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lo
hacía-, para reflexionar sobre lo que decía. La mayoría de árabes, enfrentados
a la pregunta de un periodista, decían lo primero que se les pasaba por
la cabeza por miedo a parecer ignorantes si no respondían en el acto.
Bin Laden era diferente. Era alarmante porque estaba poseído por esa cualidad
que lleva a los hombres a la guerra: una autoconvicción absoluta. En los
años siguientes, vería a otros manifestar esa peligrosa característica
–pienso en Georges W. Bush y Tony Blair-, pero nunca con la funesta determinación
de Osama Bin Laden”. Segundo encuentro con Bin Laden (Verano 1996), recogido
en el capítulo “Uno de nuestros hermanos ha tenido un sueño” de La
Gran Guerra por la Civilización, de Robert Fisk: una asombrosa capacidad
de transportar imágenes a lomos de frases estructuralmente sabias y una
sinceridad que rompe rituales de expresión en el medio periodístico; una
voz impagable que ha atravesado el oscurantismo y la perversión de un
Occidente colonizador y traidor para asombrarse ante el mundo que, dibujado
fundamentalmente en las negociaciones que siguieron a la Primera Gran
Guerra y roto de forma continua en las múltiples guerras de “baja intensidad”,
tenía que conocer y transmitir.
Control
del poder
La
publicación estos días por la editorial Destino de La Gran guerra por
la Civilización. La conquista de Oriente Próximo constituye ese tipo
de acontecimiento cultural que amplía de forma contundente las posibilidades
de un pensamiento autónomo e intelectualmente maduro a una sociedad. Entre
el documento histórico, el reportaje directo y el ensayo social y político,
el inmenso libro que estos días se ha presentado en nuestro país, en sus
versiones en castellano y catalán, acoge el mejor tratado sobre el porqué
el Oriente Próximo ha llegado a constituir ese embalse de terror y sufrimiento
para el observador occidental: 1511 páginas realizadas sobre más de 350.000
documentos, notas, archivos y escritos; tres décadas de trabajo como corresponsal
de The Independent, The Times, The Irish Times, London
Review of Books, The Nation de Nueva York y, en los últimos
años, La Vanguardia española; cientos de situaciones, personajes
y datos que alumbran definitivamente aspectos incluso negados en el ámbito
de lo oficial. Y, siempre, desde la absoluta convicción de que el periodismo
sólo tiene sentido si se ejerce desde el control de los centros del poder,
desde el desafío a la autoridad, para defensa de los derechos civiles
y de la absoluta verdad.
Veinticuatro
capítulos
Mapas
que sitúan al lector, una cronología de los principales hechos acaecidos
en esta zona geopolítica, notas que certifican cada dato importante aportado
y un índice analítico dan el marco necesario de fidelidad a un texto que,
dividido en veinticuatro capítulos-temas, repasa desde la experiencia
y la memoria histórica los escenarios sucesivos en los que se ha desarrollado
esta cruel y brutal conquista de la realidad del Oriente Próximo. Una
conquista, una sucesión interminable de conflictos bélicos, que resuena
peligrosamente en muchas otras situaciones de la Historia reciente como
Fisk recuerda en el prólogo: “Tras la victoria aliada de 1918, al final
de la guerra de mi padre, los vencedores dividieron las tierras de sus
antiguos enemigos. En el espacio de sólo diecisiete meses, crearon las
fronteras de Irlanda del Norte, Yugoslavia y la mayor parte de Oriente
Próximo. Y he pasado toda mi carrera profesional –en Belfast y Sarajevo,
en Beirut y Bagdad- viendo arder los pueblos en el interior de esas fronteras.
Los Estados Unidos invadieron Iraq no por las míticas armas de destrucción
masiva de Sadam Hussein –destruidas desde hacía tiempo-, sino para modificar
el mapa de Oriente Próximo.” Y, continúa: “Los gobiernos quieren que sus
ciudadanos vean la guerra como un drama de opuestos, bien y mal, “nosotros”
y “ellos”, victoria o derrota. Sin embargo, la guerra no es algo que trate
ante todo de la victoria o la derrota, sino de la muerte y el hecho de
infligir la muerte. Representa el fracaso absoluto del espíritu humano”.
Y esta es la gran y radical apuesta desde la que Robert Fisk ha escrito
La Gran Guerra por la civilización.
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