Educación para la Ciudadanía desde los tres años
Tendrá carácter transversal y también
será un área específica del currículo durante la enseñanza obligatoria
El espíritu de la Educación para la Ciudadanía debe estar presente desde la Educación Infantil, según las líneas maestras de la futura materia que ha empezado a difundir el MEC. Tendrá una
vertiente de formación transversal, pero también será un área específica del currículo durante la enseñanza obligatoria y,
según la ministra, seguirá las recomendaciones del Consejo de Europa y tratará sobre valores que quiere fomentar la UE.
La nueva asignatura incidirá en el respeto de los derechos humanos, el pluralismo democrático, el diálogo, la tolerancia y la solidaridad, y promoverá actitudes contrarias a la violencia y los prejuicios. (Foto: Rafael Martínez)

Madrid. G. A.
El Ministerio de Educación y Ciencia ha elaborado un primer documento, con las líneas maestras y el planteamiento general de la futura asignatura de Educación para la Ciudadanía y Derechos Humanos, que ha presentado en una reunión con instituciones como FERE-CECA, Cáritas, la Coordinadora de ONGs para el Desarrollo, Intermon Oxfam, la Asociación pro Derechos Humanos, la Asociación Española de Investigación para la Paz y Fundación Cultura de Paz, el Proyecto Atlántida y la Fundación Cives. Y también con los Movimientos de Renovación Pedagógica, el Instituto de la Mujer, el Consejo de la Juventud y un grupo de trabajo de la Universidad de Barcelona.
El borrador ministerial desataca la necesidad de formar “individuos libres, trabajadores preparados y ciudadanos activos”, desde el respeto de “los derechos humanos, los valores y las normas constitucionales de convivencia y el conocimiento de la democracia”. Según ha anunciado tras la reunión el secretario general de Educación, Alejandro Tiana, la nueva disciplina tendrá una vertiente de formación transversal, y será igualmente un área específica en el currículo durante la enseñanza obligatoria.
Para elaborar dicho currículo se prestará especial atención a la transmisión y la puesta en práctica de “los valores que favorecen la libertad personal, la responsabilidad, la ciudadanía democrática y la solidaridad”. Y también “la tolerancia, la igualdad, el respeto, la justicia, la superación de cualquier tipo de discriminación, la aptitud para la prevención de conflictos y la participación”. El MEC considera que el espíritu de la Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos debe estar presente desde los niveles “más tempranos”, por lo que hay que “desarrollar en los niños sus capacidades afectivas y de relación con los demás, para favorecer la convivencia y la relación social” desde la propia Educación Infantil.

Pluralismo democrático

Además, el currículo de Primaria incidirá en el respeto de los derechos humanos y “el pluralismo propio de una sociedad democrática”, abogará por “la resolución pacífica de conflictos”, y promoverá actitudes contrarias a la violencia, a los prejuicios y los estereotipos sexistas”. Y en Secundaria y en el Bachillerato destacará valores como “el ejercicio del diálogo, la tolerancia y la solidaridad”, así como en la preparación para el ejercicio de “la ciudadanía democrática y la conciencia cívica responsable inspirada en los valores de la Constitución”.
Según la ministra de Educación y Ciencia, María Jesús San Segundo, esta nueva asignatura “no representa en absoluto ninguna amenaza para la sociedad”. En su opinión, será una “apuesta activa” para dar a los jóvenes “la mejor formación posible y los mejores instrumentos para que se desarrollen como personas, y sean parte de una sociedad que queremos”.
La ministra hacía estas afirmaciones a finales del pasado mes de febrero en Bruselas, tras participar en un Consejo del Educación de la Unión Europea, y las ratificaba posteriormente en Madrid, para responder a las acusaciones del arzobispo de Toledo y Primado de España, monseñor Antonio Cañizares, quien poco después de ser nombrado cardenal afirmaba que esta nueva asignatura será “enormemente amenazadora para el futuro de nuestra sociedad”, porque será utilizada “para decirle al ciudadano qué es lo recto y qué es lo que debe hacer, prescindiendo en el fondo de las condiciones morales y religiosas”. Y añadía que “asistimos actualmente a una quiebra moral, donde no hay nada bueno ni nada malo, donde no hay ni verdadero ni falso”.

Valores cívicos

Por el contrario, María Jesús San Segundo considera que esta materia debe “dar tranquilidad”, al ofrecer a los jóvenes “los mejores instrumentos para que se desarrollen como personas, y para que sean parte de una sociedad que queremos. Porque queremos que los jóvenes estén el día de mañana magníficamente formados en todo, pero también queremos que sean miembros de una sociedad con los mejores valores cívicos”. Además, ha afirmado esta asignatura “parte de las recomendaciones del Consejo de Europa” y trata sobre valores “que quieren promocionar todos los estados miembros de la UE, no sólo España”.
Sin embargo, esta asignatura sigue provocando el rechazo de organizaciones con notable implantación en la comunidad educativa. Según la Confederación de padres católicos, la CONCAPA, supone “una intromisión del poder político en la esfera exclusiva de la educación que corresponde a la familia. Frente a la responsabilidad de los padres en la educación de los hijos -afirma-, el Gobierno pretende diseñar el modelo de ciudadano, anteponiendo valores éticos y morales de su interés a aquellos que, libremente, desean las familias”.

Objeción de conciencia

La CONCAPA rechaza el hecho de que “mientras se reserva para la clase de Religión el mismo tratamiento que para una actividad extraescolar (no tiene efecto alguno suspender o no), se impone como obligatoria esta materia, rechazada mayoritariamente por el Consejo Escolar del Estado”. Compara esta asignatura con “la Formación del Espíritu Nacional de Franco”, porque “lo que se pretende enseñar es el pensamiento políticamente correcto”. Y amenaza con plantear “la objeción de conciencia como forma de lucha por la libertad de pensamiento y de expresión, puesto que somos ciudadanos y no súbditos”.
También la CECE considera que “sólo los padres son los legítimos educadores de la moral de sus hijos”, y cree que esta nueva materia “no es necesaria y sólo se ha programado con un fin adoctrinador”. Advierte que aprovechará “la autonomía que deje la LOE a los centros para diseñar esta materia a medida de los deseos de las familias”.Y también que “tal y como está actuando el MEC avanzamos hacia otro nivel de autonomía diferente al territorial, la autonomía empresarial, que pueda satisfacer el derecho de crear un modelo de escuela libre”.
Menos críticas se han mostrado las instituciones mayoritarias de los centros católicos, FERE-CECA y la patronal EyG, que admiten la existencia de “cualquier materia que eduque en valores, siempre y cuando se ofrezcan las garantías necesarias para que no se convierta en una manera de enseñar la moral oficial de un color político, ni entre en contradicción con la asignatura de Religión”. Tras la reunirse con dirigentes del MEC, los responsables de dichas organizaciones han manifestado que, en principio, la propuesta ministerial “defiende una serie de valores ciudadanos con los que todos estamos de acuerdo”. Y han insistido que, al igual que la Religión, la nueva asignatura sea “de oferta obligatoria para los centros, pero de elección voluntaria para los alumnos”.

Firmeza

La única organización que se ha pronunciado claramente a favor de esta asignatura es FETE-UGT, que considera necesario dar a la educación en valores “una presencia propia en los planes de estudio como materia diferenciada”, y ha vuelto a reclamar “firmeza” a los responsables ministeriales en la definición de sus contenidos. Cree que la Educación para la Ciudadanía debe dar cabida a “la educación en derechos humanos, la educación cívica, la educación para la paz y la educación intercultural”, y opina que deben elaborarse programas “para la prevención y compensación de las desigualdades de adaptación social y personal”.
FETE dice que “ya es hora de que la formación ético-cívica sea plantee sin vacilar como enseñanza común e igual para todos los alumnos, sin perjuicio de que quien lo desee tenga clase de religión confesional, e independientemente de lo que se deba o no deba hacer con quienes no la deseen”. Afirma que “la formación ciudadana ha de ser una responsabilidad que debemos asumir y compartir entre todos”. Y pide que las reuniones celebradas por el MEC “no supongan un paso atrás en los logros realizados respecto a esta materia”.

 

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