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hace poco en “El País” (07-11-05). Es imposible,
sin embargo, que quienes hayan visto desfilar ante las puertas de este
instituto la reciente manifestación del día doce (de noviembre), hubieran
advertido alguna pancarta o reclamación alusiva. ¿Es que no está en cuestión
la "libre elección" de este centro?
En la historia no muy lejana de este instituto ha habido
cursos en que sus alumnos sobrepasaron ampliamente los dos millares. Hijos
de profesionales en gran medida, y con alto nivel competitivo en las pruebas
de selectividad. Hoy rondan los 1.700 y en un panorama distinto. La gestión
educativa se ha esforzado desde los años 90 en configurar unos cursos
de ESO en que, en este momento, convive un promedio migratorio del 45
% con los restos difíciles del sistema. ¿Esta selección no condiciona
a las clases medias para el ejercicio de su "libertad" de elección?
Coyunturas de la "calidad"
Tal
circunstancia determina, desde luego, el ventajismo que se solapa al emplear
comparativamente el tan anhelado objetivo de la "calidad". Menos
vale convertir estos varemos estadísticos en queja añorante, al margen
de las realidades cambiantes que rozan el inquietante presente. Si el
pasado educativo hubiera sido mejor y bastara con restaurarlo, ¿a qué
pasado volver? ¿Al del barroco? ¿Al del gótico?… ¿Al del "estado
natural"? ¿Al hobbesiano homo homini lupus?
Pongamos, no
obstante, en el haber de "la calidad" de un colegio cuestiones
de ubicación medioambiental y pocos serán comparables al "Isabel".
En el cerrillo de S. Blas, al sudoeste del Retiro, facilita todavía la
frecuente enseñanza al aire libre y el contacto peripatético inmediato
con el Observatorio astronómico, el Jardín botánico y los Museos del Prado,
Reina Sofía y Thyssen-Bornemisza. Quienes inauguraron este centro en el
curso 1928-29, vinculados a la Institución Libre de Enseñanza, tenían
buen ojo. Y creencia sincera en las potencialidades de la educación. No
sólo la ubicación elegida lo demuestra; también la dotación originaria.
La arquitectura del edificio matriz, la posición preeminente de su biblioteca
y la modernidad de sus laboratorios, son la mejor expresión de cómo debiera
acompañarse siempre la presunta fe en la educación de una voluntad gestora
coherente. El "Instituto-Escuela: sección de Retiro" -que así
se llamó hasta el 4 de abril de 1939 este centro- era de tal "calidad"
que, junto con su homólogo del Hipódromo -hoy llamado "Ramiro de
Maeztu"-, suscitaba no pocas envidias y controversias en aquel momento.
En el fondo -y en las formas-, no muy distintas de las actuales.
La cuestión…
Por ello, lo que más acucia a la comunidad escolar del
"Isabel" es su probable deslocalización. También Álvaro Siza,
al diseñar la remodelación del eje Prado-Recoletos, ha captado la envidiable
ubicación de este colegio público. Si sigue adelante la concepción original
de este proyecto y si el Ayuntamiento no tiene a bien reconsiderarlo,
tras las pertinentes alegaciones al mismo presentadas por los alumnos,
padres, profesores y dirección del centro, su tiempo en la localización
actual está contado. Tal vez la Comunidad de Madrid dificulte esta megalómana
actuación, sobre todo si no encuentra acomodo para escolarizar su amplio
colectivo de alumnos. Pero todo es improbable.
Lo cierto
es lo que está en el proyecto: en esta operación urbanística -pretextada
en la preocupación por remozar el capital turístico más relevante de Madrid-
la rentabilidad económica de la deslocalización del "Isabel"
pasa por dejar en segundo plano el actual valor socioeducativo de su espacio.
Como en otras deslocalizaciones, prima la perspectiva economicista. La
molestia que conlleve -"trabajamos por usted"- es un mero coste
de oportunidad, un sacrificio menor en aras de la expectativa de negocio…
de unos pocos. Un valor ante el que es irrelevante, al parecer, la historia
del lugar, la memoria de los que lo han vivido o lo estén viviendo.
¿Puede
lo hermoso ser democrático?
Los
afectados se preguntan si no sería más rentable emplear parte de los cuantiosos
recursos de este proyecto recalificador en las instalaciones educativas
existentes, sobradas de dejadez. Sabedores de que la "calidad"
necesita cuidados -y más si se parte de carencias muy diferenciales respecto
a otros colectivos sociales-, les gustaría saber por qué no se toma ejemplo
de la propia historia del centro para que la experiencia de quienes en
él se educan pueda ser hermosa, en vez de privarles de lo bello que todavía
tienen. Puestos a modernizar -y sin minusvalorar la trayectoria del Sr.
Siza-, ¿por qué no se "modernizan" los cuatro pabellones añadidos
al original? Es evidente que deslucen en ese espacio significativo, pero
sería mejor solución -paisajística y cívica- que el tirarlos sin más y
trasladar su actual función educativa a cualquier lugar residual, que
siempre será más feo tanto estética como éticamente.
Esta comunidad escolar consideraría una estafa democrática
que, en nombre de un dudoso cambio hermoseador, se la privara injustificadamente
de este espacio cívico sobradamente acreditado durante más de 75 años.
Entiende que sería un paso más en la guetización discriminatoria a que
los responsables de la educación madrileña están conduciendo a éste y
a otros centros públicos. ¿Es que es un desperdicio -dicen- que este hermoso
e histórico espacio esté siendo empleado para el intento educador de los
sectores más desfavorecidos? ¿Se les quiere demostrar que son ciudadanos
de "otra" categoría?
Los experimentados en la desaforada vacilación municipal
del construir y deconstruir el tejido urbano, dudan de que se sepan conjugar
sus demandas y alegaciones, más democráticas -creen- que muchos designios
equívocos de sus munícipes. Pero, para el caso de que suceda como desconfían,
no quisieran que la memoria de lo educativo se desubicara y desvaneciera
con el propio centro. Algo les compensaría que Ayuntamiento, Comunidad,
Ministerio de Educación y otras instituciones tuvieran a bien ponerse
de acuerdo, al menos, en que el edificio matriz del Instituto-Escuela
fuera preservado para "Centro Documental de la Educación Española
del Siglo XX". La documentación de archivo que alberga, la biblioteca
histórica y una significativa parte de sus laboratorios bien podrían servir
de base fundacional de una institución de estas características que, a
modo de museo pedagógico especializado, tratara de recoger, archivar,
catalogar y exponer dignamente otros muchos materiales dispersos, relativos
a ese período crucial de la historia educativa común de todos los españoles.
Sin duda, sería una magnífica contribución a la investigación y conocimiento
del pasado de nuestra microhistoria, inatendida tantas veces por la Historia.
Con esta continuidad alternativa, la desoladora desazón que les causa
el proyecto remodelador del Prado tal vez se amortiguara un poco. ¡Suerte!
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