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Madrid. JULIA FERNANDEZ
Es
la mayor muestra de reconocimiento social que El Quijote ha recibido en
sus cuatrocientos años y en la casa que, en vida, él, sin duda, hubiera
elegido para vivir: el centro informativo y documental sobre la cultura
española e hispanoamericana y la institución depositaria de todo tipo
de publicaciones, musicales, audiovisuales, artísticas, etc, producidas
en el territorio español desde comienzos del siglo XVIII y recibidas a
través de depósito legal, además de las adquiridas por canje, compra o
donativo. Es decir: seis millones de libros, cerca de 100.000 títulos
de publicaciones periódicas, 30.000 manuscritos y ocho millones de otros
materiales como son materiales gráficos, mapas y planos, documentos sonoros
y audiovisuales, partituras, documentos electrónicos, carteles y microformas:
la memoria escrita de la cultura española: el humus en el que desarrolló
el Ingenioso Hidalgo su fructífera locura en el comienzo del año 1605
y el asombroso asunto que constituye el quehacer de recreación del mundo
y sus avatares a través del tiempo.
Libros
que embrujan
“El
cual aún todavía dormía. Pidió las llaves, a la sobrina, del aposento
donde estaban los libros autores del daño, y ella se las dio de muy buena
gana. Entraron dentro todos, y la ama con ellos, y hallaron más de cien
cuerpos de libros grandes, muy bien encuadernados, y otros pequeños; y
así como el ama los vio, volviese a salir del aposento con gran prisa,
y tornó luego con una escudilla de agua bendita y un hisopo, y dijo:
-Tome
vuestra merced, señor licenciado; rocíe este aposento, no esté aquí algún
encantador de los muchos que tienen estos libros, y nos encanten, en pena
de las que les queremos dar echándolos del mundo.” (Don Quijote. Part.I,
cap.VI).
Pues
que sea como teme el ama y que nos encanten esas piezas que afloran en
letra impresa el hondo pensar de Miguel de Cervantes en el asombroso recorrido
que nos ofrece El Quijote: Biografía de un libro, muestra central
de las celebraciones institucionales del IV Centenario que ha contado
con el patrocinio de la Fundación Winterthur y que está a la cabeza de
una serie de actuaciones que bajo el título El Quijote en la Biblioteca
Nacional incluye otras muestras –Los mapas del Quijote y Los
territorios del Quijote-, ciclo de conferencias, teatro y talleres.
Una narración que, dirigida por Mercedes Dexeus y dividida en cinco grandes
espacios, va explicando los rasgos característicos de lo que ha sido el
camino del Quijote en cada época, dando comienzo con Aparición y primeros
éxitos (1605-1625), donde se exhiben la primera y las siguientes
ediciones de 1605, las primeras de las restantes obras de Miguel de Cervantes
y las primeras traducciones a otras lenguas.
Status y popularidad
De
lectura popular a clásico de la literatura universal (1637-1780) es el segundo tramo de este recorrido,
en el que se aborda el periodo en que la creciente demanda del público
trae como consecuencia la proliferación de ediciones populares y el inicio
de ediciones muy cuidadas tanto en su aspecto como en su contenido, como
es la publicada por Tonson en Londres en 1738, en castellano, promovida
por el aristócrata y político británico John Carteret: todas ellas muestran
el cambio que ha experimentado ya la interpretación del Quijote por el
público.
El
tercer espacio, Ediciones españolas de fin de siglo (1780-1800),
se inicia con la magnífica edición de la Academia de 1780, impresa por
Joaquín Ibarra, con una tipografía creada para esta edición e ilustraciones
realizadas por varios de los mejores dibujantes y grabadores de aquellos
años, a la que se suman ejemplares de diversas ediciones que se cuentan
entre las más representativas de la edad de oro de la imprenta española,
dos de los tapices realizados por encargo de Felipe V, dibujados por Andrés
Procaccini y Domingo María Sani y tejidos bajo la dirección de los hermanos
Vandergoten; los dibujos de Antonio Carnicero y José del Castillo para
la citada edición de 1780; un grabado de Fabregat por dibujo de Francisco
de Goya, no aceptado finalmente por la Academia, y los dibujos de Luis
Paret, con otros dibujos y grabados realizados para ilustrar las elegantes
ediciones de Gabriel Sancha.
Industria y arte
Los
dos últimos espacios muestran claramente su significado en sus denominaciones:
La era del Romanticismo y la industrialización (1800-1905)
–donde se pone de manifiesto no solo el cambio de las mentalidades literaria
y estética, sino los efectos de la industrialización de la imprenta en
el libro- y Sigue la ruta del Quijote, un repaso breve de lo que
ha sido la difusión del Quijote desde comienzos del siglo XX y que da
comienzo con la escultura que representa a don Quijote, de Julio González,
acompañada por dos de los cuadros de la serie del Quijote de Muñoz Degraín
que el pintor donó a la Biblioteca Nacional para su exhibición permanente
en la sala dedicada a Miguel de Cervantes, junto a las traducciones contemporáneas,
las ediciones infantiles y varias de las ediciones que Dalí ilustró. Es
el término expositivo para una brillante historia que ojalá jamás tenga
un final.
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