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Madrid.
ROSAURA CALLEJA
A través de
254 entrevistas a profesionales, mujeres y niños víctimas de la violencia
de género y a 141 instituciones de siete comunidades autónomas, Save
the Children ha elaborado una investigación sobre la atención a estos
niños y adolescentes. Los expertos entrevistados coinciden en que los
menores son víctimas directas o indirectas de la violencia de género que
su padre ejerce sobre su madre, pero el sistema de protección a la mujer
no los contempla como víctimas y los recursos terapéuticos o educativos
específicos son escasos.
“Un niño de
2 años llamaba a su madre “puta”, porque creía que se llamaba así, su
padre lo hacía”. Este es el testimonio de una trabajadora social, que
Rosa Regàs, escritora y directora de la Biblioteca Nacional, reveló en
el transcurso de la presentación de este informe, que se ha desarrollado
en las comunidades autónomas de Andalucía, Cataluña, Comunidad Valenciana,
Galicia, Islas Baleares, Madrid y Euskadi. En este acto también intervinieron,
Mª Jesús Mohedano, miembro del Patronato de Save the Children,
Pepa Horno, coordinadora de la investigación, y Dolores Perea, autora
del informe sobre la Comunidad de Madrid.
Conclusiones
Entre
las conclusiones, figura que la normativa, los planes y documentos técnicos
sobre la violencia de género no contemplan a los niños como víctimas en
sus acciones, sino que los considera sólo como agravantes de la pena al
agresor o como añadido a las medidas de protección para la mujer.
Aunque la edad
no sea un requisito de exclusión, en la práctica, los niños varones mayores
de 12 años no pueden acceder a las casa de acogida, desvela esta investigación.
De igual modo, constata que los recursos para el desarrollo de las medidas
previstas en esa normativa están, en general, descoordinados y no son
suficientes ni adecuados para atender las necesidades de los niños, así
como la inexistencia de datos cruzados entre los sistemas de protección
de infancia y de protección de la mujer.
Este informe
precisa que, en un caso de violencia de género, no siempre se notifica
a protección ni a fiscalía la situación de los niños involucrados, salvo
que presenten lesiones físicas.
Generalmente
la atención a estos niños se canaliza a través del apoyo a sus madres,
no mediante medidas de carácter psicosocial específicas y adaptadas a
sus características y necesidades.
Recomendaciones
Para
garantizar una atención de calidad a los niños, los autores de este documento
apuestan por optimizar los recursos existentes y reforzar los de atención
no residencial a las mujeres y los niños, para que puedan permanecer en
su domicilio. También proponen incrementar los programas de tratamiento
terapéutico para mujeres y niños, así como para los agresores. Otra de
las recomendaciones se concreta en no excluir a los varones adolescentes
en los centros residenciales, preservando la unión de la madre y los hermanos
y valorando la opinión de los adolescentes. Tampoco se debe excluir a
los adolescentes con conductas problemáticas, ya que los expertos consideran
que los problemas de conducta se han de abordar con intervenciones psicoeducativas
y sociales.
Asimismo, se
muestran partidarios de potenciar los escasos recursos adaptados para
víctimas que presenten alguna discapacidad.
Igualdad
de género
Otro
de los aspectos hace referencia a la formación de las instituciones y
profesionales competentes para llevar a la práctica políticas de igualdad
de género en los recursos de atención a las mujeres y los niños, favoreciendo
la incorporación de educadores de ambos sexos en los centros residenciales,
donde el personal es femenino preferentemente. Además de disponer de espacios
específicos para la atención de los niños en sede policial y judicial.
Por último,
plantea suspender de forma sistemática y temporal las visitas de los hijos
a sus padres, si éstos han sido denunciados por situaciones de violencia
de género y existan indicios de comisión de hechos delictivos.
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Los niños han reflejado
sus vivencias en estos dibujos. |