Quijote iluminado

La Biblioteca Nacional divulga el rigor y la belleza de la edición realizada por la Real Academia Española en 1780

Vindicado por los académicos de la España del Siglo XVIII como el principal soporte sobre el que aplicar el ideario cultural de la Ilustración, El Quijote de la RAE es esa suma de arte, estudio y amor a la verdad que sólo en contadas situaciones históricas es dable llevar a cabo: la edición comentada de sus imágenes por la Biblioteca Nacional es un rendido homenaje.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
En el apartado XIV del prólogo de la Real Academia a la edición de El ingenioso hidalgo don Quixote de la Mancha realizado por don Joaquín Ibarra, impresor de cámara de S.M. y de la Real Academia, en 1780, se aclaraba que “Aunque el principal cuidado de la Academia ha sido dar al Publico un texto del Quixote puro y correcto, ha procurado también, que lo material de la impresión y sus adornos se hiciesen con todo primor y magnificiencia posible, y que todo lo necesario  para  ella se trabajase dentro de  Es-

paña, y por artífices españoles” y que “Pudieran haberse omitido las estampas, cabeceras y remates, sin que por eso faltase ninguna cosa esencial á la Obra. Pero la Academia, sin detenerse en los crecidos gastos que era necesario hacer, ha querido que no faltasen tampoco estos adornos, en obsequio del Público”: Intenciones y direcciones de un muy confeccionado plan intelectual y artístico de hacer un Quijote seriamente cuidado en su composición formal y hermosa y didácticamente sostenido en su expresión pictórica. Con el mejor papel, letrería, el mejor impresor, los mejores dibujantes y grabadores, en el ámbito de la Academia y con el ardoroso beneplácito del rey Carlos III,
El Quijote de la Academia, una de las empresas más importantes de la edición española del Siglo de las Luces y un modelo de trabajo excepcional que entregó a los lectores el esplendor cervantino en el digno soporte material merecido.

Broche de oro

Cuando ya se apagan los focos sobre el IV Centenario de la publicación del Quijote, el extraordinario volumen preparado por la Biblioteca Nacional sobre el Quijote de la Academia viene a configurarse como ese broche de oro que, lejos de redundar, culmina el reconocimiento social. De la palabra a la imagen: el Quijote de la Academia de 1780, bajo edición de Elena Santiago Páez y con la colaboración de la Real Academia Española, la Biblioteca de Catalunya y The Hispanic Society of America, recoge el largo y complejo proceso que supuso la ilustración del Quijote de Cervantes a finales del siglo XVIII, mostrando por primera vez juntas todas las planchas, grabados y dibujos de la edición original. Cuatrocientas páginas que abordan en los estudios Entornos de 1780 (Emilio Lledó), El proceso de ilustración del Quijote de la Academia (Elena Santiago Páez), Los dibujos de José del Castillo (Elena Santiago Páez), Los dibujos de Antonio Carnicero: proceso de trabajo e ilustración (Patrick Lenaghan), Grabar el “Quijote”. La multiplicación de la imagen (Javier Blas y José Manuel Matilla), El legado de Adolfo de Castro (Rosa Arbolí y Elvira Fernández del Pozo) y La Colección cervantina de la Biblioteca de Catalunya. El legado Bonsoms y los dibujos para la edición de la Academia (Joana Escobedo), aquellos aspectos que facilitan el acercamiento al momento creativo e intelectual en que se urdió el Quijote de la Academia y al modo en que el proyecto fue dirigido, desde el que se accede al segundo apartado del volumen dedicado a La creación de las imágenes. Catálogo, donde se reproducen 156 obras, setenta y ocho dibujos, treinta y ocho planchas de cobre y cuarenta estampas.

Pasión de leer

“El Quijote de la Academia fue un libro excepcional –afirma Emilio Lledó-. Reúne la memoria de lo que significa la democracia: es una expresión de la pasión intelectual que, en esos años, los académicos tuvieron por transmitir los ideales de la Ilustración. La Ilustración era comunicación y la forma de expandir la obra de Cervantes era ilustrándola. Los académicos querían que entrase por los ojos la pasión de leer el texto.”
Con estas palabras, el filósofo español, situaba en la presentación del volumen De la palabra a la imagen el extraordinario significado que esta obra acumula no sólo para nuestra historia cultural sino, y sobre todo, para lo que fue la transformación del modo en que la autoridad intelectual se aproxima al ser social. Una nueva forma de establecer puentes que este trabajo de coordinación de la investigación y edición de Elena de Santiago deja en evidencia mayor al recoger los comentarios que los académicos van dando a los dibujantes para realizar sus ilustraciones, en las reflexiones que de forma amorosa traducen aquellas situaciones en que Quijote, Sancho, sus aliados o enemigos, hacen, dicen... “Se figurará un campo espacioso por el qual ira Dn.Quixote a caballo sobre Rocinante y armado con toda su armadura, lanzón y adarga o rodela (...) Al lado de Dn. Quix. ira Sancho sobre su jumento, el qual irá aparejado con albardón, y a las ancas se le pondrán unas alforjas y unas botas x polainas. A sancho se le pintará gordo, chico de cuerpo, barrigón, corto de talle y las zancas largas. Su trage, gaván, calzón ancho de fuelle y polainas y montera. A Rocinante muy flaco y largo y pobre de crin y cola. Sancho y Dn. Quixote van en conversación y en los semblantes se les ha de conocer que van hablando con gusto, el horizonte se dexara ver el sol como quando esta naciendo o lo acaba de nacer”. Es el sentimiento del ilustrado que dibuja ya en sus instrucciones la futura imagen del pintor. Es el espíritu de una época en que se fraguó el nuevo quehacer intelectual de esta nación.

 

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