Modelo y aliado

La muestra El Quijote en las aulas recupera el largo y variable
deambular del hidalgo por la educación española

Quijote que sobrevive al duro presidio de la obligatoriedad; Quijote que logra pervivir en el maremagno de la enseñanza escolar; Quijote que sitúa el imaginario; Quijote para beber de la más preciosa fuente y Quijote sin dueño ni señor: El Quijote en las aulas, en la Fundación Francisco Giner de los Ríos, asume la múltiple función que el texto de Cervantes ha tenido y nos la ofrece en una maravillosa exposición.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
En el corazón. Con la confianza del que ha tenido una larga y extrema familiaridad. En el ambiente que mejor resume su papel social y entre las paredes que un día decidieron transgredir normas estrictas de escolaridad. Una muestra para meditar sobre cómo se enseña, a través de qué modelos, con qué tendencias y, hasta, sobre el valor de esa educación: una reflexión que une más de un siglo de experiencias en las aulas y que

acoge el significativo deambular del Quijote a través del espacio de formación escolar y del tiempo que comprenden los dos últimos siglos. En versiones, viñetas sin texto, refranes y fábulas, síntesis y reflexiones, ilustrados o no, el asombroso personaje de Cervantes reúne en su gloria y, también, a su pesar, el peso de ser un referente sagrado para el aprendizaje de la lengua, de la literatura, de la España del Siglo de Oro, de la singularidad de lo español, de la moralidad, de algunos valores patrios, de la victoria de los valores de la tradición y de la añoranza de la gloria que sucumbió. El Quijote y sus avatares en la educación española: una reflexión que estos días, y hasta el 27 de noviembre, realizan la Fundación Francisco Giner de los Ríos, el Ministerio de Educación y Ciencia y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales bajo la dirección de la comisaria Gabriela Ossenbach, del Centro de Investigación MANES, de la UNED, en las salas de exposiciones que la antigua Institución Libre de Enseñanza –hoy Fundación Giner de los Ríos- tiene en Madrid.

Normativa legal

El 6 de marzo de 1920 un real decreto del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes declaraba obligatoria la lectura del Quijote en las escuelas nacionales concretando que “a dicha lectura se dedicará cada día laborable, el primer cuarto de hora de clase, terminado el cual, el Maestro explicará a los alumnos, con brevedad y en términos apropiados para su inteligencia, la significación o importancia del pasaje o pasajes leídos”: El Quijote entraba a formar parte oficialmente del material necesario para la formación del profesor y del escolar; una situación de legalidad para una presencia casi habitual desde la mitad del siglo XIX en que se diferenciaron el latín y los estudios literarios.
El sinuoso, peculiar, agradecido y esplendoroso trayecto que este personaje y sus andanzas han atravesado en los manuales de la educación española son abarcados en esta muestra conmemorativa del IV Centenario de la publicación de Don Quijote de la Mancha en dos grandes secciones dedicadas a la enseñanza primaria y secundaria, además de unos apartados donde quedan reflejados su presencia en las celebraciones escolares, tanto en los institutos de bachillerato como en las escuelas primarias, y una sección dedicada a recoger citas literarias sobre El Quijote y la educación.

Represaliados

Cerca de una quincena de instituciones y coleccionistas privados como la Biblioteca Central de la UNED, la Residencia de Estudiantes, el Museo de Historia de la Educación “Manuel Bartolomé Cossío” (Universidad Complutense de Madrid), el Archivo Histórico de la Fundación Estudio, el Archivo General de la Administración y la Universidad de Murcia, entre otros, están detrás de las más de cien piezas -entre pinturas, fotografías, libros de texto, enciclopedias, exámenes, libros de ejercicios, apuntes de alumnos y ediciones de El Quijote para las clases de primaria y secundaria- que reúne esta exposición que contiene piezas de tan alto perfil como los fondos antiguos del Archivo del Instituto del Cardenal Cisneros, el primero fundado en la capital de España a mediados del siglo XIX y que nos permiten conocer de primera mano cómo se abordaba entonces la enseñanza de El Quijote a través de manuales de lengua y literatura y de ediciones de la obra maestra de Cervantes, o los cinco cuadernos escolares de alumnos prestados por el Archivo General de la Administración, que acompañaban los expedientes de depuración de la época franquista de cinco maestros que enseñaron durante la II República en Escuelas Nacionales de diversos puntos de España.

Pedagogía en acción

Una cita de Marcelino Menéndez Pelayo escrita en uno de los paneles de la muestra -“Don Quijote se educa a sí propio, educa a Sancho y el libro entero es una pedagogía en acción, lo más sorprendente y original de la literatura” (Mayo 1905)- aclara al visitante de El Quijote en las aulas que el personaje, su especial ternura, la indoblegable moral, su incontestable sabiduría superan los avatares políticos, sociales y educativos de la España de los últimos dos siglos: El Quijote ha habitado en cada una de nuestras aulas y reina sin lugar a dudas en nuestro corazón por encima del uso inadecuado, partidista o machaconamente obsoleto de su figura en la educación. Sus huellas en esta muestra así lo verifican.

 

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