Signos de humanidad

El Museo Arqueológico Nacional exhibe un extraordinario conjunto de símbolos y objetos sociales del arte paleolítico

Extraños, invisibles al ojo civilizado durante miles de años y sobreexpuestos al discurso teórico de los antropólogos y arqueólo- gos del Siglo XIX y XX,
los objetos que salieron del pensamiento y la habilidad del humano del Paleolítico, que estos días expone el Museo Arqueo- lógico Nacional, nos traen el asombroso inicio del signo en la humanidad.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ 
“Cuando intentamos remontar hasta un tiempo tan lejos de nosotros, ¡Cuántas dificultades nos detienen! La mayor parte de los monumentos han perecido y aquellos que nos quedan han sido alterados, desnaturalizados por los prejuicios de épocas posteriores. No pudiendo explicar los orígenes de la sociedad y no resignándose a ignorarlos, la barbarie antigua se ha representado a partir de la civilización moderna” (Michelet, 1827) y “Los artefactos en sí mismo son mudos y carecen de significación. Sus significados son creados por categorías adquiridas y por prácticas sociales que producen y reproducen dichas categorías. Para decirlo claramente: Los discursos crean los objetos” (Errington 1998), son dos voces que con siglo y medio de distancia aclaran al teórico prepotente y al soberbio sujeto de a pie que prácticamente nada se puede vislumbrar de algunos aspectos esenciales del inicio y primeros desarrollos de la humanidad: que sus signos y su intención carecen –en su inmensa gran parte- del apoyo que el contexto (resto de útiles, situación en el escenario principal, configuración global) otorgan para establecer su verdadera identidad. Signos del origen de la Historia aún velados por el silencio que, lentamente, gracias a actuaciones como la que ha organizado el Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria y cuyo resultado se resume en la muestra La materia del lenguaje prehistórico, que estos días se expone en el Museo Arqueológico Nacional, abren resquicios a la comprensión y la valoración de su cómo y porqué.

Desconocido y sorprendente

Pablo Arias Cabal, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Cantabria, y Roberto Ontañón Peredo, investigador del Programa Ramón y Cajal de la misma universidad, son los comisarios que, en colaboración con el Ministerio de Cultura y la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte del Gobierno de Cantabria, han puesto en pie esta extraordinaria síntesis expositiva del arte mueble encontrado en Cantabria, la zona más caliza del norte de España y por tanto la más rica en yacimientos en cuevas: existen 6.500 cavidades -de las que 58 son auténticas “fábricas de arte rupestre”- y más de 30 nuevas excavaciones; una situación que la coloca en cabeza del ranking europeo en arte rupestre y entre las primeras fuentes mundiales del arte mobiliar.
Con aportaciones internacionales de extraordinaria importancia arqueológica y con el fondo seleccionado de entre los hallazgos de las cuevas cántabras de El Pendo, Altamira, El Castillo, La Garma, además del rico patrimonio guardado por el propio Museo Arqueológico Nacional, el recorrido que nos presenta esta muestra -que ya ha sido exhibida anteriormente en Torrelavega (Cantabria) y que posteriormente al cierre en Madrid, el día 28 de agosto, viajará a Japón- es el contacto más cercano y sincero que nunca antes se había establecido en sociedad con el lenguaje que el ser humano empleó en sus inicios.

Veinticinco mil años

El Arte Paleolítico se realiza durante más de 25.000 años, dentro de una extensión euroasiática que abarca de Portugal a Siberia, pasando por Inglaterra y Turquía: una inmensidad del tiempo que acalla el absurdo intento de significar el acto que hoy nombramos como creación y que realizaron seres en comunidad sin códigos conocidos y que sólo a través de arduas investigaciones van expresando sueltos lógicos que el entendido interpreta y ofrece en el discurso de la ciencia: como en este que encierra La materia del lenguaje prehistórico. El arte mueble paleolítico de Cantabria en su contexto y que nos lleva a una mirada distinta de estos restos del pasado que dan ideas acerca de la forma en que esos seres se comunicaban entre sí y de cómo se situaban en el mundo a su través.
Abundante información gráfica, audiovisuales y medios interactivos, reproducciones de un hombre magdaleniense, una cabaña al aire libre de Gönnersdorf (Alemania) y de la zona IV de la cueva de La Garma (con el suelo donde se han encontrado varias piezas expuestas, el techo y las paredes, realizada a tamaño natural por el mismo equipo que montó la neocueva del Museo de Altamira) y un total de 117 objetos de más de 13.000 años de antigüedad, algunos de ellos expuestos por primera vez al público, son el desglose de una propuesta expositiva que pone de relieve temas tan poco divulgados con anterioridad como la relación entre iconografía y soporte, las analogías estilísticas entre diversas zonas de Europa, los aspectos técnicos o la expresión por medio del propio cuerpo a través del adorno personal. Una expresión honesta y brillante de lo que hoy se puede conocer de esta materia del lenguaje prehistórico.

 

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