El poder de la emoción

La herencia artística de Camille Corot llega por fin al público español en su honda amplitud

La naturaleza en la que se inspiró para pintar sus paisajes, las emociones que supo transmitir en sus composiciones y los recuerdos que esos paisajes evocan en su autor son los ejes de la espléndida visión sobre Camille Corot con que el Museo Thyssen abre un nuevo capítulo de su reflexión sobre los grandes de la pintura europea.

 

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
“En la naturaleza, buscad primero la forma; después, los valores o relaciones entre los tonos, el color y la ejecución; y todo ello sometido al sentimiento que hayáis experimentado. Lo que sentimos es real”. Camille Corot resume en esta última frase de su diserto acerca de la

diserto acerca de la pintura de la naturaleza el auténtico salto conceptual que el arte europeo daría en las últimas décadas del siglo XIX. Acoger la emoción que nos produce la realidad como una de sus principales características formales. Sumarla al conjunto de factores a reflejar. Tamizar en el tejido de la cultura esa absoluta imagen que día a día, en cada instante de luz, conforma el mundo de la naturaleza.
El acto inconsciente que siempre está detrás del maestro y que Camille Corot amplía al propio hecho pictórico formulando anticipadamente una máxima que el arte contemporáneo ha situado en el basamento de toda auténtica manifestación creativa; Corot visionario y plenamente acorde con el marchamo del siglo en que le tocó vivir.

Cinco décadas

“Corot es uno de los pintores más fascinantes, y ocupa un lugar crucial entre la tradición y la innovación en un género que cultivó preferentemente, el del paisaje. Se le considera por una parte como el último pintor de paisaje clásico y, por otra, teniendo en cuenta sus bocetos al aire libre directamente del natural, como el precursor de lo que estaba por llegar con los impresionistas” afirma Michael Clarke, director de la Nacional Gallery of Scotland y miembro del Comité Científico de la muestra Corot. Naturaleza, emoción, recuerdo que estos días –y hasta el 11 de septiembre- nos presenta en Madrid y por primera vez en nuestro país una mirada completa sobre la obra de este pintor. Una mirada que abarca sus cinco décadas de producción artística y que encierra aquellos grandes hitos que le han hecho estar entre los intocables de la pintura del siglo XIX y dentro del escaso grupo de creadores que logran avanzar por encima de la herencia de su época.
Una selección de cerca de ochenta obras agrupadas por Vincent Pomarède, conservador jefe del departamento de Pintura del Musée du Louvre y comisario de la exposición, en ocho grandes apartados: El aprendizaje, los inicios con sus obras de juventud; Italia, vistas realizadas durante sus estancias en este país; Terruños de Francia, una selección de paisajes realizados entre 1838 y 1855 cuyo denominador común son los campos y pueblos franceses; Del paisaje histórico al lírico, una transformación importante en su carrera por lo que se le dedica todo una sección del recorrido; Realismos, uno de los aspectos más bellos de su obra en el que se incluyen vistas de ciudades e interiores; Ville d´Avray, capítulo dedicado a esta localidad donde vivieron sus padres y que se convirtió en uno de sus lugares favoritos de trabajo; Figuras, junto con los paisajes, constituye otro de los grandes temas que trató, llegando a rivalizar, por importancia y popularidad, con sus vistas; y, por último, Souvenirs, esencia de su pintura donde Corot transmite las emociones que experimenta ante fragmentos de naturaleza.

Mágicos souvenirs

“La presente exposición pretende ofrecer una visión completa y variada de las investigaciones de Camille Corot en el género del souvenir, pues estamos convencidos de que se trata del fruto último de sus búsquedas, de la superación definitiva de sus concepciones estéticas”. Esta intención expresada en la presentación a los medios por el comisario de la muestra es el sello personal que el Museo Thyssen Bornemisza y su hasta ahora director Tomàs Llorens ha colocado en el estudio internacional del papel de la obra de este creador en la historia del arte. Los denominados Souvenirs, ese conjunto de paisajes de connotaciones románticas, concebidos con una luz y una luminosidad especial, y en los que los perfiles y elementos de la naturaleza –el agua, los árboles, el cielo- se difuminan, encerrando los sentimientos que el artista experimentó en contacto con esos escenarios, han acabado encerrando el aliento central de la trasgresión y avance contundente para el arte que significa Camille Corot. Es a través de sus experimentaciones en esta vertiente de su obra cuando Corot incide en la pintura moderna. Su afirmación “lo que sentimos es real”, nos habla entonces de la compleja relación entre la naturaleza y los sentimientos que se experimentan ante ella. Una unión, entre la observación objetiva y la trascripción subjetiva, que iba a conferir a estos Souvenirs la condición de “paisaje mental” y a hacer de su autor el inspirador del gran cambio que el arte experimentaría a partir del inicio del Siglo XX.

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