El informe PISA 2003, estudio comparativo de 41 países desarrollados, dado a conocer por la OCDE, sitúa a los escolares españoles de 15 años en mal lugar en cultura matemática y en comprensión lectora, confirmando así lo que ya se apuntaba en el informe del año 2000. Desde este punto de partida, el autor abre un espacio de reflexión sobre la oportunidad que esta realidad ofrece para suscitar un debate que fructifique en una acertada y eficaz reforma de nuestro sistema educativo.

El informe PISA: una oportunidad para el debate y la reforma en la educación

José Manuel Cabada Álvarez
Director del CAP de Colmenar Viejo (Madrid)

L informe PISA 2003, elaborado

por la OCDE, ha tenido amplia repercusión mediática y, en un tiempo, ha superado el debate educativo que está desarrollando el Ministerio de Educación y Ciencia. “Suspenso”, “fracaso” “escándalo, “a la cola”, “el sistema educativo hace aguas” fueron titulares de prensa y apertura de informativos. Pasado el efecto mediático, con la profusión de tintes dramáticos, vuelve la calma; la educación regresa a donde suele estar, no entre las prioridades de los españoles sino bastante abajo, tanto para los políticos, aunque algunos se esfuerzan por demostrar lo contrario, como para todos los españoles, y aquí no hay otros a quienes  podamos echarle la culpa.
El informe PISA languidece entre las interpretaciones de las administraciones educativas, y en los análisis de los profesionales de la educación y sus organizaciones. Todos lo aceptan, todos ya lo sabían o esperaban, ninguno se considera responsable y casi todos buscan culpables en los demás.
Desde la lectura política, unos consideran a la LOGSE y a los Gobiernos del Partido Socialista como los responsables de las evaluaciones obtenidas, otros los atribuyen a los ocho años de gestión de Gobiernos del Partido Popular (mejores calificaciones en 2000 que  en 2003).
Desde planteamientos progresistas estos resultados se deben a la escasa financiación de la educación, y  desde otros más conservadores, los atribuyen a la mala gestión, no se controla el gasto, que ya es mucho, e incluso si se gestiona bien, se puede reducir el gasto y justificar, en nombre de gestión de calidad, el descenso de inversión en educación.
Las administraciones educativas alegan que estos informes internacionales están basados en una evaluación externa con criterios que no reflejan toda la proximidad a la realidad.
Los padres culpan a los profesores por su formación no adecuada y por su falta de motivación. Los profesores aducen que los resultados negativos se deben a que los padres no participan en la educación de sus hijos, que abandonan sus responsabilidades en los centros y que no colaboran con los profesores. Padres y profesores alegan, con distintos argumentos, que los alumnos no se esfuerzan y  que no tienen motivación ni interés.

Comprensión lectora

El informe PISA valoraba la competencia lectora a través de pruebas de comprensión global (ideas principales…), de la obtención de información específica (núcleo, fin..), de la elaboración de una interpretación (integrar informaciones..), de la reflexión sobre el contenido del texto y su desarrollo (argumentar..)  de la deliberación sobre la forma de un texto (análisis crítico y del autor) y de su aportación personal (intereses, actitudes, sentimientos..).
Dos terceras partes de los ítems se remiten a los textos “continuos” (narración, exposición, argumentativo, persuasivo..) y la otra tercera parte a textos “discontinuos” (listas, diagramas, esquemas, guiones, anuncios...). No es de extrañar que con estas evaluaciones e ítems los resultados no sean positivos, dada la metodología y las estrategias que se utilizan, en muchos casos, para y en  la lectura.
La lectura, las lecturas, nacen en Educación Infantil y han de ser objeto de aprendizaje en Educación Primaria, en Educación Secundaria y en la Universidad, e incluso después.
Los profesores de Lengua se quejan del poco tiempo del horario que se dedica a la asignatura, del escaso tiempo para la lectura, en el colegio y en casa; de que tanto padres como otros profesores consideren que el aprendizaje de la lectura y escritura se limita a determinados cursos y que ya sirve para toda la vida; de que otros profesores circunscriban el aprendizaje de la lectura y escritura a la asignatura y al profesor de Lengua y que por lo tanto no asuman su papel y responsabilidad, y de que la lectura y escritura se centren de forma muy exclusiva en el libro de texto.
Los especialistas y profesores de Lengua motivados e innovadores echan en falta un contexto de comprensión y expresión lectora, escrita y también oral, útil para aprender las tareas escolares pero no en exclusiva, necesario para comprender y manejar textos que faciliten el interés y la motivación por leer y escribir, conveniente para desenvolverse en situaciones sociales y para el buen manejo en el medio social próximo y cercano, productivo para guiarse en contextos nuevos y diversos, adecuado para entender y “elegir” los medios de comunicación escrita y audiovisual, apto para resolver las situaciones administrativas, burocráticas o de gestión de su vida de estudiante y de ocio.

Matemáticas

En cultura matemática, el informe PISA pretendía, en síntesis, valorar: la competencia de los estudiantes para utilizar su saber matemático en la resolución de problemas. Para ello evaluaba contenidos matemáticos de: cantidad, espacio, forma, cambios y relaciones, incertidumbre. Además se intentaba medir la actitud de los estudiantes hacia las matemáticas: interés y satisfacción por el trabajo en matemáticas, motivación instrumental hacia el trabajo en matemáticas y autoestima respecto al conocimiento en matemáticas. En todos estos indicadores los resultados han sido bastante inferiores a la media de la OCDE. La primera respuesta de los profesores de matemáticas es unánime: “en nuestros centros no se estudian estos contenidos ni se valoran estas actitudes” ¿quiere esto decir que los equivocados son ellos? No, quiere decir que en el informe PISA se valoran los “aprendizajes” de los alumnos y que aquí se trabaja en la “enseñanza”, que un buen profesor de matemáticas no es el que más suspende sino el que consigue que sus alumnos aprendan y por tanto que no suspendan.
Se reconoce que los profesores de Educación Infantil y Primaria no adquirieron una formación sólida en matemáticas en su formación inicial, que los profesores de matemáticas de secundaria en su formación académica, no adquirieron competencias en didáctica, en metodología, en cómo los alumnos aprenden y en cómo se organiza un aula.
Casi todos han recorrido antes el camino que practican ahora, “enunciar”, “memorizar”, “comprender”, que no es el que conduce al éxito, y siguen centrando su actividad en la exposición verbal y en la pizarra, que continúan “interpretando” los libros de texto, que han dedicado poco tiempo a la geometría y a su manejo, que consideran que algunos contenidos están vacíos o sin proyección, que no tienen tiempo o no lo han dedicado a generar dudas, buscar desafíos y establecer retos a nivel individual y de grupos de alumnos con actividades atractivas, creativas y rigurosas, y siempre con resultados, que pueden ser divergentes.
Estos datos parciales del Informe se apuntan, para afirmar que la mejora de los resultados no se debe plantear solo desde la actuación de los profesores ni tampoco desde la de los alumnos. También para advertir que el Informe Pisa no ofrece información suficiente para saber si la educación es o no es de calidad para todos.

Fracaso escolar

La primera reacción ante los resultados del informe PISA, la más fácil, la de siempre, fijarse en los alumnos; son ellos los que fracasan (como en el fracaso escolar), la culpa es siempre del alumno y toda. Sin embargo el fracaso está en el sistema educativo o incluso más, en la paralización social ante la educación; y sólo desde ahí puede venir la solución: de la movilización social por la educación.
No se trata, por insuficiente, ni de cambiar el currículo, ni de que se formen mejor los profesores ni siquiera de que se aumente significativamente la financiación de la educación.
Se trata de una movilización de la sociedad por la educación, que sitúe a la educación en el centro de las  preocupaciones, en la prioridad de una sociedad libre, culta, creativa, productiva y justa.
Desde la gestión política, tuvimos una Ley de Enseñanza Primaria desde 1945 hasta 1970, ¿obligatoria? hasta los diez años de edad, en el año 1970, Ley General de Educación, que tenía en su título también “Financiación”, y que con muy poco de financiación extendió la escolarización obligatoria hasta los 14 años. En el año 1985 se aprueba la Ley Orgánica del Derecho a la Educación (LODE) en 1990,  la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE) y en 1995 la Ley Orgánica de la Participación y Gobierno de los Centros (LOPEG), y la obligatoriedad se extiende hasta los 16 años. La Ley Orgánica de Calidad de la Educación (LOCE) en 2001, modifica la LOGSE pero el Gobierno del PSOE paralizó su aplicación en dos años, con lo que pretende derogar las cuatro leyes educativas y refundirlas en una. La tramitación y el consenso con las Comunidades Autónomas, llevaría a su implantación paulatina a partir del curso 2006-2007.
El Ministerio de Educación y Ciencia elaboró el documento “Una Educación de Calidad para todos y entre todos. Propuestas para el debate”, abierto a la participación de los agentes sociales, de las instituciones comprometidas con la educación, de todos los docentes y profesionales de la educación, de las familias y de todos los ciudadanos. Se iba a cerrar en diciembre pasado y se prolongó hasta marzo. El debate auspiciado en unas Comunidades Autónomas, y desamparado e incluso abandonado en otras, llega a su final con consideraciones de suficiente para unos, insatisfactorio para otros, y de insuficiente para los que se opusieron y no participaron.

El debate nacional

Hoy la escuela de todos, la educación de todos, exige la participación de todos. Si en la educación de hoy deben de primar los valores democráticos, sus leyes, las reformas educativas tendrían que tener un talante democrático, un valor democrático superior a las mayorías parlamentarias. Es necesario un debate nacional sobre educación en España. En Francia, en le verano de 2003, el Presidente de la República, Jacques Chirac expresó su deseo de reformar la Ley de Orientación en vigor desde 1989 que no se había desarrollado del todo y que no tenía soluciones para nuevos problemas. Encomendó a una Comisión independiente del Gobierno la organización de un gran debate nacional para que cada ciudadano francés pudiese dar su opinión sobre la escuela y la educación, y que a partir de ese debate se definiesen los ejes para mejorar la escuela y la educación. La Comisión propuso 22 temas para el debate, desde los valores que debe transmitir la escuela hoy, hasta la formación de los profesores y el sistema de contratación. A lo largo de seis meses y con una gran campaña mediática en prensa, radio y televisión para conocer el lugar, hora y día de cada debate, cerca de 1.500.000 personas participaron en los debates, con una media de 80 por acto.
Se completó el debate con el acceso a la página Web de la Comisión, con correo ordinario, con actos de organizaciones y asociaciones,  con los tratamientos políticos en el Parlamento, en el Senado y en la Asamblea Nacional y finalmente con encuestas a personas y colectivos que no participaban en el debate.
Hace falta un debate para ponernos de acuerdo, todos, en lo que es hoy educación y para qué, los padres, los profesores, los agentes sociales e incluso los alumnos. La educación es algo muy importante, como para no concentrar todas las energías en ella. Por su trascendente valor, no puede dejarse en la  responsabilidad  única de los partidos políticos, ni de las administraciones educativas, ni siquiera los profesores. Tienen que participar y responsabilizarse, otras organizaciones relacionadas con la cultura, los medios de comunicación, responsables del medio ambiente, de la salud; los que tienen competencias en urbanismo y equipamientos urbanos, las empresas e industrias, los que se encargan de los deportes y el ocio... cada uno de los todos.
Desde los ámbitos internacionales, tanto la OCDE como la UNESCO ponen el acento en las competencias clave para la educación y determinan de forma explícita que los fines deben basarse en las competencias para poder ejercer la ciudadanía, por lo tanto no sólo competencias en el ámbito académico sino en el de desarrollo personal y social. Competencias  del informe Delors: aprender a conocer, a hacer, a convivir, a ser.

Calidad

Calidad es la palabra mágica, a la que todos recurren, pero que cada uno interpreta según sus conveniencias. Cecilia Braslavsky, XIX Semana Monográfica de la educación, Fundación Santillana “una educación de calidad es aquella que permite que todos aprendan lo que necesitan aprender en el momento oportuno de su vida y de sus sociedades y en felicidad” Ser feliz no es sinónimo de ser hedonista. Se puede ser feliz ejercitando tareas rigurosas, adquiriendo nuevos conocimientos, interpretando obras de arte, resolviendo situaciones nuevas, ayudando a otros, vinculándose en trabajos colectivos, manejando nuevas estrategias.
Otros dicen que la LOCE, ley de calidad;  se fundamenta en la recuperación del concepto de esfuerzo, que se había abandonado porque la LOGSE había trasladado el hedonismo social al sistema educativo. La obtención de la mejora de la calidad no se consigue sólo con el esfuerzo de los alumnos, sino con el esfuerzo combinado de los poderes políticos, de las administraciones educativas, de las organizaciones sociales, de los profesores, de los padres y madres y de los alumnos.
Tiene que estar muy explícito a nivel social lo que se pretende en educación y ponernos de acuerdo para desenmascarar a los  tienen otros intereses ocultos: reproducción de clases, selección política, dominación cultural aunque las enmascaran con las pantallas contrarias  igualdad de oportunidades, compensación social, pluralismo político, integración social, derecho a elegir..
Desde el ámbito de la cultura, se pide: respuestas a situaciones cambiantes, desde una cultura clásica a una cultura de la calle y de hoy, desde una concepción homogénea de la población a otra general y multivaria, desde una formación individual a otra colectiva, desde lo experimentado a lo a experienciar, desde el conocimiento cultural del pasado hacia el conocimiento cultural del presente, desde la cultura codificada hacia una cultura a codificar, desde una cultura pasiva a una cultura activa, desde esquemas preconcebidos a la posibilidad de esquemas creativos participativos y liberadores una cultura que permita que cada persona reflexione sobre su propio destinos, de una cultura de adultos a una cultura de adolescentes a una cultura vivida.
Desde el ámbito del empleo se demanda: jóvenes despiertos con iniciativa y dinámicos, con capacidad para detenerse a pensar; jóvenes con experiencias de comunicación, emitir mensajes y transmitir situaciones; con experiencias para obtener y utilizar información pertinente, saber donde obtenerla y como utilizarla; con destrezas en cooperación y colaboración de trabajar con otros para conseguir el mismo objetivo; con prácticas de para identificar los problemas, establecer procesos, planificar soluciones, elegir, equivocarse y volver a acertar;  con hábitos de plantear una cuestión, fijar objetivos y calendario y definir prioridades; con capacidades para examinar y valorar la calidad de un producto o servicio; con determinación para implantar soluciones con eficacia. Jóvenes con experiencias, que no es un contrasentido, lo sería, llenos de contenidos y vacíos de experiencias

La reforma

¿Se puede reformar la educación sin reformar la sociedad? Contestaba Edgar Morín “hasta cierto punto sí... ha de abordarse desde la Universidad, iniciarla en Primaria y después en Secundaría”. Sin atreverme a contradecir a este gran pensador, y en nuestro caso, pienso que las reformas educativas en España no llegaron a buen término, entre otras razones, porque no afectaron a la Universidad. La Universidad estaba al margen de sus futuros alumnos, su organización no cambiaba con los tiempos e incluso se resistía, cediendo o imponiendo su organización la organización por departamentos en la educación secundaria,  el que la calidad de un Instituto se mida en las notas de selectividad en vez de la mayor calidad de todos.... El status superior mantenía que para impartir educación a un alumno de 8, 13 o 14 años no se necesitaba una formación superior porque era una tarea fácil e intrascendente, que era mucho más difícil trabajar con un alumno de 22 años, y mucho más importante.
La cascada de las atribuciones de responsabilidades sobre los problemas que no se resuelven y aplazan o trasladan es lineal, desde la Universidad se “culpa” al Bachillerato, desde éste a la ESO, desde ésta a la Primaria, y por último a la Educación Infantil; y hacia arriba desde junio a septiembre del mismo año, se establecen verjas entre Infantil y Primaria, entre ésta y ESO, entre ésta y Bachillerato, y entre éste y la Universidad, verjas en vez de andamios (Brunner) que faciliten, que ayuden a construir.
Josep María Bricall, Catedrático de Economía Política, elaboró el famoso y arrinconado informe sobre una universidad en la que importaban más los profesores que los estudiantes, una de las razones de su aparcamiento. La declaración de Bolonia, firmada por los ministros de  educación de 30 países europeos, en 1999, estableció los principios fundamentales para la construcción de un espacio común europeo de enseñanza superior, hasta el 2010, que sea coherente, compatible y competitivo. Se establecen cambios en la enseñanza, en la investigación y en la organización de la política universitaria, cambios necesarios para pasar de modelos de enseñanza centrados sobre el profesor a modelos de aprendizaje centrados sobre el estudiante y con la utilización adecuada de las tecnologías de la comunicación. Pasar de lo que quiere enseñar el profesor a lo que necesita aprender el estudiante. Oportunidad para que la Universidad y desde la Universidad se pueda alcanzar la verdadera reforma educativa, desde educación infantil hasta los grados de la Universidad.
Podríamos concluir que tenemos un oportunidad que no podemos permitirnos el lujo de perderla, la de lograr un pacto social, de todos por la educación. Una movilización social por la educación, entre todas las fuerzas políticas a las que hay que exigir capacidad para lograr acuerdos en educación que superen el interés partidista y de legislaturas, entre los agentes educativos, entre los agentes sociales. A ello puede contribuir el Informe Pisa, el debate nacional sobre educación, el desarrollo y aportaciones del documento “Una Educación de calidad para todos y entre todos” del Ministerio de Educación y Ciencia, el trámite y debate parlamentario para la elaboración de la Ley y los cambios en la Universidad por su convergencia europea por la declaración de Bolonia, a cerrar en 2010.
Un momento histórico para la Educación, con movilización de ideas, de planteamientos, de propuestas; sin enfrentamientos, sin mentiras, sin privilegios; con rigor, con seriedad… con educación.

jmcabada@educa.madrid.org

 

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