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Escuela
y sociedad
¿Cuál
es la finalidad de la escuela? ¿Cuál es la finalidad de la sociedad? Hoy
en día la creciente competencia en combinación con la gran demanda y exigencias
en cuanto a calidad, flexibilidad, rapidez, funcionalidad y eficacia revolucionan
las organizaciones y las personas implicadas en ellas. Nos encontramos
ante una nueva perspectiva de la organización de recursos para conseguir
unos fines.
Lo primero
que tenemos que tener claro son los fines de la organización en la que
nos encontremos. Así, la escuela, ¿qué objetivo tiene? Transmitir sólo
cultura o queremos que ofrezca algo más, como el aprendizaje de una profesión.
¿Para qué la
escuela? Desde la antigüedad se ha transmitido la cultura de unos a otros
de forma oral. Hoy en día sin la escuela, la cultura no se transmitiría,
sólo unos pocos dispondrían de este privilegio. El aprendizaje de una
profesión, ¿requiere cultura?, lo que está claro es que sí exige el dominio
de unas aptitudes propias. Que todo el mundo debe recibir una cultura
y tener una profesión es obvio, pero ¿lo uno obliga a lo otro?
Quizás el modelo
de escuela debería recuperar sus finalidades, no buscar unas nuevas, y
plantear las que tiene en un mundo moderno. Hoy nuestra vida social es
muy compleja, se caracteriza, entre otras cosas, por el elevado consumo
y el universo técnico. Da la sensación de que la escuela es contraria
a la sociedad y de que la sociedad es contraeducativa.
Si se plantea
una nueva organización en la escuela, acorde con la sociedad moderna,
donde los miembros de la comunidad educativa tengan un completo acceso
a la información crítica, posean la tecnología, habilidades, responsabilidad
y autoridad para utilizar la información, los beneficios serían más óptimos.
Esta herramienta reemplazaría a la jerarquía actual por unos equipos autodirigidos.
La información es compartida por todos. Pero la escuela ante todo es una
institución, que está relacionada con otras dos instituciones: la familia
y la sociedad.
La escuela
es una prolongación de la familia y complementa la educación de los hijos,
además de proporcionar a la sociedad hombres capaces de pensar por sí
mismos.
Teniendo en
cuenta esta relación, un sistema educativo, debe buscar un equilibrio
entre las tres instituciones: la escuela, la familia y la sociedad. Este
equilibrio es difícil de encontrar y siempre habrá que restablecerlo.
Hay que partir de las finalidades y no confundirlas.
El civismo
empieza en la familia y uno de los fines de la sociedad es la necesidad
de una formación profesional. Con ambos fines se conseguirá una escuela
para la sociedad, aunque si los fines de la escuela no están claros, tendremos
dos tipos de escuelas, una popular y otra más lujosa.
Para que la
escuela tenga un proyecto único hay que tener en cuenta las realidades
sociales e históricas y establecer que debe llevarnos hacia la humanidad.
Hay que saber que la cultura es lo que hace que el hombre sea hombre y
que la cultura no es creada por la escuela, es creada por la vida, por
la relación de los hombres entre sí. La cultura no es sólo algo que se
transmite, sino que se recibe personalmente y reconstruye individualmente.
Así, toma lugar en nuestra sociedad y será histórica. De esta manera se
podrá acceder a su finalidad profesional.
Una vertiente
de escolarización es la que se da desde la escuela hacia el resto de las
instituciones, como enseñanza-aprendizaje social. Teniendo en cuenta que
las dificultades con las que tropieza una teoría práctica, como la pedagogía,
surjan del carácter embrionario de las ciencias, sobre las que se funda
la sociología para la determinación de los fines y la orientación general
de los métodos, y la psicología, para la selección en detalle de los procedimientos
pedagógicos (sentido natorpiano). Es decir, podemos comparar la escuela
como una pequeña sociedad, y la sociedad es como una escuela en grande,
ya que ambas se complementan dentro del mundo en el cual vivimos. Aunque,
hoy la escuela no es una prolongación de la sociedad, es la sociedad quien
se introduce en la escuela. Una sociedad contradictoria a la lógica institucional.
La complementariedad de la escuela-sociedad, hoy por hoy, está rota.
Olga Codejón Iruela
Madrid.
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Presente y futuro de la Filosofía
¿Qué
pasará con la enseñanza de la Filosofía?. Esta es la pregunta que nos
formulamos los profesores de la asignatura, después de leer atentamente
el anteproyecto de Ley Orgánica de la Educación que ha presentado el Ministerio
de Educación y Ciencia. La impresión de algunos de compañeros es que pretenden
eliminarla, junto con Latín, Griego, Lengua y otras materias de Humanidades.
Estos días en leído en prensa que responsables del MEC aseguran que el
citado documento introducirá una nueva asignatura, Historia de la Filosofía,
que será común en el Bachillerato. Tanto los decanos de las Facultades
de Filosofía, como representantes de profesores universitarios han transmitido
al MEC su inquietud y, además, se muestran partidarios de que en 4º de
ESO se incluya una materia Etica-Cívica, dentro del área de Educación
para la Ciudadanía, que figura en el anteproyecto de Ley. Además solicitan
que en 1º de Bachillerato se impartan cuatro o cinco horas de una asignatura,
que recoja contenidos de Filosofía y de Educación para la Ciudadanía.
No obstante, fuentes del Ministerio han salido al paso, afirmando que
su intención es que Etica figure en 4º de ESO y que la Filosofía de 1º
de Bachillerato se relacione con Educación para la Ciudadanía. En un intento
de tranquilizarnos, también declaran que, una vez que se apruebe la LOE,
los contenidos que estudien los alumnos de Primaria, Secundaria Obligatoria
y Bachillerato se especificarán en el desarrollo normativo posterior,
y que se contará con las opiniones de todos los sectores implicados para
alcanzar el consenso.
Pilar Ruiz Peña
Getafe (Madrid)
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