El autor del presente artículo, el secretario general de FETE-UGT, reflexiona sobre las diversas causas que han llevado al deterioro del clima de convivencia en las aulas que se está produciendo en los últimos tiempos. Para afrontar el problema, cree necesario un debate sobre los objetivos educativos que la sociedad encomienda a la escuela y los medios que pone a su disposición para conseguirlos, “un debate –dice- que defina claramente qué es lo que la sociedad espera de la escuela”.

La convivencia en los centros escolares. Una apuesta educativa

Carlos López Cortiñas
Secretario general de FETE-UGT

ADA  vez son más frecuentes las

noticias sobre hechos de acoso, intimidación, agresividad y violencia, algunos de ellos de notoria gravedad que están relacionadas con los adolescentes y jóvenes, y que en no pocos casos se producen en el entorno escolar o relacionados con la escuela,  lo que está creando una lógica preocupación social por el deterioro de la convivencia social, en las familias y en las escuelas.
Conviene situar el problema en sus justos términos. Se habla con excesiva frecuencia de violencia en las aulas y sería injusto generalizar y afirmar que nuestras escuelas y nuestros jóvenes son violentos. Es opinión generalizada de la comunidad educativa –profesores, familias y los mismos alumnos- que los problemas de convivencia están dañando la vida de los centros, impidiendo el aprovechamiento académico y deteriorando la imagen de la función de educación que cumple y debe cumplir la escuela.
Hace ya mucho tiempo que los profesores vienen denunciando, con creciente preocupación y escaso éxito de audiencia, el deterioro progresivo de la actitud y comportamiento de nuestros jóvenes en las aulas, hasta el punto que, en muchos casos, es literalmente imposible desarrollar la labor que corresponde a un profesor. Todas las encuestas realizadas entre el profesorado indican que la falta de interés y el deterioro de las más elementales normas de comportamiento y de respeto es la mayor dificultad con la que se encuentran para poder desempeñar su labor.
Conviene no perder la perspectiva global de lo ocurrido en los últimos tiempos en la educación en España: democratización del sistema educativo y escolarización universal, generalización de la educación obligatoria hasta los dieciséis años,  y finalmente la preocupación por la calidad del sistema, por su funcionamiento y por sus resultados.
En muy pocos años se ha realizado un importante recorrido, que nos ha permitido corregir un retraso histórico de más de cincuenta años, y situar la educación de éste país entre los primeros del mundo occidental. Se ha producido un gran cambio social, se ha democratizado la escuela  y otros muchos ámbitos de la sociedad y, sin embargo, observamos que hay cosas que no funcionan como esperábamos.

Pérdida de autoridad

La pérdida de autoridad referencial, y por tanto la pérdida de autoridad en general, es patente y tiene su reflejo en la vida cotidiana de los centros.
Para FETE-UGT la preocupación por la convivencia escolar y sus posibles actuaciones deben abordarse desde distintas instancias, partiendo desde la misma Ley  y pasando por la Administración educativa correspondiente y por los centros educativos, con toda su comunidad implicada. Pero no será suficiente esto si no hay una reacción en la sociedad y si no se produce un cambio de actitud hacia la escuela y hacia la misión tan trascendente que tiene encomendada.
Los medios de comunicación, las autopistas de la información, los avances electrónicos, la posibilidad de comunicación de audio-video en tiempo real y por encima de las barreras geográficas, han supuesto un cambio en las formas de relación, en la interacción entre los jóvenes y el mundo. Un agente fundamental en la conformación de actitudes y pautas de comportamiento lo constituyen los medios de comunicación. 
Entre la mucha información a la que se tienen acceso, e incluso que se recibe sin solicitarla, se encuentra un verdadero bombardeo de continuos mensajes donde se produce una preocupante inversión de valores a la que todos asistimos con más o menos resignación, con más o menos indiferencia o con más o menos irresponsabilidad. De alguna manera, se está cubriendo el hueco dejado por los “antiguos valores” por “otros valores” de una manera no sistemática y sin control por parte de las familias ni de la escuela.

Escuela autoritaria y escuela democrática

En cuanto a la escuela se ha producido un paso de la escuela autoritaria a la escuela democrática a partir de dos principios: gestión democrática y participación de los distintos sectores.
Mientras que la escuela autoritaria respondía a un modelo complejo y asentado en distintos ámbitos de la sociedad, para la escuela democrática no había un modelo sino que debía irse experimentando. La cascada de valores, normas, presiones del autoritarismo no encontraron su correlato de valores democráticos y se dejó desprotegido al nuevo sistema. Se pasó de un modelo de escuela a otro, pero el segundo, el democrático, no se ha trabajado, cuidado, exigido responsabilidad, formación, etc. Parece como si se considerase que el funcionamiento democrático viene de suyo y no requiere de educación. La consecuencia ha sido el deterioro del sistema de convivencia por la aparición de actitudes individualistas exageradas y sin control.
De mayor importancia en nuestra reciente historia ha sido el derecho y el acceso a un puesto escolar. La motivación de los alumnos de una enseñanza selectiva y discriminatoria derivada de la ley de 1970 contrastó con la desmotivación de aquellos alumnos que se sienten obligados a continuar en un sistema que no les resulta atractivo,  fenómeno que ha ido en aumento y define en estos años a un grupo muy concreto de jóvenes estudiantes, los objetores escolares, lo que  ha llevado a una progresiva acumulación de alumnos en los centros para los que no había respuesta y que, en cambio, debían seguir en el centro hasta cumplir la edad prevista en la ley.
A esto hay que añadir que el profesor ha tenido que atender a grupos muy heterogéneos y numerosos y debía hacerlo con las adaptaciones curriculares que fueran necesarias.
La ordenación académica, los tiempos escolares, los horarios de profesores y alumnos están estructurados agotando el total del horario escolar para las correspondientes asignaturas, para la instrucción en las distintas materias. El esquema organizativo de los centros no permite una verdadera atención y dedicación a la educación para la ciudadanía. La aparición de los departamentos de orientación y la inclusión de algún perfil introducido tímidamente en los centros, tales como el trabador social, han venido a mejorar esta situación, aunque de manera insuficiente. Disponemos de una estructura orgánica de los años 60 apara afrontar unos objetivos formativos ya en el S.XXI, y uno de los aspectos que más se resiente es el de la convivencia escolar.
Los mecanismos y herramientas disponibles en los centros para corregir las actitudes negativas son insuficientes para gestionar la convivencia satisfactoriamente. Es necesario disponer en los centros de personal específico y formado adecuadamente en la resolución de conflictos y en la gestión de la convivencia.

Otros alumnos

En este tiempo, han cambiado muchos aspectos de la intrahistoria de la educación, que se ha visto superada o desbordada en algunos aspectos por las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación. Son otros los alumnos, es otra la generación de padres y madres, es otra la sociedad y es otra la forma de relacionarse con la escuela.
En este proceso se han acumulado en los centros los problemas de fracaso, de absentismo y de degradación de la convivencia, que van interrelacionados. Ello ha tenido una especial repercusión en los medios de comunicación y ha venido a mostrar a la sociedad en general y especialmente a los padres, la imagen de una escuela conflictiva y poco segura. La escuela ha dejado de ser esa isla protegida.
La irrupción de las nuevas tecnologías en todos los órdenes sociales está cambiando la manera con la que los jóvenes interiorizan el enorme caudal de información que les llega por distintos caminos y a través de distintas pantallas (TV, ordenador, videos, móviles, etc. La escuela tiene que reaccionar a esta nueva situación modificando contenidos, adecuando las metodologías de aula, esforzándose en la actualización de la formación del profesorado y utilizando las nuevas tecnologías con suficiente agilidad.
El esfuerzo del profesorado para asumir y adaptarse a los grandes cambios que en muy poco tiempo ha experimentado el sistema educativo ha producido, en no pocos casos, síntomas de agotamiento.
La ausencia de una formación permanente debidamente articulada, de actualización de metodologías, de formación en el uso de nuevas tecnologías, de unos conocimientos básicos de la psicología infantil y del adolescente, incide una vez más en ese cierto sentimiento de impotencia que siente el profesorado para afrontar los nuevos retos educativos y desempeñar su labor con eficacia y satisfacción profesional.
Por todo ello, es necesario un debate sobre los objetivos educativos que la sociedad encomienda a la escuela y los medios que pone a su disposición para conseguirlos, un debate que defina claramente qué es lo que la sociedad espera de la escuela, qué tareas corresponden a la escuela y cuáles corresponden a otras instituciones o servicios sociales.

Propuesta del MEC

En plena negociación del Plan de convivencia del MEC, recogido en el acuerdo de 20 de octubre de 2005, desde FETE-UGT valoramos la propuesta inicial presentada en la mesa sectorial, y consideramos que el documento debe completarse en el ámbito de la prevención y de la intervención con diferentes acciones y propuestas entre otras: Realizar una adecuada y proporcionada distribución del alumnado y de los recursos entre todos los centros sostenidos con fondos públicos; agilizar los procesos de evaluación y sanción de las alteraciones de la convivencia en los centros; formación tanto para el personal del centro como para padres, madres y alumnos; incrementar el horario lectivo dedicado a la acción tutorial; crear la figura del “coordinador de convivencia”; incorporar nuevos perfiles profesionales -como el del educador social- que den respuesta a las nuevas demandas sociales, que deben estar encaminados a la relación con las familias, corrección de conductas y formación de los profesionales.
Por otra parte, en los centros donde se supere el 25% de alumnado de diversidad cultural, étnica, etc... es urgente establecer un plan de choque que comprenda, entre otras,  la disminución de las ratios que posibilite una atención individualizada, apoyo con recursos humanos y materiales conforme a las necesidades de los centros, adaptaciones curriculares adecuadas al interés del alumnado.
FETE-UGT considera imprescindible que este Plan de convivencia que se establezca en los centros escolares venga acompañado de la financiación suficiente, que permita su puesta en marcha en todos los centros sostenidos con fondos públicos con las garantías necesarias, incorporándola a la memoria económica de la LOE.

 

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