcción curricular que promueve la normativa y en la que nosotros creemos. Tal vez existan demasiados compartimentos estancos, especialmente los que afectan a la escuela y a la universidad, tan extrañas la una de la otra, que pudieran haberse creado dos mundos casi paralelos: el teórico y el práctico. Superar dicha impermeabilidad resultaría beneficioso para ambas.
Sentimos que vivimos una época apasionante de la que deberíamos percibir sus potencialidades y ser capaces de llevarlas a la práctica. Los docentes tenemos acceso directo a la realidad, tenemos la opción de la investigación aplicada, de la reflexión sobre la práctica, de la puesta en marcha inmediata de nuestros proyectos en el contexto del aula y del centro escolar. El conocimiento psicopedagógico ha avanzado ágilmente en las últimas décadas y este hecho proporciona al profesorado cada vez más oportunidades de intervención.
Participamos de la idea de que nuestra labor profesional es compleja y rigurosa y merece un mayor reconocimiento social, una mejora en nuestro estatus. Entendemos que el prestigio que reivindicamos precisa de nuestra propia autoestima como profesores: debemos estar convencidos de que nuestro papel en esta sociedad es relevante y de que estamos técnicamente preparados para ejecutarlo eficazmente
Es posible que, en el medio ambiente del espacio europeo, estos sean precisamente algunos de los retos de futuro ante los que tendremos que responder los profesores de hoy.  Nunca hemos tenido tantas oportunidades de acometer tantos proyectos con tantas personas tan diferentes.  Nuestra ciudadanía europea y las nuevas tecnologías hacen absolutamente factible el trabajo en equipo con colegas de otros países. Mirar a Europa supone apasionarse profesionalmente al percibir las opciones que se ofrecen.
Tanto los retos como las posibilidades de prestigiar la profesión son múltiples. Por ello, y una vez que el docente ha proclamado su compromiso por la mejora, reivindicamos también que la autoridad educativa allane el camino a quienes están dispuestos a intentarlo.
Sabemos que hay razones para la desilusión. En ocasiones podría pensarse que la estructura educativa está diseñada para combatir sus propias finalidades. Parece, por ejemplo, que la inspección algunas veces está muy lejos de ser un elemento favorecedor del cambio y que se aproxima peligrosamente a la caricatura del guardián gris de la ortodoxia y la burocracia. Un agente lejano y contrarreformista  hambriento de unos documentos que nunca se molestará en contrastar con la  práctica, fomentando así un sistema de doble fondo en el que contamos con la realidad del papel y la realidad real.
Creemos que la autonomía de los centros tiene que venir acompañada de una exigencia de calidad y resultados. Si criticamos algunos de los modos de inspección educativa que hemos conocido es porque la consideramos  imprescindible para la mejora.

Las normas sirven a las finalidades

En ocasiones podemos tener la sensación de vivir en el mundo al revés y es lícito que nos surja el deseo infantil de decir que el rey va desnudo. Probablemente nadie se arriesga a negar abiertamente los grandes principios pero vemos cómo estos se van desactivando por acción o por omisión en su viaje hacia la realidad. Sentimos que quienes tendrían que animar en la mejora constante, en la práctica a veces parecen ejercer la resistencia al cambio. Reconocemos también que hay muchas personas que desde hace mucho tiempo están en el camino y aprendemos de ellas.
Frecuentemente es más fácil decir no, que decir sí. Lo importante es cumplir la norma a rajatabla e interpretarla de la manera más restrictiva posible porque esto ahorra muchos problemas. A veces imponemos férreamente la disciplina a nuestros alumnos y por inercia también al profesorado. La normativa no es un fin en sí mismo sino una herramienta para alcanzar los grandes propósitos educativos. No emplearla desde esta perspectiva la convertirá en la principal enemiga de los fines para los que fue creada.  Supondrá, dicho llanamente, mirar al dedo que señala el cielo.
Frente a la sensación de que la reforma ha fracasado en su intento sistematizador queremos reiterar nuestra confianza en la construcción a través de las herramientas y el lenguaje común del currículum. Creemos que es preciso practicar un urbanismo educativo que evite que las exitosas experiencias puntuales se conviertan en fuegos artificiales. Elaborar planos y levantar estructuras. Y luego perfeccionarlas. Restaurar constantemente cuanto es mejorable sin tener por ello que derrumbar toda la ciudad. No podemos empezar cada curso de cero ni tener el libro de texto como única opción.
También en las escuelas es posible hacer investigación y dar a conocer nuestras buenas prácticas. Elaborar conocimiento científico sabiendo de su provisionalidad y publicarlo deseando que sea cuestionado y enriquecido por nuevos trabajos de nuestros colegas, de tal manera que vayamos desbrozando el camino. La formación permanente puede aportarnos las técnicas de investigación y evaluación que precisamos.
Quisiéramos defender la conveniencia de la lectura de revistas especializadas, tanto divulgativas como de investigación; de los libros que van viendo la luz y nos iluminan el camino, de las actas de los diferentes congresos, de los informes técnicos de la Unión Europea, de las novedades legislativas y normativas estatales. Si prescindimos de ellos cortamos las conexiones con el mundo y nos condenamos a la soledad y al aislamiento.
Apostamos también por avanzar en el campo cada vez más apasionante de la evaluación educativa. Si sabemos qué hacemos y con qué objetivo, si averiguamos en qué medida hemos alcanzado nuestros propósitos, entonces estamos soslayando el riesgo de activismo y de perdernos en la noche. Tendríamos que haber recibido una mejor formación inicial sobre evaluación. No ocurrió así. Nuevamente deberemos echar mano de las inmensas oportunidades de la formación continua y seguir aprendiendo ininterrumpidamente en un mundo educativo vivo y apasionante.

¿Qué es trabajar en equipo?

Quisiéramos reflexionar sobre el significado del trabajo en equipo y aportar nuestras propuestas para el debate. Por una parte, es imprescindible compartir objetivos globales, horizontes, pero creemos que resulta contraproducente exigir una unanimidad opresiva. No hay por qué uniformizar los tiempos, las metodologías concretas, las actividades individuales. Hay que permitir la diversidad también entre el profesorado. Cada docente tiene su personalidad educativa y llegará a los distintos puertos según sus técnicas de pilotaje, utilizando diferentes corrientes. Todos navegamos en el mismo mar hacia el mismo destino pero no hay por qué hacerlo en el mismo barco.
Apostamos por trazar un terreno de juego que recoja las líneas maestras de las leyes y la identidad del centro educativo. En definitiva, un marco que dé coherencia al tiempo que ofrece a los profesionales un margen para desarrollar sus iniciativas, un espacio de libertad con límites que estimule más el avance prudente que la seguridad del libro de texto. A veces un trabajo en equipo mal entendido ha terminado por eliminar cualquier intento de innovación.
En nuestra opinión los equipos de ciclo de infantil y primaria necesitan asegurar unos mínimos, un currículum común, y promover la máxima coincidencia posible, pero no deben invalidar otras opciones de trabajo en grupo. Hoy en día resulta técnicamente sencillo crear redes con profesionales de otros centros o de los diferentes Estados de la Unión Europea. A través de estos contactos conoceremos cómo resuelven otros colegas problemas similares a los nuestros, cómo discurren, en qué dirección, y será así posible pensar juntos. Hay que mirar a Europa y solicitar a la administración educativa que facilite las cosas a aquellos profesores que, como centro o individualmente, estén dispuestos a hacerlo.
El sistema tendría que permitir la implicación de aquellos que se ofrecen para ir más allá de sus obligaciones, y todo ello sin perjudicar a quienes no desean embarcarse en aventuras tan exigentes. Entendemos que corresponde a la administración educativa estimular las mejoras, las buenas prácticas, fomentar una cultura profesional que premie a quien investiga, abrir caminos efectivos hacia Europa, crear oportunidades reales para los docentes más dispuestos. Quien se compromete con los preámbulos de las leyes educativas nunca debería estar sólo.

 

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