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Madrid.
JULIA FERNÁNDEZ
“Las actitudes
tan dispares ante la vida y el arte que adoptaron los artistas y escritores
de la vanguardia estética rusa ponen de manifiesto no sólo temperamentos
impetuosos y comportamientos intransigentes, sino también una fuerte relación
orgánica y a menudo conflictiva entre lo personal y lo público, entre
la intuición interna y la cultura material externa y entre la función
fisiológica y el estado; y una consecuencia de dicha tensión fue la violencia
y la ruptura”: “Agentes de la anarquía”, John E. Bowlt, del catálogo de
Vanguardias rusas.
Consideradas
en su plenitud, respetadas entre el esplendor europeo coetáneo y redescubiertas
en su disección teórica: así se presenta estos días ante la sociedad española
este quehacer cultural colectivo que, entre Europa y Asia, en plena génesis
de la revolución soviética, en relación estrechísima y sin ambivalencias
con sus ideas de liberación radical, supo centrar el camino de la expresión
artística dando al Arte uno de los más interesantes, ricos, libres y trascendentales
“casos” de su extraordinaria historia: “La radicalidad con la que algunos
poetas y pintores postulaban allí y entonces un lenguaje absolutamente
nuevo no se alimentaba de una simple preocupación lingüística o gramatical
–afirma Tomás Llorens, ex conservador-jefe del Museo Thyssen y comisario
de esta muestra- sino que respondía a la necesidad de entrar en un mundo
sustancial y radicalmente nuevo.” Utopía creativa en el sistema que estrenó
el concepto del estado-cárcel y búsqueda singular en el contexto efervescente
de los hallazgos europeos: el fenómeno cultural y artístico de las Vanguardias
rusas.
Ejercicio
de libertad
Con
más de 280 piezas que esta exposición acumula –entre pinturas, esculturas,
fotografías, carteles, cubiertas de libros, tejidos, cerámicas y otros
objetos de uso corriente- y con una estudiada estructura que repasa, desde
su origen y hasta 1930, todas las manifestaciones de este multidisciplinar
ejercicio de lo artístico –Museo Thyssen-Bornemisza: La lección de los
bárbaros (1907-1912), Un torbellino de energía (1912-1915), Experimentos
individuales (Chagall, Kandinsky y Filonov) y El modelo orgánico (en torno
a Matiushin, Elena Guro y los hermanos Ender); Fundación Caja Madrid:
La construcción del hombre nuevo y sus secciones dedicadas a Suprematismo
y Constructivismo, Fotografía, Diseño gráfico y arte y propaganda y, por
último, Arte de la vida cotidiana- el visitante cuenta no sólo con esas
pruebas que certifican el extraordinario cúmulo de transgresión que supusieron
sus avances en el ejercicio de la libertad artística sino, y sobre todo,
con el significado mensaje espiritual de este conjunto de creadores que,
partiendo de su propia alteridad (estos vanguardistas no tuvieron que
acudir al primitivismo ajeno) llegaron a perfilar su rotundo futuro. Como
comenta Evgenia Petrova, asesora de esta muestra, “Colocando un cuadrado,
un círculo o una cruz sobre un fondo blanco o grisáceo, Malévich regresaba
a los cánones del arte ruso antiguo, interpretándolos de una manera muy
peculiar. Crea composiciones abstractas, innovadoras para el siglo XX,
pero profundamente vinculadas a la semántica rusa antigua. El icono, el
género tradicional ruso del culto popular, vuelve a través de la obra
de Malévich de una forma distinta, contemporánea”. Espiritualidad y transgresión
en el Estado que acabaría abogando por la negación de ambas.
Investigación
abierta
Incorporando
las aportaciones que en los últimos quince años se han producido sobre
su carácter y evolución desde la propia Rusia, con el apoyo especial del
Museo Estatal Ruso de San Petersbusgo y de otros museos rusos como la
Galería Estatal Tretiakov y museos provinciales, el centro Georges Pompidou
de París y el IVAM de Valencia, y con la estructura que el equipo formado
por John E. Bowlt, Nicoletta Misler, Evgenia Petrova, Ekaterina Selezneva
y Maria Joseph Balzac ha ideado junto al comisario Tomàs Llorens, el resultado
que expone Vanguardias rusas es el estudio riguroso de este intenso
e interactivo fenómeno -a expensas de seguir abierta su traducción ante
el arte y ante la cultura rusa y transnacional- en el arco cronológico
que va de 1907 a 1930 y con el apartado de pintura y escultura como prioridades
de entre su rica y compleja creación cultural, que acogió el arte, cine,
teatro, literatura, fotografía, performances, circo, diseño gráfico, diseño
editorial y manufacturas: escalas todas del mismo mosaico moderno generado
en un momento histórico y social pleno de inquietud, pluralidad, libertad,
investigación y, también, de presencias extraordinarias.
Una diversidad
que ya viene expresada en el plural del título, “Vanguardias rusas”, que
alude a las muy diferentes búsquedas experimentales que se desarrollaron
en distintas ciudades rusas y que replantea radicalmente la existencia
en este periodo de una cohesión de estilos e ideas en una sola “vanguardia
rusa”.
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