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Madrid.
JULIA FERNÁNDEZ
Sin miradas
sesgadas sino de la amplitud que la Historia merece se presenta ante el
visitante la poderosa reflexión que, acerca de la biografía y de la época
de Cervantes, ha acometido la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales.
Un retrato vigoroso de esa España social que ya en 1656, muy pocas décadas
después, definía Bartolomé de Góngora en su El corregimiento sagaz:
“Dejando yo ahora los varones heroicos en todo género de aquel siglo del
prudente Rey don Phelipe, baste decir que en él floreció el mismo Rey
en quien hago epílogo más escogido (en su modo) de aquella edad a mi parecer
Siglo de Oro”. Un edad de oro que Cervantes comprendió casi en su totalidad
y que esta muestra resume para el español contemporáneo a través de la
óptica de la “historia de la vida cotidiana”; aquella que refleja todos
los aspectos relativos a la cultura material y a las costumbres que formaban
parte de los modos de vida de los hombres y mujeres del periodo que se
estudia; desde la perspectiva de las élites privilegiadas y, sobre todo,
desde la de los grupos sociales que vivieron en esa época; la del Siglo
de Oro; la de un Cervantes que absorbió su vida entera y la supo plasmar
como nadie en los tipos, situaciones, gestos y ambientes del libro canon
de la literatura; El Quijote versus su España y a la inversa.
Memoria
colectiva
En
las salas del Centro Cultural de la Villa de Madrid, patrocinada por Endesa
y la Fundación Santander Central Hispano y con apoyo del Ayuntamiento
de Madrid, se despliega estos días El mundo que vivió Cervantes,
la muestra que sella el largo y fructífero homenaje que la sociedad española
a través de sus instituciones ha realizado al cuarto centenario de la
publicación de la primera parte de El Quijote y que ha tenido como comisaria
a la académica de Historia y Lengua Carmen Iglesias, situándose al frente
de un equipo de investigación en el que están Gonzalo Anes, Fernando Marías,
Jean Canavaggio, Carmen Sanz, Feliciano Barrios, Maximiliano Barrios,
Enrique Martínez, Hugo O´Donell, Enrique Rúspoli, Eva Velasco, Javier
Lázaro además de un nutrido grupo de historiadores. Una reflexión de rigor
académico que trata de significar esa memoria colectiva que “no es –como
aclaró en el acto de presentación de esta exposición su coordinadora Carmen
Iglesias- la suma de las memorias individuales sino el poso que queda
de todas ellas”, y que ha contado con el apoyo de casi un centenar de
organismos públicos y privados que, en muchos casos de forma excepcional,
han cedido piezas para su configuración.
Conductor
y guía
Con
“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme...” y el
segmento dedicado al entorno y los valores de un hidalgo de provincias
como Alonso Quijano, da comienzo el recorrido de esta muestra de cerca
de cuatrocientas piezas entre pinturas, esculturas, ropas, tejidos, armaduras,
libros, manuscritos, muebles y objetos de distinta naturaleza realizados
entre fines del siglo XVI hasta la primera mitad del siglo XVII, que recrean,
a modo de capítulos de El Quijote, el singular estar de esta época histórica.
Desde la vida
en el campo y en la ciudad a fines del siglo XVI, con la situación muchas
veces ambigua de un hidalgo provinciano; la atracción de la Corte o de
las ciudades para intentar la mejora social o, simplemente, para sobrevivir;
las armas y las letras como alternativas básicas en una sociedad estamental,
belicosa y culta al tiempo; el amplísimo mundo de los marginados y de
los que se mantienen en equilibrios inestables dentro de la sociedad jerárquica:
pobres, pícaros, moriscos, judíos, gitanos, enfermos, pecadores, cautivos
y presos de las diferentes justicias; la situación de las mujeres –que
tanto peso tuvieron en los avatares vitales de Cervantes-; a las imágenes
de ocio y entretenimiento de la época, especialmente del teatro...
Y también,
los avatares más señalados de la existencia de Cervantes: la de viajero
forzado que debe conocer desde muy joven las riquezas culturales de la
Italia barroca; la del soldado que pretendió fortuna a través del servicio
de las armas o la del poeta que persiguió éxito y fama en los corrales
de comedias...trayectorias todas que no pueden explicarse sin el anterior
compendio realizado sobre el complejamente rico panorama de la apasionante
y barroca época en que reinaron Felipe II y Felipe III.
Siete grandes
capítulos para la interpretación de una sociedad que este escritor manco
de Lepanto supo transmitir como nadie en sus escritos: es su España y
su mirada el auténtico guía y conductor de la muestra.
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