Por el alto valor simbólico del Instituto “Isabel La Católica”, ubicado en las cercanías del madrileño Parque del Retiro, y por la pérdida que supondría para la historia de la educación española su derribo-desplazamiento-, reproducimos la presente colaboración, realizada por un profesor del mencionado centro. La incierta supervivencia de este IES madrileño es el asunto más acuciante para su comunidad escolar.

La deslocalización del IES “Isabel la Católica”

Manuel Menor Currás
Profesor de Historia

S  probable  que  lo  hayan  leído

hace poco en “El País” (07-11-05). Es imposible, sin embargo, que quienes hayan visto desfilar ante las puertas de este instituto la reciente manifestación del día doce (de noviembre), hubieran advertido alguna pancarta o reclamación alusiva. ¿Es que no está en cuestión la "libre elección" de este centro?
En la historia no muy lejana de este instituto ha habido cursos en que sus alumnos sobrepasaron ampliamente los dos millares. Hijos de profesionales en gran medida, y con alto nivel competitivo en las pruebas de selectividad. Hoy rondan los 1.700 y en un panorama distinto. La gestión educativa se ha esforzado desde los años 90 en configurar unos cursos de ESO en que, en este momento, convive un promedio migratorio del 45 % con los restos difíciles del sistema. ¿Esta selección no condiciona a las clases medias para el ejercicio de su "libertad" de elección?

Coyunturas de la "calidad"

Tal circunstancia determina, desde luego, el ventajismo que se solapa al emplear comparativamente el tan anhelado objetivo de la "calidad". Menos vale convertir estos varemos estadísticos en queja añorante, al margen de las realidades cambiantes que rozan el inquietante presente. Si el pasado educativo hubiera sido  mejor y bastara con restaurarlo, ¿a qué pasado volver? ¿Al del barroco? ¿Al del gótico?… ¿Al del "estado natural"? ¿Al hobbesiano homo homini lupus?
Pongamos, no obstante, en el haber de "la calidad" de un colegio cuestiones de ubicación medioambiental y pocos serán comparables al "Isabel". En el cerrillo de S. Blas, al sudoeste del Retiro, facilita todavía la  frecuente enseñanza al aire libre y el contacto peripatético inmediato con el Observatorio astronómico, el Jardín botánico y los Museos del Prado, Reina Sofía y Thyssen-Bornemisza. Quienes inauguraron este centro en el curso 1928-29, vinculados a la Institución Libre de Enseñanza, tenían buen ojo. Y creencia sincera en las potencialidades de la educación. No sólo la ubicación elegida lo demuestra; también la dotación originaria. La arquitectura del edificio matriz, la posición preeminente de su biblioteca y la modernidad de sus laboratorios, son la mejor expresión de cómo debiera acompañarse siempre la presunta fe en la educación de una voluntad gestora coherente. El "Instituto-Escuela: sección de Retiro" -que así se llamó hasta el 4 de abril de 1939 este centro- era de tal "calidad" que, junto con su homólogo del Hipódromo -hoy llamado "Ramiro de Maeztu"-, suscitaba no pocas envidias y controversias en aquel momento. En el fondo -y en las formas-, no muy distintas de las actuales.

La cuestión…

Por ello, lo que más acucia a la comunidad escolar del "Isabel" es su probable deslocalización. También Álvaro Siza, al diseñar la remodelación del eje Prado-Recoletos, ha captado la envidiable ubicación de este colegio público. Si sigue adelante la concepción original de este proyecto y si el Ayuntamiento no tiene a bien reconsiderarlo, tras las pertinentes alegaciones al mismo presentadas por los alumnos, padres, profesores y dirección del centro, su tiempo en la localización actual está contado. Tal vez la Comunidad de Madrid dificulte esta megalómana actuación, sobre todo si no encuentra acomodo para escolarizar su amplio colectivo de alumnos. Pero todo es improbable.
Lo cierto es lo que está en el proyecto: en esta operación urbanística -pretextada en la preocupación por remozar el capital turístico más relevante de Madrid- la rentabilidad económica de la deslocalización del "Isabel" pasa por dejar en segundo plano el actual valor socioeducativo de su espacio. Como en otras deslocalizaciones, prima la perspectiva economicista. La molestia que conlleve -"trabajamos por usted"- es un mero coste de  oportunidad, un sacrificio menor en aras de la expectativa de negocio… de unos pocos. Un valor ante el que es irrelevante, al parecer, la historia del lugar, la memoria de los que lo han vivido o lo estén viviendo.

¿Puede lo hermoso ser democrático? 

Los afectados se preguntan si no sería más rentable emplear parte de los cuantiosos recursos de este proyecto recalificador  en las instalaciones educativas existentes, sobradas de dejadez. Sabedores de que la "calidad" necesita cuidados -y más si se parte de carencias muy diferenciales respecto a otros colectivos sociales-, les gustaría saber por qué no se toma ejemplo de la propia historia del centro para que la experiencia de quienes en él se educan pueda ser hermosa, en vez de privarles de lo bello que todavía tienen. Puestos a modernizar -y sin minusvalorar la trayectoria del Sr. Siza-, ¿por qué no se "modernizan" los cuatro pabellones añadidos al original? Es evidente que deslucen en ese espacio significativo, pero sería mejor solución -paisajística y cívica- que el tirarlos sin más y trasladar su  actual función educativa a cualquier lugar residual, que siempre será más feo tanto estética como éticamente. 
Esta comunidad escolar consideraría una estafa democrática que, en nombre de un dudoso cambio hermoseador, se la privara injustificadamente de este espacio cívico sobradamente acreditado durante más de 75 años. Entiende que sería un paso más en la guetización discriminatoria a que los responsables de la educación madrileña están conduciendo a éste y a otros centros públicos. ¿Es que es un desperdicio -dicen- que este hermoso e histórico espacio esté siendo empleado para el intento educador de los sectores más desfavorecidos? ¿Se les quiere demostrar que son ciudadanos de "otra" categoría?
Los experimentados en la desaforada vacilación municipal del construir y deconstruir el tejido urbano, dudan de que se sepan conjugar sus demandas y alegaciones, más democráticas -creen- que muchos designios equívocos de sus munícipes. Pero, para el caso de que suceda como desconfían, no quisieran que la memoria de lo educativo se desubicara y desvaneciera con el propio centro. Algo les compensaría que Ayuntamiento, Comunidad, Ministerio de Educación y otras instituciones tuvieran a bien ponerse de acuerdo, al menos, en que el edificio matriz del Instituto-Escuela fuera preservado para "Centro Documental de la Educación Española del Siglo XX". La documentación de archivo que alberga, la biblioteca histórica y una significativa parte de sus laboratorios bien podrían servir de base fundacional de una institución de estas características que, a modo de museo pedagógico especializado, tratara de recoger, archivar, catalogar y exponer dignamente otros muchos materiales dispersos, relativos a ese período crucial de la historia educativa común de todos los españoles. Sin duda, sería una magnífica contribución a la investigación y conocimiento del pasado de nuestra microhistoria, inatendida tantas veces por la Historia. Con esta continuidad alternativa, la desoladora desazón que les causa el proyecto remodelador del Prado tal vez se amortiguara un poco. ¡Suerte!

 

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