Estudiosos y aventureros

El Museo Arqueológico Nacional reivindica el quehacer español
en el redescubrimiento del Oriente Próximo Antiguo

Sin cobertura estatal, con el escaso acondicionamiento que sus medios económicos les permitían, en una España alejada del concierto arqueológico internacional y con el impulso del estudio y la pasión: estas son las características del espléndido relato que un grupo de españoles realizaron a lo largo de 8 siglos en Oriente y que estos días nos narra el Museo Arqueológico Nacional.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
“Echó a andar a las cinco de la mañana toda la caravana, compuesta de cuarenta camellos, sesenta hombres y tres mujeres. Es de notar que jamás he viajado con musulmanes, ya sea por mar ya por tierra, que no haya encontrado mujeres; verdad es que entonces la circunspección prescrita por la religión respecto a ellas, hace que se las mire como fantasmas  animadas o como fardos puestos sobre un

camello o un rincón de la casa (...) A la una de la tarde caminábamos a través del desierto, expuestos a un sol ardiente y a un viento seco y abrasador, en dirección exacta del E., por una inmensa llanura, donde no se ve un solo ser organizado, animal o vegetal, y sobre terreno tan pronto de arena fina movediza como de arena gorda”. Son palabras del español Domingo Badía y Leblich (“Alí Bey”), primer europeo que, a comienzos del siglo XIX, llegó a la ciudad sagrada de La Meca después de la implantación del Islam en el siglo VII. Son parte de su apasionante documento Viajes por Arabia, Palestina, Siria y Turquía, y uno de los raros extraordinarios que el Museo Arqueológico Nacional reivindica en su muestra La aventura española en Oriente (1166-2006) como aportaciones señeras de viajeros, museos y estudiosos en la historia del redescubrimiento del Oriente Próximo Antiguo.

Desconocimiento social

“Hay un desinterés social en Oriente Próximo que contrasta con el atractivo que ejerce, por ejemplo, Egipto –afirmaba en su presentación el comisario Joaquín María Córdoba-  Quizás sea porque carezcamos de importantes colecciones de esta zona histórica ya que España estuvo ausente en la exploración arqueológica de las ciudades asirias a mediados del siglo XIX. Frente a esta circunstancia siempre han existido personajes deseosos de conocer y estudiar esta geografía y su historia.”
Son precisamente esos personajes los que –coincidiendo con la celebración por vez primera en nuestro país del prestigioso  International Congress on the Archaelogy of the Ancient Near East- ahora recupera, entre el homenaje y la divulgación, esta exposición de viajeros, museos y estudiosos españoles en la historia del redescubrimiento del Oriente Próximo Antiguo. Una visión panorámica del conjunto de aciertos que en distintas épocas han ido construyendo esa aportación a veces rechazada e ignorada en el contexto de Europa en un relato construido por el profesor titular del Departamento de Historia Antigua de la Universidad Autónoma de Madrid, Joaquín María Córdoba, y por la conservadora jefe del Departamento de Egipto y Próximo Oriente del Museo Arqueológico Nacional, Carmen Pérez Die, a través de tres grandes secciones: Viajes y viajeros españoles a Oriente”, “Museos, colecciones y eruditos” y “De los pioneros olvidados a la investigación moderna”.

Un clásico medieval

El manuscrito que Benjamín de Tudela nos legó acerca de su extraordinario viaje camino de Oriente realizado en 1166, navegando quizás en naves genovesas, venecianas o bizantinas, y por el que conoció la Palestina de los francos, la Siria musulmana hasta internarse en el corazón de Oriente hasta Bagdad, las ruinas de Babilonia y la supuesta Torre de Babel, es el inicio con el que comienza el despliegue sorprendente de las más de 200 piezas que documenta esa presencia permanente de estudiosos y viajeros que como también Ruy González de Clavijo, Pedro Páez, García de Silva, Federico Gravina o Adolfo Rivadenayra fueron desvelando a nuestra sociedad la historia de lugares de resonancia tan extrema como Babilonia, Nínive o Persépolis. Sus manuscritos –entre los que está la que es la primera descripción de la Meca de la historia, llevada a cabo por Domingo Badía y Leblich- dan soporte a esa otra sección dedicada al trabajo realizado desde las instituciones  para recoger documentalmente el perfil de Oriente próximo. Son resúmenes de colecciones como la de la Real Academia de la Historia, el Museo Arqueológico Nacional y el Museo Bíblico de la Abadía de Montserrat.
“No hemos participado en el expolio que hicieron otras potencias -afirmaban los comisarios en la presentación- pero poco a poco hemos podido hacer una colección excelente en el terreno divulgativo que ha sido –y esto es un orgullo para nuestro país- fruto del intercambio patrimonial con otros estados, muy en concreto, con el Museo de Bagdad”.
La aventura  de investigación y excavación frustrada de los españoles en Oriente a lo largo del siglo XIX ocupa el último tramo en el que se recuerda la gesta de Francisco García Ayuso, Adolfo Rivadeneyra, Ubach, Pereyra, Peñuela y Garrido, a la vez que se hace eco de la realidad de la presencia arqueológica contemporánea de España en Oriente, iniciada en los años setenta del siglo XX y que continúa en la actualidad, sobre todo, en yacimientos de Siria, Jordania y los Emiratos Árabes.

 

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