Familia y escuela contra el racismo
FETE-UGT presenta un estudio con las percepciones
y vivencias de inmigrantes adolescentes
El papel de socialización que tiene la escuela debe ser fundamental para combatir y prevenir actitudes racistas desde la adolescencia, según se revela en un estudio realizado por FETE-UGT con chicos de entre 12 y 18 años. Los entrevistados también destacan la labor de los padres para enseñar a sus hijos que todos los seres humanos son iguales, y rechazan todos los prejuicios, aunque sean positivos, porque generan expectativas irreales.
Los jóvenes inmigrantes valoran positivamente la interacción y el conocimiento de personas de diferentes procedencias, porque enriquece las propias percepciones y muestra otras formas de vida y cultura. (Foto: Rafael Martínez)

Madrid. G. ARIANES
La Federación de Trabajadores de la Enseñanza de UGT (FETE-UGT) ha presentado el estudio Racismo, adolescencia e inmigración. Imágenes y experiencia del racismo en adolescentes y jóvenes, realizado para este sindicato por un equipo del Centro ITER, integrado por profesores de la Universidad Complutense, la UNED y el CSIC. Su principal objetivo ha sido realizar “un análisis basado en la percepción de las propias personas afectadas por las formas sutiles o explícitas en que se manifiesta el racismo, así como sus implicaciones y consecuencias (discriminación, exclusión, violencia etc.)”.
Se trata de un estudio exploratorio que presenta las percepciones y vivencias que jóvenes y adolescentes, principalmente inmigrantes, tienen sobre las posibles experiencias de discriminación y racismo en su entorno inmediato. Y su finalidad última es “proporcionar información relevante a educadores y otros profesionales, para reconocer, comprender interpretar y manejar este tipo de situaciones. Para ello se han realizado entrevistas a jóvenes y grupos de jóvenes de entre 12 y 18 años de edad.
Según este estudio, la mayoría de los adolescentes de origen extranjero muestran un “vago conocimiento” sobre el motivo por el que sus padres han venido a España, aunque creen que es para buscar mejores condiciones de vida y ayudar a sus familiares en sus lugares de procedencia. Muchas de las dificultades que encuentran estos chicos en el proceso de adaptación al nuevo contexto vienen condicionadas por diferencias en cuanto a las formas de ser y vivir, y también por el aprendizaje de la lengua del país de acogida (en este caso España), “incluyendo las diferencias de uso entre países de habla castellana”. En cualquier caso, el proceso de aprendizaje del idioma suele realizarse de forma bastante fluida.
Destaca el papel que dan a la escuela como lugar de socialización, sobre todo en el caso de los chicos que llegan una vez iniciado el curso e inicialmente no se escolarizan, por lo que pasan bastante tiempo de aislamiento en casa. Para ellos, el momento de integrarse en un colegio es una oportunidad idónea para comenzar a relacionarse con otros jóvenes. Aunque a veces también encuentran dificultades de adaptación en el ámbito escolar, provocadas por las actitudes y comportamientos discriminatorios de los compañeros y, en ocasiones, por las de algunos profesores.

Procedencia

Se aprecia una tendencia bastante generalizada a agruparse por procedencia, quizás debida a las dificultades de integración y adaptación por parte de los demás, o también por presiones por parte del propio grupo para que no establezcan relaciones con españoles. En cualquier caso, la mayoría valoran “de forma muy positiva” la interacción y el conocimiento de personas de diferentes procedencias, ya que “enriquece las propias percepciones y favorece el conocimiento de diferentes formas de interpretar el mundo y de vivir”.
Desprecio, infravaloración, insultos, burlas, negar favores, faltas de educación, expresiones como “vete a tu país”, intimidación, acoso, amenazas y agresiones físicas, son los comportamientos que identifican como discriminatorios. Y en muchas ocasiones viven situaciones racistas desde las dos perspectivas: son víctimas como minoría y agresores hacia otras minorías, tanto en España como en sus países de origen. Es decir, muchos han sufrido situaciones racistas como víctimas, pero algunos reconocen haberse comportado de manera racista hacia otros, “consciente o inconscientemente”.
También parecen haber asumido “las mismas actitudes racistas y discriminatorias de la sociedad española hacia los gitanos, justificándolas de la misma manera que hacen los españoles”, lo que contradice los argumentos que emplean al hablar del racismo que sufren ellos mismos.
Muchos de estos adolescentes prefieren asistir a colegios en los que hay otros alumnos extranjeros, y también a colegios públicos antes que a los concertados, porque afirman encontrar mayores actitudes de rechazo en estos últimos.

Condiciones de trabajo

La mayoría de los entrevistados perciben que las condiciones de trabajo para los inmigrantes de determinada procedencia son más duras que para los españoles y para otros extranjeros, lo que influye en las expectativas de estos chicos sobre su propio futuro y oportunidades. Aunque muchos también reconocen “experiencias muy positivas” con personas de su entorno, compañeros y profesores. Y creen que valorar a las personas a partir de prejuicios es siempre negativo porque, aunque se trate de prejuicios positivos, “generan expectativas que no son realistas”. Además de la escuela, casi todos destacan que el papel de los padres es fundamental y ayuda a prevenir el racismo, “cuando enseñan a sus hijos que todos los seres humanos somos iguales”.
FETE-UGT está elaborando una guía de formación del profesorado sobre las cuestiones que revela este estudio, para ofrecer una “herramienta útil” que permita abrir un diálogo para que jóvenes de procedencia inmigrante y no inmigrante, padres, educadores y animadores sociales, puedan comprender las experiencias de racismo vividas por chicos de diversos orígenes y explicarlas en su contexto social. Y para que sean capaces de detectar y prevenir en sus entornos inmediatos las actitudes y comportamientos racistas, “empezando por reconocer las propias” y, a la vez, “tomar conciencia de los errores que se cometen, porque hemos aprendido inconscientemente desde pequeños a pensar y actuar de forma racista”.

 

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