El Museo de Ciencias Naturales,
un recurso educativo fuera del aula

Su amplia oferta pedagógica anima a profesores y centros educativos a participar en sus actividades

Más de 8.000 escolares visitan cada mes el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid y participan en las cerca de 20 actividades diarias que organiza esta entidad, con objeto de hacer accesibles los siete millones de ejemplares que conforman sus fondos a todo tipo de público.
La oferta educativa del Museo abarca todos los niveles educativos, con talleres para alumnos de cualquier edad.
(Fotos: Rafael Martínez)

Madrid. MARGARITA GIRON
Extraer su propio ADN, participar en un programa de conservación del sapo partero, disfrazarse de dinosaurio mientras aprenden más de estos animales, o dormir una noche en el Museo, son algunas de las actividades y talleres en los que pueden participar todos los escolares que visitan el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN).
En su interés por establecer una conexión entre los programas académicos y la realidad científica, la oferta educativa del museo incluye numerosas actividades y talleres adecuados a cada nivel educativo, en los que se abordan los contenidos curriculares de cada etapa, utilizando todos los fondos y recursos de esta entidad.

Pionero en diversas áreas, acaba de iniciar un proyecto de conservación participativa que combina por primera vez educación ambiental y actuaciones para la conservación de anfibios y zonas húmedas. Coordinado por investigadores y educadores del Museo, más de 80 escolares de 3º a 6º de Primaria de varias localidades del sureste de Madrid serán los encargados de divulgar las medidas necesarias para la conservación del sapo partero. Durante los próximos dos años, harán el censo de estos anfibios que se encuentran en vías de extinción en esta región y ayudarán a recuperar los refugios habituales de estos animales.

Mediateca

Igualmente, las nuevas tecnologías están presentes en el Museo, que acoge en sus instalaciones la Mediateca del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), a través de la cual los visitantes pueden acceder a las 19.000 fotografías y más de 2.600 documentales de carácter científico que conforman sus fondos. Hasta el momento, son ya más de 33.000 personas las que han pasado por los 28 ordenadores instalados en este espacio. Para los estudiantes de ESO y Bachillerato se ha diseñado un módulo interactivo que, bajo el título “La molécula de la vida”, trata los aspectos estructurales y funcionales del ADN y algunas de sus aplicaciones. Los alumnos que participan en él, tienen la oportunidad de realizar los experimentos necesarios para extraer y contemplar su propio ADN.
Además de las exposiciones permanentes del Museo, como la dedicada a la gran diversidad de la vida en la cuenca mediterránea o la que muestra la historia de la tierra a través de los distintos tipos de fósiles, también se llevan a cabo exposiciones temporales sobre diferentes temas. En este momento, y hasta el mes de junio, hay dos exposiciones de este tipo. La primera, titulada “Especies”, se plantea a modo de grandes preguntas: ¿Qué es una especie?, ¿Cómo se las reconoce y clasifica? ¿Cómo se adaptan?, ¿Cómo se extinguen?

Fósiles vivos

La segunda, denominada “Fósiles y vivientes”, muestra animales cuyo origen se data en más de 65 millones de años, que convivieron con los dinosaurios, y algunos de los cuales han sobrevivido hasta nuestros días sin apenas cambios en su aspecto, permaneciendo ajenos al proceso evolutivo.
Para aquellos grupos que cuenten con alguna persona con necesidades educativas especiales, alumnos con deficiencias físicas, psíquicas o sensoriales, el Museo ofrece dos talleres específicos: uno, denominado “Dinosaurios en la mano”, accesible para ciegos y deficientes visuales; y el otro, titulado “¡Cuantos animales¡” pensado para disminuidos psíquicos.
Los alumnos de infantil y primaria pueden disfrutar, entre otros, de un programa de cuentacuentos, en el que monitores especializados les narran la historia de Bombo, un elefante que no sabía quien era; y la de Lincelot, un pequeño lince que aprendió a cazar para sobrevivir.
Una de las experiencias más inolvidables para los chavales consiste en pasar una noche en el Museo. La actividad comienza el viernes por la tarde y está repleta de talleres, ginkanas y juegos, hasta la hora de dormir en sacos a los pies del gran diplodocus del Museo. Su objetivo es combinar el aspecto lúdico con el pedagógico, por lo que ha se diseñado como un complemento al programa pedagógico.

 

arriba