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noticias
sobre hechos de acoso, intimidación, agresividad y violencia, algunos
de ellos de notoria gravedad que están relacionadas con los adolescentes
y jóvenes, y que en no pocos casos se producen en el entorno escolar o
relacionados con la escuela, lo que está creando una lógica preocupación
social por el deterioro de la convivencia social, en las familias y en
las escuelas.
Conviene situar
el problema en sus justos términos. Se habla con excesiva frecuencia de
violencia en las aulas y sería injusto generalizar y afirmar que nuestras
escuelas y nuestros jóvenes son violentos. Es opinión generalizada de
la comunidad educativa –profesores, familias y los mismos alumnos- que
los problemas de convivencia están dañando la vida de los centros, impidiendo
el aprovechamiento académico y deteriorando la imagen de la función de
educación que cumple y debe cumplir la escuela.
Hace
ya mucho tiempo que los profesores vienen denunciando, con creciente preocupación
y escaso éxito de audiencia, el deterioro progresivo de la actitud y comportamiento
de nuestros jóvenes en las aulas, hasta el punto que, en muchos casos,
es literalmente imposible desarrollar la labor que corresponde a un profesor.
Todas las encuestas realizadas entre el profesorado indican que la falta
de interés y el deterioro de las más elementales normas de comportamiento
y de respeto es la mayor dificultad con la que se encuentran para poder
desempeñar su labor.
Conviene
no perder la perspectiva global de lo ocurrido en los últimos tiempos
en la educación en España: democratización del sistema educativo y escolarización
universal, generalización de la educación obligatoria hasta los dieciséis
años, y finalmente la preocupación por la calidad del sistema, por su
funcionamiento y por sus resultados.
En muy pocos
años se ha realizado un importante recorrido, que nos ha permitido corregir
un retraso histórico de más de cincuenta años, y situar la educación de
éste país entre los primeros del mundo occidental. Se ha producido un
gran cambio social, se ha democratizado la escuela y otros muchos ámbitos
de la sociedad y, sin embargo, observamos que hay cosas que no funcionan
como esperábamos.
Pérdida
de autoridad
La
pérdida de autoridad referencial, y por tanto la pérdida de autoridad
en general, es patente y tiene su reflejo en la vida cotidiana de los
centros.
Para FETE-UGT
la preocupación por la convivencia escolar y sus posibles actuaciones
deben abordarse desde distintas instancias, partiendo desde la misma Ley
y pasando por la Administración educativa correspondiente y por los centros
educativos, con toda su comunidad implicada. Pero no será suficiente esto
si no hay una reacción en la sociedad y si no se produce un cambio de
actitud hacia la escuela y hacia la misión tan trascendente que tiene
encomendada.
Los medios
de comunicación, las autopistas de la información, los avances electrónicos,
la posibilidad de comunicación de audio-video en tiempo real y por encima
de las barreras geográficas, han supuesto un cambio en las formas de relación,
en la interacción entre los jóvenes y el mundo. Un agente fundamental
en la conformación de actitudes y pautas de comportamiento lo constituyen
los medios de comunicación.
Entre la mucha
información a la que se tienen acceso, e incluso que se recibe sin solicitarla,
se encuentra un verdadero bombardeo de continuos mensajes donde se produce
una preocupante inversión de valores a la que todos asistimos con más
o menos resignación, con más o menos indiferencia o con más o menos irresponsabilidad.
De alguna manera, se está cubriendo el hueco dejado por los “antiguos
valores” por “otros valores” de una manera no sistemática y sin control
por parte de las familias ni de la escuela.
Escuela
autoritaria y escuela democrática
En
cuanto a la escuela se ha producido un paso de la escuela autoritaria
a la escuela democrática a partir de dos principios: gestión democrática
y participación de los distintos sectores.
Mientras que
la escuela autoritaria respondía a un modelo complejo y asentado en distintos
ámbitos de la sociedad, para la escuela democrática no había un modelo
sino que debía irse experimentando. La cascada de valores, normas, presiones
del autoritarismo no encontraron su correlato de valores democráticos
y se dejó desprotegido al nuevo sistema. Se pasó de un modelo de escuela
a otro, pero el segundo, el democrático, no se ha trabajado, cuidado,
exigido responsabilidad, formación, etc. Parece como si se considerase
que el funcionamiento democrático viene de suyo y no requiere de educación.
La consecuencia ha sido el deterioro del sistema de convivencia por la
aparición de actitudes individualistas exageradas y sin control.
De mayor importancia
en nuestra reciente historia ha sido el derecho y el acceso a un puesto
escolar. La motivación de los alumnos de una enseñanza selectiva y discriminatoria
derivada de la ley de 1970 contrastó con la desmotivación de aquellos
alumnos que se sienten obligados a continuar en un sistema que no les
resulta atractivo, fenómeno que ha ido en aumento y define en estos años
a un grupo muy concreto de jóvenes estudiantes, los objetores escolares,
lo que ha llevado a una progresiva acumulación de alumnos en los centros
para los que no había respuesta y que, en cambio, debían seguir en el
centro hasta cumplir la edad prevista en la ley.
A esto hay
que añadir que el profesor ha tenido que atender a grupos muy heterogéneos
y numerosos y debía hacerlo con las adaptaciones curriculares que fueran
necesarias.
La ordenación
académica, los tiempos escolares, los horarios de profesores y alumnos
están estructurados agotando el total del horario escolar para las correspondientes
asignaturas, para la instrucción en las distintas materias. El esquema
organizativo de los centros no permite una verdadera atención y dedicación
a la educación para la ciudadanía. La aparición de los departamentos de
orientación y la inclusión de algún perfil introducido tímidamente en
los centros, tales como el trabador social, han venido a mejorar esta
situación, aunque de manera insuficiente. Disponemos de una estructura
orgánica de los años 60 apara afrontar unos objetivos formativos ya en
el S.XXI, y uno de los aspectos que más se resiente es el de la convivencia
escolar.
Los mecanismos
y herramientas disponibles en los centros para corregir las actitudes
negativas son insuficientes para gestionar la convivencia satisfactoriamente.
Es necesario disponer en los centros de personal específico y formado
adecuadamente en la resolución de conflictos y en la gestión de la convivencia.
Otros
alumnos
En
este tiempo, han cambiado muchos aspectos de la intrahistoria de la educación,
que se ha visto superada o desbordada en algunos aspectos por las nuevas
tecnologías de la información y de la comunicación. Son otros los alumnos,
es otra la generación de padres y madres, es otra la sociedad y es otra
la forma de relacionarse con la escuela.
En este proceso
se han acumulado en los centros los problemas de fracaso, de absentismo
y de degradación de la convivencia, que van interrelacionados. Ello ha tenido una especial repercusión en los medios de comunicación
y ha venido a mostrar a la sociedad en general y especialmente a los padres,
la imagen de una escuela conflictiva y poco segura. La escuela ha dejado
de ser esa isla protegida.
La irrupción
de las nuevas tecnologías en todos los órdenes sociales está cambiando
la manera con la que los jóvenes interiorizan el enorme caudal de información
que les llega por distintos caminos y a través de distintas pantallas
(TV, ordenador, videos, móviles, etc. La escuela tiene que reaccionar
a esta nueva situación modificando contenidos, adecuando las metodologías
de aula, esforzándose en la actualización de la formación del profesorado
y utilizando las nuevas tecnologías con suficiente agilidad.
El esfuerzo del profesorado para asumir y adaptarse a los grandes cambios que
en muy poco tiempo ha experimentado el sistema educativo ha producido,
en no pocos casos, síntomas de agotamiento.
La ausencia
de una formación permanente debidamente articulada, de actualización de
metodologías, de formación en el uso de nuevas tecnologías, de unos conocimientos
básicos de la psicología infantil y del adolescente, incide una vez más
en ese cierto sentimiento de impotencia que siente el profesorado para
afrontar los nuevos retos educativos y desempeñar su labor con eficacia
y satisfacción profesional.
Por todo ello,
es necesario un debate sobre los objetivos educativos que la sociedad
encomienda a la escuela y los medios que pone a su disposición para conseguirlos,
un debate que defina claramente qué es lo que la sociedad espera de la
escuela, qué tareas corresponden a la escuela y cuáles corresponden a
otras instituciones o servicios sociales.
Propuesta
del MEC
En
plena negociación del Plan de convivencia del MEC, recogido en el acuerdo
de 20 de octubre de 2005, desde FETE-UGT valoramos la propuesta inicial
presentada en la mesa sectorial, y consideramos que el documento debe
completarse en el ámbito de la prevención y de la intervención con diferentes
acciones y propuestas entre otras: Realizar una adecuada y proporcionada
distribución del alumnado y de los recursos entre todos los centros sostenidos
con fondos públicos; agilizar los procesos de evaluación y sanción de
las alteraciones de la convivencia en los centros; formación tanto para
el personal del centro como para padres, madres y alumnos; incrementar
el horario lectivo dedicado a la acción tutorial; crear la figura del
“coordinador de convivencia”; incorporar nuevos perfiles profesionales
-como el del educador social- que den respuesta a las nuevas demandas
sociales, que deben estar encaminados a la relación con las familias,
corrección de conductas y formación de los profesionales.
Por otra parte,
en los centros donde se supere el 25% de alumnado de diversidad cultural,
étnica, etc... es urgente establecer un plan de choque que comprenda,
entre otras, la disminución de las ratios que posibilite una atención
individualizada, apoyo con recursos humanos y materiales conforme a las
necesidades de los centros, adaptaciones curriculares adecuadas al interés
del alumnado.
FETE-UGT considera
imprescindible que este Plan de convivencia que se establezca en los centros
escolares venga acompañado de la financiación suficiente, que permita
su puesta en marcha en todos los centros sostenidos con fondos públicos
con las garantías necesarias, incorporándola a la memoria económica de
la LOE.
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