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Iglesia y escuela

Según declaró la ministra de Educación y Ciencia, María Jesús San Segundo, en la presentación de la nueva ley de educación, la asignatura de religión será evaluable, pero no computable a efectos de becas, ni de acceso a la universidad, ni a efectos de repetición de curso. En consecuencia, se queda como estaba: de libre elección para los alumnos y de oferta obligada por parte de los centros. También especificó que siguen vigentes los convenios suscritos tanto con la Santa Sede, como con otras confesiones religiosas, pero no reveló si se ofrecerá una materia alternativa para los escolares que no la cursen.
Este es uno de los aspectos más conflictivos y polémicos del sistema educativo, que ha levantado ampollas en distintos sectores de la sociedad. Mientras que la Confederación de Asociaciones de Padres Católicos (CONCAPA) presentó tres millones de firmas en el Congreso de los Diputados para apoyar la enseñanza de la religión católica,  equiparada al resto de asignaturas del currículo, otros agentes de la comunidad educativa se muestran partidarios de sacar la religión de los centros. En este sentido manifiestan que en una sociedad laica, como la española, las distintas confesiones religiosas no deberían tener acceso a la enseñanza y que los padres que deseen esta formación para sus hijos se la faciliten, pero fuera del ámbito escolar.
Con la llegada de inmigrantes a nuestro país, surge el fenómeno de la multiculturalidad, pero también la presencia de seguidores de distintas confesiones religiosas. Si hacemos referencia al Islam, la polémica del velo ha ocasionado numerosos conflictos en los colegios, que se debaten entre la prohibición de estos símbolos y la libertad de expresión y de culto. En mi opinión, el sistema educativo debe mantenerse apartado de las religiones, tanto de la católica, a pesar de ser mayoritaria en nuestro país, como de la islámica, la judía o la evangélica, también presentes en nuestra sociedad. He leído en un diario una expresión con la que estoy totalmente de acuerdo: “la escuela debe formar ciudadanos conscientes de sus derechos y de sus deberes, no conversos forzados”.

Javier Pérez Pueyo
Fuenlabrada (Madrid). 

 
     
   

El enemigo en casa

Jugar, chatear y enviar SMS son las actividades preferidas por los chicos, cuando se sientan frente a su ordenador. En ocasiones, los padres debemos realizar un gran esfuerzo para evitar que dediquen horas y horas a un entretenimiento que, en principio, parece bastante inocente. En estos días, la operación desarrollada por la Guardia Civil, en colaboración con otros organismos extranjeros, y que ha dado como resultado más de 500 detenidos presuntos pederastas, comunitarios e hispanoamericanos, ha conmocionado a la sociedad. Pero, además, ha puesto de manifiesto los peligros a los que están expuestos los menores cuando navegan por Internet.
Al parecer, la Red está llena de trampas para los niños, desde concursos, hasta chats y foros, donde les solicitan sus datos y fotografías. Según un informe, publicado esta semana en la prensa, el 30% de los menores que habitualmente utiliza Internet ha facilitado su número de teléfono y el 16% su dirección. Muchos niños y adolescentes recurren a la Red para conocer gente y no perciben peligro alguno por contactar con extraños. De los datos de esta encuesta se desprende que muchos de ellos han acudido a una cita con un desconocido que, previamente, habían concertado por Internet. Dos de cada 100 se encontraron allí con un adulto.
Ante la preocupación de los padres, los expertos nos recomiendan que instalemos un sistema de filtrado para impedir que el niño acceda a determinadas páginas e incluso que reciba publicidad no adecuada para su edad. Además, debemos obligarles que sigan unas normas básicas, como no facilitar los datos personales para ser localizado, no contestar a correos con remitente desconocido, no enviar fotos y jamás acudir sólo a una cita por Internet y, en todo caso, comunicarlo a los padres o amigos.

Manuel Díaz Palomo
Madrid.

 
       
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