Desconcertados ante la educación de sus hijos

Un estudio de la FAD desvela que muchos padres añoran modelos educativos tradicionales

Los “nuevos padres” atribuyen la mala formación de sus hijos al sistema educativo. Confusos e inseguros, añoran la autoridad y la disciplina y reivindican valores ideales, pero son partidarios
Este informe constata que la familia es la que tiene que educar, pero cada vez educa menos. (Fotos: Rafael Martínez)
de la comunicación y de capacitarles para desenvolverse en una sociedad competitiva. No obstante, padres y profesores coinciden en la necesidad de colaborar.

Madrid. R.C.
Los padres de niños menores de seis años no tienen claro el modelo educativo de sus hijos. Esta es una de las conclusiones de la investigación “La brecha generacional en la educación de los hijos”, que ha realizado la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) y la Obra Social de Caja Madrid. El informe, de carácter cualitativo, recoge las opiniones de padres y madres, entre 30 y 45 años, sobre los discursos dominantes, temores, expectativas, deseos y dificultades. El estudio se complementa con las aportaciones y vivencias de maestros de Educación Infantil y Primaria, respecto a la participación y actitudes educativas de los padres de los escolares.
Aunque son conscientes de que una de sus tareas fundamentales es educar a los hijos, de la transcendencia de lo que se aprende en familia y de sus valores, no están seguros de que su capacidad para enseñar alcance los objetivos deseados, porque consideran que la sociedad promueve valores contrarios a los que ellos intentan inculcar. A juicio de los encuestados, los niños “maleados por otros” resultan difícilmente educables.

Modelo tradicional

Elena Rodríguez e Ignacio Megías, autores de la investigación, revelan que los padres añoran un modelo educativo tradicional, que marque límites claros, que recupere la autoridad y la disciplina y que aspire a la autonomía y responsabilidad de los hijos. Pero valoran un clima afectivo y próximo, una comunicación abierta y el respeto por el niño, propio de la relaciones familiares actuales.
Según se desprende de este informe, los problemas enunciados por los padres de escolares menores de seis años coinciden con los que expresan los adolescentes y jóvenes. “Reconocen que los niños vienen con “problemas de serie” y son caprichosos, egoístas y consumistas y que una “fuerza exterior y poderosa”, la sociedad, anula cualquier buen proyecto personal”, explican los autores.

Contradicciones

Mientras reiteran sus buenas intenciones y su cariño, los padres culpabilizan a otras instancias y exigen la responsabilización del sistema educativo. Uno de los mayores conflictos con el que se enfrentan los “nuevos padres” es la contradicción que sienten ante valores positivos, como el respeto, la tolerancia y la solidaridad, frente a otros que consideran necesarios para defenderse en la sociedad actual, como la competitividad y el individualismo. Aunque prefieren que los niños sean altruistas y solidarios, reconocen que si no asumen otros valores pueden tener dificultades de integración o para obtener el éxito social.
Los padres se enfrentan cotidianamente a un conjunto de contradicciones que no son capaces de resolver. Por una parte, desean que los niños convivan más tiempo en casa, pero les inscriben en numerosas actividades extraescolares; pretenden que no sean caprichosos, pero les proporcionan todo los que ellos no tuvieron; aunque estimulan su autonomía y originalidad, no quieren que se segreguen del grupo de los “normales”. De lo que se desprende que los padres desean que sus hijos sean solidarios, se relacionen con otros niños y acepten la diversidad, sin embargo en la práctica prevalece su socialización entre iguales como manera de preservar el estatus.

Pública-privada

Propiciado por los padres y fuertemente ideologizado, aparece el debate sobre escuela pública-escuela privada. La enseñanza pública, reflejo de lo social, se degrada porque fuerza una igualdad entre diferentes, lo que merma la calidad y disminuye la posibilidad de competir, mientras que la escuela privada, identificada con valores religiosos, favorece la socialización entre iguales y rememora valores de ética y de disciplina.
Ante esta situación de confusión e inseguridad, los padres buscan responsabilidades externas y reclaman apoyo, sobre todo desde el sistema educativo, mientras que las quejas dirigidas a los docentes se sitúan en el centro de debate. Por su parte, los profesores salen al paso de las críticas y afirman que los padres descuidan su labor y pretenden que les eduquen a los hijos, al tiempo que ponen trabas, por intromisión u omisión. No obstante, ambos sectores coinciden en que la familia es la que tiene que educar y que deben trabajar conjuntamente, además de la conveniencia de dotar mejor a las escuelas y de apoyar a los padres.

 

arriba