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Madrid. M. GIRON
Los
profesores españoles, junto a los portugueses, alemanes y franceses son
los que reciben un salario medio más alto de toda Europa, según refleja
un estudio sobre los sistemas educativos europeos presentado por la Fundación
La Caixa.
Según
uno de los directores de la investigación, el doctor de la Universidad
de Barcelona Joaquim Prats, pese a tener un salario que se sitúa en la
franja alta europea, los profesores españoles sufren “malestar docente”,
es decir, entienden que su trabajo está poco reconocido y sus condiciones
laborales no son las idóneas.
A
pesar de cobrar menos, los profesores holandeses o finlandeses no padecen
esta situación de “malestar”, ya que entienden que cuentan con el suficiente
reconocimiento social a su labor, según Prats.
Además,
explicó que en España el sueldo medio de inicio de un profesor es alto,
mientras que el de salida, cuando causan baja o se jubilan, es bajo en
comparación con la media europea, donde existe una mayor progresión.
En este
estudio, Prats y el experto en educación comparada de la Universidad de
Barcelona Francesc Raventós, han analizado el sistema educativo de España,
Francia, Inglaterra, Holanda, Bélgica y Alemania.
Problemas
comunes
Según
constatan, en Europa se detectan problemas comunes como la falta de motivación
y el fracaso escolar de los alumnos en edades comprendidas entre los 12
y los 16 años.
Otros
problemas comunes en los sistemas educativos europeos son la incorporación
de la formación profesional en el sistema productivo o la integración
de la inmigración que se une a otros emergentes como la violencia en las
aulas.
Frente
a estos problemas “no existe una piedra filosofal para encontrar la solución”,
lo que ayuda, afirmó Raventós, es conocer como afrontan los problemas
comunes el resto de los países y reflexionar sobre los caminos “más adecuados”.
Para
los autores del estudio, los datos reflejan que de una “obsesión cuantitativa”
por la escolarización del ciudadano entre los años 50 a los 80, se produce
desde entonces una tendencia que prioriza la competitividad y la calidad,
en ocasiones con perjuicio para la igualdad de oportunidades.
En
cuanto a España, hay que destacar que si en 1975 cerca de 2’3 millones
de españoles mayores de 16 años eran analfabetos, 30 años después, la
escolarización de los menores de esa edad es total.
“Se
ha logrado garantizar una escuela de mínimos”, aseguran, pero el reto
es ahora lograr algunos de los requisitos óptimos, de los que, según indicadores
manejados por los autores, como el informe PISA, “aun se está muy lejos”.
Inversión
educativa
El
gasto medio por alumno en España se encuentra 1’3 puntos por debajo de
la media de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económico (OCDE) y en torno al 30% de los alumnos de secundaria no consiguen
el título de graduado. Curiosamente, el estudio demuestra que no hay una
relación directa entre inversión y rendimiento. De hecho, señala que los
dos países que más es gastan en enseñanza, Dinamarca y Luxemburgo, no
están entre los que mejores resultados logran.
Sin
embargo, pese a las “grandes carencias” del sistema educativo español
como el bajo nivel de excelencia, los autores destacaron el gran trayecto
conseguido desde la instauración de la democracia, ya que, según constataron,
se ha logrado en 25 años lo que otros países maduraron desde el final
de la II Guerra Mundial.
En
cuanto a la inmigración, los autores consideran que ni el modelo multicultural
aplicado en el Reino Unido, ni el intercultural, defendido en Francia,
han demostrado su validez. Por eso, alertan de la necesidad de aplicar
planes específicos, porque es un fenómeno reciente en España que, de no
atajar sus consecuencias, los resultados académicos de los alumnos españoles
darán un bajón cuando los hijos de los inmigrantes lleguen a la edad de
evaluación de informes como PISA.
Para
los directores del informe, la violencia en las aulas se debe contemplar
como un problema “emergente”. “Las coacciones morales, el empleo de la
fuerza física para abusar o dominar, las agresiones, se manifiestan con
demasiada frecuencia y de manera contundente en determinadas zonas de
algunos países”, aseguran. Su consejo es “menos recetas mágicas y más
ideas innovadoras”.
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