Interiores transgredidos

El Museo Thyssen y la Fundación Caja Madrid muestran el espléndido fruto de las Vanguardias rusas

El vitalismo, el sentido del tiempo y el afán de asombrar enmarcan el acierto profundo conseguido para el arte y la cultura por unas decenas de personas que, en plena convulsión social y política, consiguieron extraer desde su especificidad eslava datos que enriquecerían ya para siempre el arte internacional: Vanguardias rusas, en el Museo Thyssen y Caja Madrid, viene rotunda a recordárnoslo.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
“Las actitudes tan dispares ante la vida y el arte que adoptaron los artistas y escritores de la vanguardia estética rusa ponen de manifiesto no sólo temperamentos impetuosos y comportamientos intransigentes, sino también una fuerte relación orgánica y a menudo conflictiva entre lo personal y lo público, entre la intuición interna y la cultura material externa y entre la función fisiológica y el estado; y una consecuencia de dicha tensión fue la violencia y la ruptura”: “Agentes de la anarquía”, John E. Bowlt, del catálogo de Vanguardias rusas.
Consideradas en su plenitud, respetadas entre el esplendor europeo coetáneo y redescubiertas en su disección teórica: así se presenta estos días ante la sociedad española este quehacer cultural colectivo que, entre Europa y Asia, en plena génesis de la revolución soviética, en relación estrechísima y sin ambivalencias con sus ideas de liberación radical, supo centrar el camino de la expresión artística dando al Arte uno de los más interesantes, ricos, libres y trascendentales “casos” de su extraordinaria historia: “La radicalidad con la que algunos poetas y pintores postulaban allí y entonces un lenguaje absolutamente nuevo no se alimentaba de una simple preocupación lingüística o gramatical –afirma Tomás Llorens, ex conservador-jefe del Museo Thyssen y comisario de esta muestra- sino que respondía a la necesidad de entrar en un  mundo sustancial y radicalmente nuevo.” Utopía creativa en el sistema que estrenó el concepto del estado-cárcel y búsqueda singular en el contexto efervescente de los hallazgos europeos: el fenómeno cultural y artístico de las Vanguardias rusas.

Ejercicio de libertad

Con más de 280 piezas que esta exposición acumula –entre pinturas, esculturas, fotografías, carteles, cubiertas de libros, tejidos, cerámicas y otros objetos de uso corriente- y con una estudiada estructura que repasa, desde su origen y hasta 1930, todas las manifestaciones de este multidisciplinar ejercicio de lo artístico –Museo Thyssen-Bornemisza: La lección de los bárbaros (1907-1912), Un torbellino de energía (1912-1915), Experimentos individuales (Chagall, Kandinsky y Filonov) y El modelo orgánico (en torno a Matiushin, Elena Guro y los hermanos Ender); Fundación Caja Madrid: La construcción del hombre nuevo y sus secciones dedicadas a Suprematismo y Constructivismo, Fotografía, Diseño gráfico y arte y propaganda y, por último, Arte de la vida cotidiana- el visitante cuenta no sólo con esas pruebas que certifican el extraordinario cúmulo de transgresión que supusieron sus avances en el ejercicio de la libertad artística sino, y sobre todo, con el significado mensaje espiritual de este conjunto de creadores que, partiendo de su propia alteridad (estos vanguardistas no tuvieron que acudir al primitivismo ajeno) llegaron a perfilar su rotundo futuro. Como comenta Evgenia Petrova, asesora de esta muestra, “Colocando un cuadrado, un círculo o una cruz sobre un fondo blanco o grisáceo, Malévich regresaba a los cánones del arte ruso antiguo, interpretándolos de una manera muy peculiar. Crea composiciones abstractas, innovadoras para el siglo XX, pero profundamente vinculadas a la semántica rusa antigua. El icono, el género tradicional ruso del culto popular, vuelve a través de la obra de Malévich de una forma distinta, contemporánea”. Espiritualidad y transgresión en el Estado que acabaría abogando por la negación de ambas.

Investigación abierta

Incorporando las aportaciones que en los últimos quince años se han producido sobre su carácter y evolución desde la propia Rusia, con el apoyo especial del Museo Estatal Ruso de San Petersbusgo y de otros museos rusos como la Galería Estatal Tretiakov y museos provinciales, el centro Georges Pompidou de París y el IVAM de Valencia, y con la estructura que el equipo formado por John E. Bowlt, Nicoletta Misler, Evgenia Petrova, Ekaterina Selezneva y Maria Joseph Balzac ha ideado junto al comisario Tomàs Llorens, el resultado que expone Vanguardias rusas es el estudio riguroso de este intenso e interactivo fenómeno -a expensas de seguir abierta su traducción ante el arte y ante la cultura rusa y transnacional- en el arco cronológico que va de 1907 a 1930 y con el apartado de pintura y escultura como prioridades de entre su rica y compleja creación cultural, que acogió el arte, cine, teatro, literatura, fotografía, performances, circo, diseño gráfico, diseño editorial y manufacturas: escalas todas del mismo mosaico moderno generado en un momento histórico y social pleno de inquietud, pluralidad, libertad, investigación y, también, de presencias extraordinarias.
Una diversidad que ya viene expresada en el plural del título, “Vanguardias rusas”, que alude a las muy diferentes búsquedas experimentales que se desarrollaron en distintas ciudades rusas y que replantea radicalmente la existencia en este periodo de una cohesión de estilos e ideas en una sola “vanguardia rusa”.

 

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