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Los
estudiantes manejan el idioma
peor que nunca
Los
chavales que ahora llegan a la Universidad no sólo cometen más faltas
de ortografía que nunca, sino que no saben redactar, exponer sus pensamientos,
apenas leen... El panorama es desolador». Se expresa así Manuel Alvar,
académico y catedrático de Lengua Española en la Universidad Complutense
de Madrid. Como ejemplo de lo dicho, señala los encuentros que tiene con
sus alumnos cada vez que toca revisar examen. Los ya universitarios se
extrañan del cero que encabeza la prueba. Alvar, de su extrañeza: «Ellos
dicen que no querían decir eso, que pensaban otra cosa... Y yo les digo
'usted querrá decir lo que quiera, pero no lo dice'; no saben expresarse
ni escrita ni oralmente».
Achaca
este «empobrecimiento general» del lenguaje a una «mala enseñanza, a un
sistema que se ha ido relajando muchísimo y que ha perdido el nivel de
exigencia necesario». Así se explica que 40 palabras compongan el 43%
del contenido de los texto que escribimos. En ellos, ni un sustantivo.
Y un único verbo: ser. Lo refleja Alvar en su Nuevo Diccionario de Voces
de Uso Actual, donde pasa revista a palabras como calimocho, botellón
o pichichi, no admitidas –todavía– por la Real Academia Española (RAE).
Tampoco le
extraña que el 72% de los estudiantes españoles emplee incorrectamente
la «h». O que éstos sean incapaces de escribir más de 25 palabras sin
faltas de ortografía. O que España figure entre los países con más índice
de fracaso escolar, por detrás –y a mucha diferencia– de Corea del Sur,
Polonia, Lituania o Bielorrusia, según la OCDE (Organización para la Cooperación
y el Desarrollo Económicos). La misma institución dice que el 19,1% de
los alumnos españoles tiene graves problemas de comprensión lectora, cuando
la media europea es del 17% y en países como Finlandia se limita al 5%.
Datos que, en su opinión, deberían hacer reflexionar a las autoridades
educativas. Tienen excusa: el próximo sábado se celebra el Día del Libro.
Estas mismas
cifras han llevado a 2.637 académicos, escritores, rectores, decanos y
docentes a firmar un manifiesto de apoyo a las Humanidades, promovido
por la Sociedad Española de Estudios Clásicos y su presidente, Antonio
Alvar. Su propósito: «Evitar que la cultura clásica quede diluída en un
maremágnum de asignaturas optativas en Secundaria». Entre los firmantes,
los académicos Álvaro Pombo y Francisco Rodríguez Adrados, rectores como
Enrique Battaner (Universidad de Salamanca), Ángel Gabilondo (Autónoma
de Madrid) o Virgilio Zapatero (Alcalá) y los escritores Antonio Gala,
Mario Vargas Llosa, Antonio Muñoz Molina, Luis Goytisolo y José Luis Sampedro.
Todos ellos
solicitan al Gobierno un acuerdo entre las principales fuerzas políticas
para garantizar la estabilidad del sistema educativo tras tanta reforma
legislativa. La última ha dado como fruto la LOE (Ley Orgánica de Educación),
que no incluye la Cultura Clásica como materia obligatoria, al contrario
que la LOCE (la Ley de Calidad del PP), sino como optativa, en combinación
con una lengua moderna. Cada comunidad decidiría luego el listado de las
asignaturas a elegir. Los firmantes también quieren que se refuerze el
dominio de la propia lengua y se amplíen los contenidos humanísticos (Historia,
Literatura, Arte...), así como el estudio de latín y griego.
Estas ideas
parecen alejarse de las de la Subcomisión de Humanidades del Consejo de
Coordinación Universitaria, que debate qué títulos de letras podrían tener
cabida en el futuro espacio universitario europeo, que llevará la homologación
de los estudios superiores a 40 países. Una de sus conclusiones: la carrera
de Humanidades puede desaparecer.
La propuesta
de la subcomisión no es vinculante, ya que la decisión final la toma el
Consejo y el Ministerio de Educación. Aun así, los responsables de las
29 universidades españolas donde se imparte la titulación ya han dado
su opinión: la exclusión de la carrera es intolerable. Creen que la subcomisión
desconoce «los datos referentes al planteamiento, objetivos y contenidos»
de la nueva titulación –reflejados en su libro blanco–, en lo que trabaja
la Comisión de la Red Universitaria de Humanidades desde mayo de 2003
y que presentarán en breve.
Tampoco les
convece que se tilde a su especialidad de «demasiado generalista y poco
adaptada al mercado de trabajo», motivos de la exclusión. «Hemos enviado
documentos donde se pone de manifiesto que nuestros titulados encuentran
trabajo antes que otros de Letras, por su versatilidad y sus conocimientos
multidisciplinares, pero la sensación que tenemos es que ya tenían decidido
excluirnos antes de saber nada», relata Lourdes Campos, coordinadora de
la Red Universitaria de Humanidades, que trabaja en la redacción de un
texto en contra de la iniciativa que enviará a rectores, al Consejo de
Coordinación Universitaria y a la ministra de Educación, María Jesús San
Segundo.
Piensa, además,
que la desaparición de la carrera evidencia la escasa importancia que
se concede a la formación humanística en nuestro país, lo que se traduce
en los pésimos resultados de los alumnos, «cuyo manejo de la lengua oral
y escrita es penoso», apostilla Pilar Ruiz-Va, profesora de Filología
en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).
Mal
uso del idioma. Explica el motivo: «No nos preocupamos por
defender un buen uso del idioma sino que las críticas son muy relajadas;
existe una baja autoestima del español, al contrario que en Francia, Italia
o Alemania, donde tienen a gala utilizar el nivel más alto de su idioma.
Aquí es lo contrario, se tilda de cursi o empollón al que se preocupa
por hablar bien». Los políticos no escapan a su crítica. «Son los primeros
que hablan mal; es muy triste oírles decir ‘jóvenas’».
La docente
culpa a los padres de rebajar el nivel lingüístico al hablar con sus hijos
para acercarse a ellos y mostrarles confianza, «cuando lo que logran es
abaratar una vez más el uso de la lengua». Si aplicamos el cuento a la
escritura, el panorama no es más alentador: abreviaturas propias de Internet
y de los mensajes a móviles coladas en los exámenes como si tal cosa,
faltas de ortografía por doquier, signos de puntuación y acentos sin orden
ni concierto... De tanta proliferación de joyas da fe Ruiz-Va: «No son
conscientes de que deben usar un lenguaje distinto al hablar con un profesor
o un amigo. Abusan de forma increíble de la «k» en exámenes, del «pq»,
ponen las comas donde quieren, haciendo que el texto resulte ambiguo o
incomprensible, etcétera».
En cuanto a
la lectura, más de lo mismo: los jóvenes españoles leen poco y por obligación.
Lo corrobora el Eurobarómetro sobre la participación en actividades culturales.
La población lectora en Suecia llega al 71,8%, en Finlandia al 66,2% y
en Reino Unido al 63,2%. En España, la cifra no supera el 52%, por detras
de Grecia y Portugal. Otro estudio sobre los hábitos de lectura de los
madrileños señala que los niños de entre 6 y 14 años dedican el doble
de tiempo a ver la televisión que a leer.
Las
mujeres leen más. Aun así, el número de lectores aumentó
en nuestro país en 2004, según la Federación de Gremios de Editores de
España. El perfil tipo sigue siendo el de un joven, residente en grandes
núcleos de población y con estudios universitarios. También se confirma
que las mujeres devoran más libros, sobre todo novelas románticas, de
corte psicológico o biografías.
¿Por qué ese
desinterés por la lectura? «No es una forma de ocio apreciada, ni siquiera
por los alumnos de letras. Existe un momento en la educación primaria
en la que se fomenta, pero en la superior se rompe la cadena», razona
Matías Barchino, catedrático de Literatura española. De ahí derivan, en
su opinión, otras carencias, como las faltas o las dificultades de expresión.
«Los sistemas de enseñanza son demasido comprensivos con las faltas de
ortografía, lo que no sucede en Ciencias o Matemáticas, que tienen un
prestigio social superior a la ortografía o la lectura».
Y la pregunta
que se formula Juan Carlos Rodríguez, catedrático de Literatura en la
Universidad de Granada, es: ¿Hay un desfase entre las instituciones y
el deseo de los jóvenes por los libros? Su respuesta: «En general, son
conscientes de sus carencias y quieren una cultura más rica. Me quedo
con esa débil esperanza, pero habría que crear otro horizonte mental que
no fuera el del beneficio capitalista aunque, por ahora, es imposible.
La ideología tecnicista parece la única meta». Tampoco cree que la copia
del modelo educativo americano sea beneficioso, ni siquiera la reforma
que plantea Europa. «Es un paso atrás, aunque lógico en las relaciones
sociales que vivimos».
Juan José Pastor,
profesor en la Escuela de Magisterio de la Universidad de Castilla-La
Mancha, centra los problemas en la ESO. Los enumera: «La ratio alumno/docente
es alta, no se valora la formación del profesorado y muy pocas carreras
–por no decir ninguna– contemplan un itinerario destinado a la docencia,
de modo que la transmisión de saberes se aprende sobre la marcha en peligrosas
secuencias de ensayo-error».
A la lista
une la escasa atención que reciben los adolescentes por parte de sus familias
y los medios –«tratados como consumidores, no personas»–, lo que crea
el caldo de cultivo perfecto para que la educación fracase. «Es hipócrita
demonizar a la juventud y lamentar su nivel ortográfico y darles puerta
ancha en Selectividad por la necesidad de matrícula». Y, mientras, la
sociedad sigue ajena, «pues los centros se conciben muchas veces como
guarderías».
Isabel
Garcia
El Mundo (Campus). 20-abril-2005
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