Celebración de Rembrandt

La Biblioteca Nacional exhibe en La luz de la sombra el esplendor y la sabiduría de los trabajos en grabado del artista holandés

En el cuarto centenario de su nacimiento, entre homenajes internacionales que le recuerdan, celebran y divulgan, en el medio austero y fértil de la Biblioteca Nacional de España y con el sorprendente acierto de volver a asombrar: así se despliega ante nosotros el Rembrandt que hizo del grabado el espejo de su humanidad.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
“No es fácil mirar las estampas antiguas –afirma Elena Santiago Páez-. Son, en general, de tamaño pequeño y en blanco y  negro. Hay  que acercarse mucho para ver-

las bien y, para que revelen todo lo que tienen dentro, es necesario dedicar tiempo y mucha atención a cada una. No es suficiente pasar la vista rápidamente por su superficie para reconocer el tema que representan, admirar sus finos trazos y el cuidado con que están plasmados los detalles más minúsculos. Las estampas son exigentes con el espectador y no se abren fácilmente pero, cuando lo hacen, pueden proporcionarle tanto o más placer estético e intelectual que cualquier obra de las consideradas artes mayores, como las pinturas, que juegan con la ventaja del tamaño y del color. Y no hay mejor ejemplo que las estampas de Rembrandt para comprobar todo lo que el arte del grabado, un Arte con mayúsculas, puede dar de sí.”
Estas palabras de la estudiosa que, junto a Gisèle Lambert, ha seleccionado y organizado el contenido de la muestra La luz de la sombra sitúan con claridad el tipo de encuentro que espera al visitante de la Biblioteca Nacional: en el tono de la rareza y en el culmen de la expresividad. Rembrandt asombroso, entre el misterio y la creatividad.

Artista de excepción

A partir de una iniciativa de la Fundació Caixa Catalunya, las Bibliotecas nacionales de España y Francia han querido sumarse a los homenajes, que ya se están empezando a celebrar en todo el mundo con motivo del IV centenario del nacimiento de Rembrandt van Rijn, mostrando una selección de ciento cuarenta estampas procedentes de sus respectivas colecciones. Obras maestras de su producción en grabado que en escasísimas ocasiones han sido anteriormente mostradas al público y que validan otra vez a Rembrandt como uno de los más grandes grabadores de todos los tiempos y autor de temática singular: “Rembrandt es diferente a todos los artistas de su época y a los de casi todas las épocas –resume la directora de la Biblioteca Nacional, Rosa Regás-. Tiene un mundo propio y, al mismo tiempo, está inserto en la sociedad que le rodea. A través de sus autorretratos y de los retratos de familia podemos reconstruir su biografía, mientras que sus estampas religiosas traslucen su manera de entender e interpretar la Biblia, de las que extrae siempre el lado más humano acercando la divinidad al hombre; en sus estampas de paisajes reconoceremos a uno de los mejores artistas de este género, de una exquisita sensibilidad y, a través de los retratos de predicadores, ricos amantes del arte, comerciantes, funcionarios públicos y profesionales liberales se verá reflejada la sociedad holandesa de su tiempo.”

Lupas y audioguías

Noventa y tres obras, representadas en un total de ciento cuarenta estampas, un libro y dos planchas, es el contenido que en sucesivas salas se despliega ante un visitante que cuenta en casi todas las obras con la posibilidad de uso de una lupa y el apoyo documental del audioguía. Unos aspectos estos que subrayan el interés didáctico y de acercamiento real al trabajo de Rembrandt que ha marcado el trabajo de las dos comisarias y que se completa con la exhibición, en muchos casos, de todo el proceso de creación de una imagen, a través de las pruebas que el artista iba estampando para comprobar el estado de su trabajo sobre la plancha.
Es así como es posible entender los avances expresivos de este creador, sus búsquedas, retrocesos o logros; entrar en la esfera de su intimidad y extraer sorprendentemente el hilo de su creatividad: de cómo insiste en trabajar zonas de una imagen a través de las rayas y de cómo deja espacios en sombra, casi sin elaborar. O, en otros casos, cómo gustaba de probar efectos de una misma plancha en los distintos soportes de papel china, japón, pergamino o sobre papel europeo. Un privilegio que nos acerca aún más a ese autor que dibujaba directamente sobre las planchas, a menudo sin boceto previo, sometiendo el original a muchos retoques con la punta seca y el buril, que variaba las tintas y los papeles de las pruebas hasta que obtenía los mejores efectos de luz, de espacio y en el tratamiento de la imagen, con objeto de ahondar en su significación simbólica.

 

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