La realidad de los adolescentes
La FAD organiza un Congreso para analizar la relación de los jóvenes con sus familias, las drogas y las situaciones de acoso y violencia
Casi todos los adolescentes tienen contacto con situaciones de acoso entre iguales, según las conclusiones de un Congreso organizado por la FAD. Además, el sistema sanitario ofrece pocos programas preventivos ante el aumento del consumo de drogas entre los jóvenes que, por otra parte, se sienten satisfechos de la relación con sus padres
y no se ven tan rebeldes como los adultos les imaginan.
Durante los últimos años se ha debilitado la influencia que los “agentes tradicionales” como padres, profesores o sacerdotes ejercen sobre los adolescentes, y ha aumentado la de amigos y parejas. (Foto: Rafael Martínez)

Madrid. G. A.
La Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) y el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales han organizado el Congreso internacional “Ser adolescente hoy”, que ha reunido en Madrid a más de 900 profesionales del ámbito educativo y social. Su principal objetivo ha sido “exponer y debatir  sobre distintos aspectos relacionados con la realidad en la que viven los adolescentes, así como analizar los diferentes fenómenos que conforman su cultura y su escala de valores desde una perspectiva multidisciplinar”. Y, a partir de ello, “proponer estrategias preventivas del consumo de drogas y otras conductas de riesgo social”.
Se han celebrado seis mesas redondas en las que se ha debatido sobre temas como la salud, identidad y diversidad de los adolescentes desde la perspectiva internacional, y la inmigración, el futuro laboral y los estereotipos de equiparación y de diferencia entre chicos y chicas. Y también sobre fenómenos relacionados con los adolescentes que preocupan especialmente, como violencia y conducta antisocial, el culto al cuerpo y los trastornos de alimentación, violencia interpersonal y bullying en la escuela, socialización familiar y extrafamiliar, y consumo de drogas, prevención y salud pública.
El profesor emérito del departamento de Psicología de la Universidad de Massachussets (USA), Augusto Blasi, ha impartido la conferencia inaugural sobre “La construcción de la identidad durante la adolescencia”, y ha aclarado que los entre 12 y 13 años los chicos “no han empezado a desarrollar un genuino sentido de identidad. Sólo unos pocos años después es posible observar una transformación dramática, un cambio total de dirección, no sólo en la forma en que el yo les comprendido, sino también en cómo es percibido y experimentado”.

Reflejo de la sociedad

La clausura ha corrido a cargo del filósofo José Antonio Marina, con la conferencia “La adolescencia como producto diseñado por el mundo adulto”, en la que ha afirmado que esta etapa de la vida es “individualista, tutelada, hedonista, con muchas posibilidades, competitiva, consumista, etc., como consecuencia de una sociedad con estas mismas características”.
En su opinión, los adolescentes son “el molesto espejo de nuestras decisiones”, y toda la sociedad debería implicarse en una “conspiración educativa” de los niños, para lo que sería preciso “restaurar primero la colaboración entre la escuela y la familia y revitalizar los centros de enseñanza”.
El programa se ha completado con otras conferencias sobre “Cómo mirar a los adolescentes sin convertirlos en un problema”; “La violencia de los adolescentes como reflejo de la sociedad adulta”; “Adolescencia producida y adolescencia vivida. Las contradicciones de la socialización”, “El grito de los adolescentes”; y “Del pasotismo a la res pública: los adolescentes como ciudadanos”. Han sido desarrolladas por los profesores Jaume Funes, María José Díaz-Aguado, Carmen Moya, Javier Elzo y Eusebio Megías, respectivamente. También se han celebrado distintos paneles de debate y comunicaciones, donde los participantes en el Congreso han expuesto sus propias experiencias.
De todos estos trabajos los asistentes han extraído una serie de conclusiones y recomendaciones, el las que dicen que es importante “incorporar los argumentos de los adolescentes, su forma de ver, sentir e interpretar lo que están viviendo, al debate social sobre la adolescencia”. Y afirman que “la sociedad tiene que dejar de mirarles como personas débiles a las que hay que defender de los peligros, pues sus necesidades no son las de ser protegidos, sino las de implicarse en la construcción de su futuro”.

Seguridad familiar

Según estas conclusiones, “los adolescentes consideran que la familia les proporciona un espacio de seguridad, y se sienten satisfechos de la relación con los padres”. Pero también creen que “si no hay más comunicación en el seno familiar no es tanto porque los hijos no quieran comunicar, sino porque los padres, a veces, no aciertan a la hora de abordar la comunicación o tienen miedo a abordar el diálogo en profundidad con sus hijos”.Y manifiestan que se ha producido un “debilitamiento general de los agentes sociales tradicionales”, como padres, maestros, sacerdotes, etc., y un desplazamiento hacia otros nuevos, como amigos y parejas.
Por otra parte, la imagen que los jóvenes tienen de sí mismos muestra rasgos de “consumistas”, “egoístas”, con “poco sentido del deber y del sacrificio”, y “pensando sólo en el presente”; en definitiva, “una imagen que se inclina más hacia la baja que hacia la alta estima”. Además, cada vez se perciben “menos autónomos y más dependientes”; no se ven “tan inconformistas, rebeldes o reivindicativos como los adultos les imaginan”; y “ven la entrada en el mundo laboral como la frontera que separa la juventud y la edad adulta”.
Los participantes en este Congreso también han debatido sobre cómo la violencia llega a afectar a los chicos. Han comprobado cómo numerosos estudios apuntan que “la violencia juvenil es una reproducción intergeneracional, y para prevenirla se debe intervenir lo antes posible, sin esperar a la adolescencia”. Y han advertido que “todos los escolares parecen tener contacto con situaciones de acoso entre iguales o bullying, ya sea como espectadores, víctimas o agresores”, mientras que el 34,6% de los escolares dicen que no pedirían ayuda a los profesores si sufrieran acoso de sus compañeros.

Orígenes del maltrato

Según los expertos, existen “tres grandes factores psicogenéticos” que influyen a la hora de verse implicado en fenómenos de maltrato entre iguales: “la ausencia de afecto y calidez durante los primeros años de la vida; la existencia y el uso de violencia física o psicológica en el seno del grupo familiar; y la ausencia de un entorno de normas, guías y controles razonables provenientes de los adultos”. Además, el comportamiento antisocial y violento “no aparece de repente”. La edad es un importante factor a tener, pues la mayoría de los jóvenes cometen sus actos violentos en la adolescencia y abandonan esta conducta a medida que avanzan hacia la madurez que, en determinados casos, “será la mejor prevención y tratamiento”.
Por último, las conclusiones del Congreso recuerdan que “la adolescencia, sensible a la adquisición de hábitos de comportamientos sociales, está expuesta al consumo de drogas, legales o ilegales”, y advierten que se ha producido un incremento del consumo de drogas en la población juvenil, mientras que “existen pocas iniciativas y programas dirigidos a los adolescentes desde el sistema sanitario”. También destacan tres elementos que influyen “decisivamente” en la eficacia del tratamiento y la prevención de los consumos de drogas entre los jóvenes, que son “la adaptación de las metodologías, la implicación de las familias y el equipo de profesionales”.

 

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