Renovación del canon

La muestra “Juan Van der Hamen y la Corte de Madrid”
asigna un nuevo referente dentro del Barroco pictórico español

Oscurecido por la inconmensurabilidad de Velázquez y mal hadado por su temprana muerte, el madrileño Juan Van der Hamen y León ha permanecido en una situación de relegado dentro del panorama del fructífero Barroco español.
Esta síntesis que ahora exhibe el Palacio Real sobre su arte aclara por fin su auténtico valor.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
Una labor del Patrimonio Nacional en colaboración con la Fundación Santander Central Hispano y un empeño absolutamente personal del profesor William B. Jordan, que a lo largo de cuarenta años de investigación ha estudiado en profundidad la obra y vida de este pintor madrileño de origen flamenco: Juan Van der Hamen y León y la Corte de Madrid, entre la deuda, el cotejo y la confirmación, tiene el halo y la eficacia de una recuperación exhaustiva de un personaje de la cultura y de un extraordinario pintor que, dejado reposar durante tiempo y  sin  mediaciones  del  mercado  o/y  el poder,

reaparece sin dueños, con singularidad propia y el enorme resultado de una escasa década de labor:  “Juan de Vanderhamen y León, Pintor de los más célebres de nuestro siglo, porque en el dibuxo, en la pintura, y en lo historiado excedió a la misma Naturaleza: fuera de ser único en su Arte, hizo extremados versos, con que provó el parentesco que tienen entre sí la Pintura, y la Poesía, murió muy moço, y de lo que nos dexó assí en frutas, como en retrato, y lienços grandes, se colige, que si viviera, fuera el mayor Español huviera avido de su Arte”, escribía Juan Pérez de Montalbán (1602-1638), protegido de Lope de Vega, a la muerte temprana de su amigo Juan Van der Hamen, el único pintor reseñado entre los más de 300 intelectuales que constituyeron el Índice de los ingenios de Madrid. Un pintor amigo de escritores, una mirada extraordinariamente sutil, una pieza maestra del Barroco español y una canónica llamada dentro de la pintura universal: este es el protagonista y el Palacio Real de Madrid, hasta el 22 de enero, su escenario.

Una realidad plural

“Los años de la década de 1620 –en la que se inscribe casi toda la carrera conocida de Van der Hamen- fueron quizás los más interesantes de todo el siglo XVII” afirma el comisario de la muestra, William B. Jordan, uno de los grandes especialistas mundiales en la pintura del Barroco español. Y continúa: “Los historiadores del arte conocen este periodo como el momento en el que Velázquez llegó a la corte de Felipe IV, y empezaba a abrirse camino. Se nos ha enseñado a verlo desde la perspectiva del genio sevillano y a estudiar a los artistas que ya estaban en Madrid cuando él llegó como figuras sobre las que Velázquez puede brillar con toda su intensidad. No obstante, aproximarse a los mismos años, a los mismos acontecimientos, desde la perspectiva de un hombre que fue eclipsado por la fama que Velázquez ha generado a lo largo de los siglos, puede tal vez enriquecer la percepción de la verdadera vida cultural de aquella época tan polémica e intensa”.
Nueva mirada a la espléndida producción del Siglo de Oro y casi presentación en nuestra sociedad de este hijo de un arquero de la guardia de Felipe II que llegó a ser pintor de la Corte del Rey Felipe IV y que alcanzó su gran fama como retratista –llegó a componer una Galería de Hombres Ilustres, que guardó en su propio estudio- permaneciendo, sin embargo, en la memoria del arte por su producción de bodegones, género que introdujo en España y en el que ejerció una gran influencia no sólo en contemporáneos como Zurbarán sino también en las siguientes generaciones como en Antonio Ponce y Juan Arellano.  

Oportunidad única

La muestra que estos días ocupa la Sala de Exposiciones Temporales del Palacio Real ofrece una visión completa de la producción del pintor y asume el gran honor de ilustrar el corto –su vida artística quedó truncada en el 1631, cuando contaba con 35 años de edad- pero fértil espacio en el que trabajó y creó: cincuenta y siete obras, entre Bodegones, floreros y platos, de los que se muestran sus grandes obras maestras de sorprendente modernidad compositiva donde recoge distintas piezas y alimentos para reflejar el ambiente refinado de la hospitalidad cortesana; Retratos, de monarcas, aristócratas, clérigos, poetas (aquí están los de Quevedo y Villegas y Lope de Vega) y personajes curiosos (un enano, Catalina Erauso o la monja alférez); Composiciones de tema religioso, como las conservadas en el madrileño Convento de La Encarnación, recientemente restauradas por Patrimonio Nacional, además de las guirnaldas con la Virgen y el Niño y La Virgen, el Niño y San Antonio de Padua; y de rasgo mitológico, como La ofrenda a Flora.
Una singular muestra y una oportunidad única de conocer a este pintor ya que no sólo están expuestas las obras que integran la colección del patrimonio Nacional sino otras procedentes del Museo del Prado, del Museo de Bellas Artes de Granada, del Museo de Bellas Artes de Pontevedra, de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, del Instituto Valencia de Don Juan, del Convento de Santa Isabel de Toledo y de numerosas colecciones particulares españolas, además de los préstamos realizados por el Museo Meadows (Dallas), el Metropolitan Museum de Nueva York, el Cleveland Museum of Art, la National Gallery de Washington, el Williamstown Museum (Massachussets), la National Gallery de Dublín y el Museo Fesch de Ajaccio. Un catálogo concebido como una tesis completa acerca de la obra y la significación de Juan Van der Hamen en la pintura del Barroco español llevado a acabo íntegramente por el comisario William B. Jordan  acompaña con brillantez este gran acontecimiento de la temporada de exposiciones en España.

 

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