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La apuesta por el profesorado

Por lo que he podido leer, la última Semana monográfica de la Educación de la Fundación Santillana ha abordado el recurrente informe PISA y sus resultados, así como diversos aspectos que influyen en la mejora de los sistemas educativos. Uno de esos aspectos son las políticas de profesorado y su formación. Las ponencias presentadas al respecto inciden sobre todo en cuestiones como el reconocimiento social de la función docente, algo que por primera vez, al menos, se recoge en el texto del proyecto de la LOE. Según se ha señalado en este encuentro de expertos educativos, una buena parte de los profesores tiene la percepción de que la Administración se desentiende de sus problemas y solo le preocupa que todo grupo de alumnos tenga un profesor durante el tiempo lectivo, algo que provoca como poco inseguridad y escepticismo entre la profesión y que no favorece en absoluto el que asuman responsabilidades dentro de un sistema educativo cada vez más complicado y exigente, un sistema que requiere cada vez un mayor grado de implicación y de actitud innovadora.
Por tanto, sin ese reconocimiento y ese apoyo por parte de todas las Administraciones –central, autonómica, local...- va a ser muy difícil que triunfe esta u otras reformas educativas. Y es que los profesores quieren –queremos- conceptos claros en forma de criterios adecuados y ecuánimes, normas justas, una gestión eficaz, directores y equipos directivos respaldados y apoyo frente a las nuevas conductas ¿No es hora de que la Administración se moje en temas como las presiones o agresiones que tienen que sufrir algunos docentes por el simple hecho de ejercer su profesión? ¿Deben ser los docentes los eternos perdedores en esta historia?
Es verdad que hay que actualizar la formación inicial y permanente del profesorado –en el caso de Secundaria el modelo de decimonónico- y que el futuro Estatuto de la Función Docente contemplará muchas de estas situaciones; pero no es menos cierto que si la Administración no hace una apuesta decidida por el profesorado como factor clave del sistema, cualquier nueva ley educativa se convertirá solo en un parche.

Eusebio Maldonado
Madrid

 
     
   

Cansados y aburridos

Al final se ha logrado casi un acuerdo sobre los puntos básicos de la Ley Orgánica de Educación, pero el espectáculo de enfrentamiento dado por algunas fuerzas políticas y determinados sectores de la enseñanza tiene que ser un claro ejemplo de cómo no se deben hacer las cosas. Los que no dedicamos a la labor de enseñar estamos cansados y aburridos de tanta descalificación política y de tanta lucha ideológica. Ya son más de veinte años de poner a las clases de Religión como aspecto clave de cualquier reforma del sistema educativo.
Por otra parte, las demandas económicas de un determinado sector de la patronales de la enseñanza demuestran que la protesta es un buen camino para alcanzar sus pretensiones, pero el fin no justifica los medios. No se puede utilizar la demagogia para derribar una reforma basándose en argumentos como el fracaso escolar, el derecho a la libertad para elegir centro y el citado ejemplo de la asignatura de religión, que de tan reiterado comienza a ser insufrible.
Esperemos que a partir de ahora, con las aguas más calmadas, la reforma siga su curso, acabe aprobándose y más tarde, aplicándose. Porque de su aplicación es de donde se podrán obtener resultados, podremos ver que cosas funcionan, que aspectos es necesario modificar, mejorar o relegar. Pero para ello debemos estar todos de acuerdo, remar en la misma dirección.
Aunque no la comparto en su totalidad, si hay algo positivo en esta nueva ley educativa -espero sea la última en muchos años-, es que se quiere reforzar la autonomía de los centros docentes y mejorar la formación del profesorado. Ojalá que no se quede en papel mojado, algo de lo que desgraciadamente tenemos muchos ejemplos en el mundo de la educación.

Ángel García Núñez
Madrid

 
       
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