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Una iniciativa necesaria

La reciente firma de un acuerdo entre la Administración y los sindicatos docentes para desarrollar un plan de convivencia en las aulas es una de las iniciativas más destacadas que se han producido en los últimos tiempos en el mundo de la enseñanza. Hasta la fecha los responsables educativos se habían limitado a “mirar para otro lado” cuando se sacaba el tema del deterioro del clima de convivencia en las aulas o el auge de las situaciones conflictivas. Al menos este Gobierno ha dado la cara reconcomiendo que el problema existe y que es cada vez más preocupante.
No se trata de crear alarma social, como se ha generado a través de determinados medios de comunicación, interesados en deteriorar cada vez más la imagen de la escuela pública en favor de los intereses del sector privado; pero si es cierto que los adolescente de hoy –no todos, claro está- constituyen un colectivo muy complicado, cuyo comportamiento genera muchas veces tensión, estrés y un sinfín de síntomas negativos entre el profesorado.
Un aspecto que destaca de este acuerdo es que al mismo se ha adherido la Confederación Española de Asociaciones de Padre de Alumnos (CEAPA). En mi opinión, el problema de la convivencia nace en el propio seno de la familia, acostumbrada desde hace años a que los institutos sean un “aparcamiento” de alumnos. Muchos padres “pasan” de la labor de educar, no tienen tiempo, su trabajo, su dura jornada laboral, se lo impide; prefieren que esa responsabilidad recaiga en el profesorado. Pero el problema es que el profesor no puede hacer de “canguro” ni de “niñera”, no sólo porque esa no es su función, sino porque no está formado ni contratado para ello, y además, ni los padres ni la Administración le han dado ninguna autoridad. Literalmente, “está indefenso” y sólo.
La sociedad han cambiado radicalmente en muy poco tiempo y eso significa que la escuela también tiene que hacerlo. Estamos viviendo un momento de profunda inflexión en el que debe definirse el papel docente dentro de un nuevo sistema educativo. Los jóvenes de hoy no parecen muy dispuestos a acatar ningún tipo de tutela –salvo la económica- y no olvidemos que si los padres han perdido la autoridad sobre sus hijos, a los docentes, gracias a la denominada Sociedad de la información”, también les ha a abandonado la potestad del conocimiento.

Javier Martínez
Madrid

 
     
   

Convivencia en las aulas

Los profesores venimos observando en los últimos años el deterioro de la convivencia en los centros y nos sentimos impotentes, al carecer de las herramientas necesarias para atajar este grave problema que afecta al proceso de enseñanza/aprendizaje. Los episodios de agresión física y psicológica en las aulas ya no se producen esporádicamente, sino que cada vez son más habituales, sobre todo en la Educación Secundaria.
Al parecer, algunas comunidades autónomas apuestan por diseñar un plan de convivencia e incluirlo en los proyectos educativos de los centros y el MEC, por su parte, pretende poner en marcha un conjunto de actuaciones para armonizar las relaciones entre los alumnos y con el profesorado.
En mi opinión, estas iniciativas pueden complementarse, pero también es fundamental recabar la colaboración de las familias, que deben tener un papel activo en la comunidad educativa.
De igual modo, el intercambio de experiencias puede resultar provechoso para lograr nuestro objetivo, además de compartir los materiales y recursos que los profesores, las comunidades autónomas y otras instituciones han elaborado.
Me han comentado que entre las propuestas figura la creación del Observatorio Estatal de la convivencia escolar y de prevención de conflictos, así como el diseño de una página web que proporcione información y asesoramiento. Asimismo, me parece interesante organizar un programa de control de la asistencia y comunicación a las familias e introducir materiales para la práctica de la mediación y otras alternativas a los expedientes sancionadores.
Los docentes estamos convencidos de que aprender a convivir constituye una de las finalidades prioritarias de la formación que debemos transmitir a nuestros jóvenes.
Desde nuestra impotencia, reclamamos a las administraciones educativas que arbitren medidas y recursos que nos ayuden a solucionar estos lamentables conflictos.

Pedro José López Soria
Madrid.

 
       
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