Tientos y silencios

La Residencia de Estudiantes recupera en el centenario de su nacimiento la figura singular del músico e intelectual Jesús Bal y Gay

Como él mismo hiciera con elementos extraordinarios de la música sin difundir, el homenaje que hoy cierra su periplo en Madrid recupera, en su dimensión global, a
un músico, musicólogo e intelectual humanista que entroncó en su hacer el retraído mundo del folklore gallego y el cosmopolitismo de la Edad de Plata. Su vida y su obra se vuelven a situar así en el fruto inusual que esa etapa dio al pensamiento y a la cultura.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
Jesús Bal y Gay, miembro de esa generación de españoles que vieron truncadas sus vidas por la guerra civil, músico, musicólogo e intelectual lucense, concreto valor de la mejor época cultural española del Siglo XX: “La música vivió y fue

De izquierda a derecha, Carmen
de Falla (hermana
de Manuel), Rosita García Ascot,
Manuel de Falla
y Jesús Bal y Gay. Septiembre
de 1935.

vivida en la Residencia de todos los modos posibles: conciertos públicos, conciertos privados, conferencias, reuniones de aficionados –ya en el salón en torno al piano, ya en el cuarto de algunos de nosotros, ante el gramófono- y publicaciones. No se la cultivó allí como elemento más o menos ornamental, sino como elemento estructural de todo un sistema educativo que, al igual que en los demás planos de la cultura, trascendía los límites institucionales. Buena parte de lo hecho por la Residencia en este terreno llenó lagunas que los organismos especializados, a los que plenamente correspondía impulsar la vida musical española, iban dejando por timidez, desidia o falta de imaginación” (Jesús Bal y Gay: “La música en la Residencia”, México 1963).
Memoria de una institución: memoria de una significativa presencia.

Verdad cultural

El espíritu que la Residencia imprimió a todos sus estudiantes está latente en este resumen vital y creativo que, con el título Tientos y silencios, presenta en sus salas de exposiciones temporales la institución madrileña, tras su paso por Lugo y Santiago de Compostela. Una muestra-homenaje que trae a nuestra actualidad el tono y el ritmo de una melodía raramente oída, la del extraordinario maestro que siempre quiere seguir aprendiendo; la del que, en la lejanía de la provincia, la brillantez del mundo y la desasistida ausencia construye, sin esperar premio, una excelente carrera de estudio, análisis y creación: Jesús Bal y Gay, símbolo y significado de una forma de estar en la cultura que hoy -en este recuento conmemorativo de su vida y obra organizado por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, la Xunta de Galicia, la Universidad de Santiago de Compostela, la Residencia de Estudiantes y Lugo Cultural- tiene casi el valor de una proclama a nuestra sociedad: éxito no es sinónimo de rigor, ni de sabiduría, originalidad o esfuerzo; el amor a la verdad cultural es el único camino a transitar. Esencia de una exposición y lema de una trayectoria vital y profesional espléndida.

España y transtierro

Libros, revistas, pinturas, fotografías y documentos procedentes del archivo de Jesús Bal y Gay y de su mujer, la pianista Rosa García Ascot, los fondos del Museo de Pontevedra, del Archivo Municipal de A Coruña, del Museo Provincial de Lugo, del Círculo das Artes de Lugo, de la Fundación Luis Seoane, del museo Galego de Arte Contemporánea Carlos Maside y de la propia Residencia de Estudiantes dan cuerpo a este Tientos y silencios en el que, siguiendo un orden cronológico, se accede a las distintas etapas de este miembro notable de la España cultural, de la mano contundente del comisario Carlos Villanueva.
Desde su niñez y juventud en Lugo, donde Bal inició sus estudios musicales y entabló contacto con el grupo de la revista Ronsel –en cuya editorial publicó Hacia el ballet gallego (1924), ensayo que supuso su lanzamiento a la vida literaria profesional-; su relación con Manuel de Falla, primero en la distancia y luego más próxima y personal, a partir del matrimonio de Bal con la discípula de Falla, Rosita García Ascot, en 1933; su amistad con el núcleo intelectual madrileño del entorno de la Residencia de Estudiantes, donde Bal vivió entre 1925 y 1933 y de la que fue un activo colaborador; su estrecha vinculación, a partir de 1927, con el Seminario de Estudios Gallegos y con los jóvenes intelectuales y artistas en torno a él reunidos; sus colaboraciones en prensa, principalmente desde las páginas de El pueblo Gallego de Vigo; su estancia en Cambridge, entre 1935 y 1938, como lector de español; sus veintisiete años de exilio en México, en los que desarrolló una prolífica y poco conocida labor como musicólogo, ensayista, colaborador en prensa y compositor, entre muchas otras actividades, que le convirtieron en referente de la vida musical mexicana y hasta su regreso a España en 1965 donde, tras una primera etapa de éxitos y el estreno de algunas de sus obras, fue, exceptuando algún reconocimiento u homenaje puntual, cayendo paulatinamente en el olvido y el silencio. El silencio que hoy rompe significativamente este trabajo conjunto que hasta mayo exhibe en Madrid su Residencia.

 

arriba