Memoria, fantasía y verdad

La Biblioteca Nacional exhibe las miradas de José Manuel Navia sobre los Territorios del Quijote

Atravesando la España cervantina, bebiendo dosis amplias de veracidad, tomando de guía al genial hidalgo y su escudero y, generosidad obliga, vertiendo en cada imagen su reconocida profesionalidad: así hizo José Manuel Navia el tratado social, geográfico y cultural que encierra su propuesta Territorios del Quijote, un libro (Lunwerg 2004) que ahora resume en una muestra la Biblioteca Nacional.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
Es abrirse paso de forma confiada entre la maraña que Cervantes tejió como geografía de El Quijote y romper lanzas a favor del escenario real; es recoger el espíritu de una leyenda y conseguir trasladarla a la España actual; es resumir en imágenes y pequeños textos el amplio bagaje que el viajero atrae sobre sí cuando de verdad busca y ve. Una magnífica experiencia y un capítulo novedoso de la ya gran biblioteca de pensamiento, imágenes y actividades que Don Quijote y su creador han estado generando desde casi el instante de su aparición social. Una celebración de la imaginación literaria y una encendida reivindicación de la vida que hay detrás de las fantasías: Territorios del Quijote, la muestra que resume el viaje realizado durante meses con “El Quijote en una mano y la Leica en otra”, por José Manuel Navia, que toma el relevo de la generosa mirada cervantina y reelabora desde el hoy el complejo significado del escenario elegido para las andanzas del ingenioso hidalgo de La Mancha.

Edición y Divulgación

“No es extraño que sea Navia quien se embarca en esta aventura, puesto que aventura es, cervantina y quijotesca al mismo tiempo, el seguir cuatro siglos más tarde los pasos que el hidalgo y su escudero dieron en la imaginación de Cervantes y que miles de personas, desde entonces, han tratado de fijar sobre el terreno”, escribe Julio Llamazares en su prólogo al libro editado hace un año por Lunwerg en el que, bajo el mismo título, se recogen el total de imágenes realizadas por este fotógrafo madrileño y las reflexiones de autores especializados en la obra cervantina como Martín de Riquer, González Cuenca, Carlos Alvar, César Antonio Molina y del mismo Llamazares, que continúa su exposición calificando como “Vano empeño notarial y geográfico que ha llevado en ocasiones a encendidas y absurdas discusiones” el intento de localizar exactamente la geografía del Quijote “puesto que absurdo es intentar traducir la ficción en realidad”, para concluir que “entre la realidad y la ficción, entre la fidelidad a la cartografía o la invención, Navia elige, como no podía ser de otra forma, la imaginación del autor del libro y la suya propia”.
Inscrita dentro del programa El Quijote en la Biblioteca Nacional y producida conjuntamente con Lunwerg Editores Territorios del Quijote. Fotografías de Navia en la Biblioteca Nacional, la muestra que estos días se exhibe en Madrid y a la vez está visitando distintas delegaciones externas del Instituto Cervantes y de la Agencia Española de Cooperación Internacional, sintetiza en 90 fotografías y una selección de sus textos el conjunto de casi 200 imágenes que conforman el trabajo total que se publicó y que actúa como libro catálogo de esta exposición.

Rostros y paisajes

Enmarcada en la Biblioteca Nacional con la gran muestra que este IV centenario de la publicación de El Quijote ha producido en nuestro país (El Quijote: biografía de un libro) y avalada por el reconocimiento que su autor –licenciado en Filosofía y fotógrafo profesional- ha conseguido tanto en el campo del fotoperiodismo como en el de la edición, Territorios del Quijote enlaza serenamente el interés del amante de la fotografía, del de la literatura y del de el viaje conocedor a través de su tranquila exposición de significantes de una España que existe aún aunque casi se dude de ello: imágenes de la venta de Juan de Dios, o de Guadalerzas, en el camino real entre Toledo y Ciudad Real; de la Casa-Museo de Cervantes en Esquivias; del viejo puente sobre el Guadiana, casi cubierto hoy por las aguas del embalse de El Vicario; la Venta Borondo al amanecer, en el Campo de Calatrava (“La del alba sería cuando don Quijote salió de la venta tan contento, tan gallardo, tan alborozado por verse ya armado caballero, que el gozo le reventaba por las cinchas del caballo”); calles y gentes de Miguelturra, el pueblo cercano al natal de Sancho; el río Ebro... y hasta el mar.
Una experiencia que Navia cuenta en cinco grandes apartados: Miguel de Cervantes por tierra de calatravos, donde rehace el camino que “a razón de ocho o nueve leguas diarias” Cervantes recorrió por el antiguo camino de Calatrava inmortalizado después en el Quijote; El corazón de la Mancha, considerado el corazón de la novela y por tanto el paisaje principal de esta muestra; El verdadero Campo de Montiel, donde al caballero le suceden algunas de sus más afamadas aventuras; Por la Mancha de Montearagón, como se llamaba en tiempos a la franja fronteriza de La mancha con el antiguo Reino de Aragón que Don Quijote y su escudero atravesaron en su viaje hacia el Ebro y Barcelona y, por fin, Camino del Ebro y de Barcelona, donde transcurre el tercer viaje de los protagonistas y la segunda parte casi completa de sus hazañas y donde concluyen estas con un Quijote extasiado ante el mar que no conocía. Un trayecto de imágenes que rezuman vida aunque tengan –y quizás por ello- el aliento a la literatura.

 

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