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Madrid. MARGARITA GIRON
Extraer
su propio ADN, participar en un programa de conservación del sapo partero, disfrazarse
de dinosaurio mientras aprenden más de estos animales, o dormir una noche en
el Museo, son algunas de las actividades y talleres en los que pueden participar
todos los escolares que visitan el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN).
En su
interés por establecer una conexión entre los programas académicos y la
realidad científica, la oferta educativa del museo incluye numerosas actividades
y talleres adecuados a cada nivel educativo, en los que se abordan los contenidos
curriculares de cada etapa, utilizando todos los fondos y recursos de esta
entidad.
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Pionero
en diversas áreas, acaba de iniciar un proyecto de conservación participativa
que combina por primera vez educación ambiental y actuaciones para la
conservación de anfibios y zonas húmedas. Coordinado por investigadores
y educadores del Museo, más de 80 escolares de 3º a 6º de Primaria de
varias localidades del sureste de Madrid serán los encargados de divulgar
las medidas necesarias para la conservación del sapo partero. Durante
los próximos dos años, harán el censo de estos anfibios que se encuentran
en vías de extinción en esta región y ayudarán a recuperar los refugios
habituales de estos animales.
Mediateca
Igualmente,
las nuevas tecnologías están presentes en el Museo, que acoge en sus instalaciones
la Mediateca del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC),
a través de la cual los visitantes pueden acceder a las 19.000 fotografías
y más de 2.600 documentales de carácter científico que conforman sus fondos.
Hasta el momento, son ya más de 33.000 personas las que han pasado por
los 28 ordenadores instalados en este espacio. Para los estudiantes de
ESO y Bachillerato se ha diseñado un módulo interactivo que, bajo el título
“La molécula de la vida”, trata los aspectos estructurales y funcionales
del ADN y algunas de sus aplicaciones. Los alumnos que participan en él,
tienen la oportunidad de realizar los experimentos necesarios para extraer
y contemplar su propio ADN.
Además
de las exposiciones permanentes del Museo, como la dedicada a la gran
diversidad de la vida en la cuenca mediterránea o la que muestra la historia
de la tierra a través de los distintos tipos de fósiles, también se llevan
a cabo exposiciones temporales sobre diferentes temas. En este momento,
y hasta el mes de junio, hay dos exposiciones de este tipo. La primera,
titulada “Especies”, se plantea a modo de grandes preguntas: ¿Qué es una
especie?, ¿Cómo se las reconoce y clasifica? ¿Cómo se adaptan?, ¿Cómo
se extinguen?
Fósiles
vivos
La
segunda, denominada “Fósiles y vivientes”, muestra animales cuyo origen
se data en más de 65 millones de años, que convivieron con los dinosaurios,
y algunos de los cuales han sobrevivido hasta nuestros días sin apenas
cambios en su aspecto, permaneciendo ajenos al proceso evolutivo.
Para
aquellos grupos que cuenten con alguna persona con necesidades educativas
especiales, alumnos con deficiencias físicas, psíquicas o sensoriales,
el Museo ofrece dos talleres específicos: uno, denominado “Dinosaurios
en la mano”, accesible para ciegos y deficientes visuales; y el otro,
titulado “¡Cuantos animales¡” pensado para disminuidos psíquicos.
Los
alumnos de infantil y primaria pueden disfrutar, entre otros, de un programa
de cuentacuentos, en el que monitores especializados les narran la historia
de Bombo, un elefante que no sabía quien era; y la de Lincelot, un pequeño
lince que aprendió a cazar para sobrevivir.
Una
de las experiencias más inolvidables para los chavales consiste en pasar
una noche en el Museo. La actividad comienza el viernes por la tarde y
está repleta de talleres, ginkanas y juegos, hasta la hora de dormir en
sacos a los pies del gran diplodocus del Museo. Su objetivo es combinar
el aspecto lúdico con el pedagógico, por lo que ha se diseñado como un
complemento al programa pedagógico.
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