Tinieblas para el color

La Fundación Cultural MAPFRE VIDA recoge el arte de cinco décadas sobre la noche y sus símbolos en la modernidad

De la expresión de la irracionalidad, la muerte, la espiritualidad
y el miedo al vehículo expreso de la vitalidad social, la diversión, la calidez del hogar y la singularidad cultural: la noche y sus símbolos, recreados en la pintura española de finales del XIX y principios
del XX, son escenario y personaje de una muestra que retrata el asombroso estreno de la modernidad.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
Alumbrar una distinta visión de la experiencia humana y hacerlo para la reflexión no sólo estética sino también social es la flamante propuesta que la Fundación Cultural MAPFRE VIDA ha organizado bajo el título Luz de gas. La noche y sus fantasmas en la pintura española (1880-1930): una muestra que recoge el poso que el Romanticismo deja en la vivencia de la nocturnidad –con su interés en la pasión y en lo sobrenatural-, que se adentra de lleno en su utilización como símbolo de la modernidad y que sugiere algunos de los más firmes conceptos que a lo largo de la historia ha asociado el ser humano con esas horas de tinieblas y cese, casi general, de actividad.
Como la noche del alma: “Cuando contemplo el cielo/ de innumerables luces adornado/ y miro hacia el suelo / de noche rodeado / en sueño y en olvido sepultado / el amor y la pena / despiertan en mi pecho un ansia ardiente (...). Fray Luis de León. Siglo XVI.
Como la noche apasionada y temida: “Ahora los jardines de la noche van a florecer./ Las líneas, los colores, los sonidos se vuelven imprecisos. / Mira, el último rayo agoniza en tus sortijas. / hermana mía, ¡no oyes algo morir!... Albert Samain. 1893
Y como la noche disfrutada y vivida: “Cabaret. Super-tango locura antorchas centelleo / Alba de la noche. Desnudos. Danza de las estrellas/ Champagne Whisky and soda Guirnalda tulipas/ Surtidor juegos de espejos Día artificial/ Nace la espuma delirante de los colores/ Enlace de miradas Capricho de amor mariposa / Máquina ligera viviente de atractivos que llaman/ Todo esto es un barco Fabrica de placeres.” Rafael Lasso de la Vega. Segunda década del Siglo XX.

Memoria y modernidad

Estas tres concepciones de la noche están concentradas en la selección de más de ochenta lienzos –procedentes de distintas colecciones nacionales y extranjeras, y muchos de ellos inéditos en nuestro país- realizada por los comisarios Pablo Jiménez Burillo, director de la Fundación Cultural MAPFRE VIDA, y Lily Litvak, catedrática de Literatura Española de la Universidad de Texas: un conjunto de expresiones de la nocturnidad que se podrá contemplar en Madrid hasta el 15 de enero y que recoge las imágenes simbolistas del paisaje lunar y sus atmósferas de introspección y ensoñación; las manifestaciones de la intuición de la muerte y lo sobrenatural; y la introducción de la luz artificial en la intimidad familiar y en el entramado nocturno de lo social.
“A finales del siglo XIX, la concepción de la noche cambia radicalmente. La noche es un asunto central de la modernidad, y se convierte en una de las imágenes más emblemáticas, tanto en pintura como en literatura” –afirma Pablo Jiménez en su presentación. Y continúa: “La fascinación por la noche será compartida por todos los artistas modernos. Ya no será el escenario de la oscuridad y el miedo sino el medio de una nueva iconografía que hará avanzar el desarrollo expresivo del arte.” Noche y modernidad en un recorrido que se inicia en las vistas crepusculares y nocturnas de los simbolistas Modest Urgell, Joan Brull, Eliseu Meifrén y Jaime Morera para adentrarse lentamente en la luz artificial del mundo del trabajo de las escenas portuarias firmadas por Luis Graner y Morera, y la que ilumina esas cálidas escenas de intimidad familiar que nos presentan José Jiménez Aranda, Ricard Urgell, Ramón Casas o Sorolla y Picasso.

Negra y brillante

El espectáculo urbano y artificial, pleno de luces y bullicio, dentro del teatro, del café concierto o de la ópera, marcan un capítulo en donde los lienzos de Regoyos, Ramón Casas, Ricard Urgell o Solana reflejan las nuevas situaciones que la modernidad asume como apropiadas en el hecho social nocturno. Y un poco más adelante: la prostitución, los actores y actrices, los payasos, los pobres alrededor del fuego, las brujas, los iluminados, los cretinos y las viudas... todos los personajes que pueblan esta reinventada noche y que se abren paso decidido en las obras de Anglada–Camarasa, Solana, Zuloaga, Nonell o Regoyos. 
Y, para terminar, esa noche del alma –la muerte- que, en este fin de siglo, tiene múltiples caras: como un espectáculo ciudadano más, en la ejecución Garrote vil, de Solana; disfrazada de mujer de luto con alas de mariposa, en Mis funerales, de Viladrich; o a través del beso a la enferma de El beso de la muerte, de Picasso. Una noche que termina extramuros de la ciudad, en las imágenes de las tapias de los cementerios de Rusiñol o Modest Urgell, iluminadas al anochecer, testigos del misterio y de la vibración de lo infinito.
Una vuelta completa al símbolo de la nocturnidad en el arte y en la vida.

 

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