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reforma
educativa no ha calado ni entre el profesorado ni en el resto de la comunidad
educativa, y el debate ha sido escaso; se ha debatido realmente entre
las personas muy implicadas en política educativa, lo que no deja de ser
significativo e importante, pero no es suficiente. De
las razones, que pueden ser muchas, señalamos una: que la ley viene a
sustituir una nefasta normativa elaborada por la derecha y que esta ley
la hace un partido que se sitúa en la izquierda y no es, por tanto, apenas
criticada por las organizaciones que se incluyen en el espectro de la
izquierda social.
Desde
la Confederación de STES-intersindical, sin embargo y desde la izquierda
social, sí que hemos criticado el anteproyecto de ley; lo hemos criticado
y hemos presentado propuestas alternativas ante el MEC y en el Consejo
Escolar del Estado (CEE).
El Proyecto
de LOE (Ley Orgánica de Educación), redactado en estos días por el MEC
tras el debate realizado y tras recibir las propuestas emanadas desde
el CEE y las diversos sindicatos y organizaciones relacionadas con la
enseñanza, pasa ahora al Congreso de los Diputados y se inicia el trámite
parlamentario que finalizará con la aprobación de la nueva Ley, aprobación
que puede realizarse, según el MEC, a finales de año.
Para los STES-intersindical,
los cuatro meses que van desde el principio de curso hasta la aprobación
de la ley son fundamentales para conseguir que la escuela pública salga
fortalecida en la nueva legislación.
El constante
llamamiento al “pacto escolar” que rodea la promulgación de la LOE, debe
explicarse desde el punto de vista de quienes defendemos un “compromiso
social por la escuela pública”. El pacto pretende, en síntesis y según
sus defensores, “alejar a la escuela del debate político y dar estabilidad
al sistema educativo”, cuando está claro que la estructura del sistema
educativo no la discute nadie y que lo que ha cambiado en los últimos
años ha sido el currículum de las distintas asignaturas; esto es lo que
había que acordar, lo que había que pactar: qué es lo queremos que estudien
nuestros niños y niñas, nuestros jóvenes, y de esto no hablan quienes
hablan del pacto.
“Pacto
escolar”
La
realidad de lo que quieren conseguir quienes defienden el “pacto escolar”
es la total y absoluta equiparación entre los centros públicos y privados
bajo el eufemismo de “centros sostenidos con fondos públicos”; esto y
la concertación de nuevas aulas en etapas de escolarización obligatoria
y postobligatoria en función de la demanda de las familias y del hipotético
derecho a la libertad de elección de centro. Todo esto rodeado por continuos
e insidiosos ataques a la escuela pública para conseguir el trasvase del
alumnado, y de los presupuestos de la escuela pública, a las empresas
privadas de la enseñanza; y por la confusión interesada de quienes pretenden
mezclar los intereses de las empresas privadas de la enseñanza, con los
legítimos intereses de los trabajadores y trabajadoras de la enseñanza
privada.
Estamos, por
lo tanto, ante una tarea dura; por un lado nos enfrentamos a la nueva
ley sabiendo que los ataques al concepto de “educación como derecho fundamental
de toda la ciudadanía” y, por lo tanto, como servicio público que deben
prestar las distintas administraciones en condiciones que garanticen la
calidad del sistema educativo público está siendo atacado por los neoliberales,
por los partidarios de la privatización de todos los servicios públicos.
Y lo hacen contando con la complicidad de organizaciones que dicen defender
la escuela pública y se camuflan tras el manido “pacto escolar”.
Financiación
Por
otro lado, vemos que la financiación que plantea el gobierno es insuficiente
y no la podemos aceptar. Es insuficiente pues las cantidades que se plantean
invertir elevarían, en los próximos cinco años, sólo un 0’2% del PIB que
se destina a educación, lo que nos dejaría por debajo de lo que se invertía
en 1994 en España y muy alejados de la media de lo que se invierte en
la Unión Europea y no nos permitiría superar los grandes desfases históricos
en infraestructuras y personal que tiene nuestro sistema educativo.
Y no la podemos
aceptar por llevar implícito un trasvase constante de fondos desde la
enseñanza pública a la privada, pues si los presupuestos no suben y en
aplicación de la LOE aumentan los conciertos y las dotaciones materiales
y humanas a las empresas privadas, está claro de dónde pretenden que salga
el dinero necesario: de la disminución constante de los presupuestos destinados
a la enseñanza privada.
Ahora, cuando
la reforma ya es proyecto de ley, es cuando hay que realizar el debate
profundo sobre lo que plantea el gobierno y lo que queremos para nuestra
escuela pública. La Confederación de STES-intersindical seguirá presentando
propuestas ante el profesorado, ante el gobierno y a los grupos parlamentarios
en línea con nuestros objetivos: la mejora de la escuela pública y la
mejora de las condiciones de trabajo de todas las personas, docentes y
no docentes, de pública y privada, que trabajamos en el sistema educativo;
esperamos que el gobierno las asuma. Y para conseguirlo no dudaremos en
movilizar al profesorado si vemos que el gobierno atiende las propuestas
que llevan a una mayor privatización de la enseñanza y no atiende a las
que plantean una potenciación de la escuela pública. En este camino esperamos
encontrarnos con todas las personas y organizaciones que defendemos la
escuela pública; es nuestra responsabilidad, es su responsabilidad.
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