El artista y su escenario

El Museo Reina Sofía recuerda el impacto
que Alfred Stieglitz supuso para el Arte

Escenario y actor al mismo tiempo, Alfred Stieglitz (1864-1946) propició y conformó una imaginativa y fértil época artística en el Nueva York de comienzos del siglo XX. El resumen de su quehacer como vanguardista editor, artista fotógrafo, revolucionario galerista y visionario coleccionista es en el Reina Sofía el mejor símbolo del ser libre para el Arte.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
Un Nueva York en plena expansión demográfica y tendido hacia el futuro es la tarjeta de identificación que la múltiple expresión creativa de Alfred Stieglitz ha conseguido conservar para la cultura internacional en uno de los casos de omisión más flagrante de quién y qué ha aportado a la cultura internacional contemporánea.
Su quién: el hijo primogénito de un self-made man alemán emigrado a los EE.UU a mitad del siglo XIX que consigue superar el amplio horizonte dibujado por unos padres amantes de la cultura y del arte y que rastrea en el complejo entramado de su sangre europea el específico común denominador que dé armonía a un sentimiento de desarraigo y extrañeza que nunca acabará de ser estigmatizado, favoreciendo así el alumbramiento de una personalidad singularmente valiosa.
Su qué: el padre de la fotografía contemporánea que, partiendo del concepto del pictorialismo, llega al documento verista y, a la vez, transformador de lo real, haciendo del acto de fotografiar una de las acciones más transgresoras de su siglo; el gestor y el medio de la apertura del Nueva York anquilosado en el modelo decimonónico al rupturista lenguaje del arte de las vanguardias que París llevaba alimentando desde décadas; y el mentor desprejuiciado de las voces menos escuchadas y más estruendosamente vitales para el Arte de su Estados Unidos natal.
El quién y el qué de alguien que ha tenido y que ha coronado una historia concreta dentro de la Historia del Arte.

Arte y vida

La muestra que estos días, y hasta el 16 de mayo, exhibe el Museo Reina Sofía tras su paso por el Museo d´Orsay de París celebra, por vez primera en Europa, no sólo la contribución de Alfred Stieglitz al desarrollo de la fotografía moderna estadounidense, sino el papel determinante que su ejercicio de galerista, editor y coleccionista tuvo para la conformación de la escena artística internacional del siglo XX: cabeza del grupo Photo-Secession, creado en 1902, y de la revista Camera Work, que editó de 1903 a 1917, y de la galería del número 291 de la Quinta Avenida, que se abrió para presentar la fotografía plenamente reconocida como un arte y que pronto se convirtió en un lugar de encuentro de artistas, intelectuales y aficionados; expositor a partir de 1908, y por primera vez en los Estados Unidos, de las tendencias más radicales de la vanguardia europea como Auguste Rodin, Paul Cezanne, Henri Matisse y Pablo Picasso, así como el arte africano, Constantin Brancusi y, más adelante, Francis Picabia y Marcel Duchamp; defensor, divulgador y hasta sustentador del arte alumbrado en los EEUU del que extrae singularidades como la que más tarde hará su musa y esposa, Georgia O´Keeffe. Un completo reconocimiento que abarca el amplio y determinante impacto de su ejercicio artístico y, al tiempo, entrega el aroma de una vida sin trabas ni cadenas.

Identidad y búsqueda

“Mis fotografías nacen siempre de una necesidad interior –una experiencia espiritual-. Yo no hago obras pictóricas. Tengo una visión de la vida a la que trato de buscar equivalencias y a veces lo hago en forma de fotografías”. Con estas palabras del artista comienza el legado presentado por Nueva York y el arte moderno. Alfred Stieglitz y su círculo (1905-1930) y que -en selección y organización de las comisarias Daniela Tilkin y Françoise Heilbrun- abarca desde sus series fotográficas sobre un Nueva York en plena transformación, The City of Ambition (1910), The Hand of Man (1902) y Old and New New York (1910), a las realizadas sobre algunos de los personajes de la cultura y el arte de la época o sobre el cuerpo parcelado de su mujer Georgia O´Keeffe, para continuar mostrando el resto de su aportación con ejemplos de las primeras piezas exhibidas en su galería 291 y de sus varias exposiciones clave y algunas de las obras que en su dilatada experiencia como coleccionista llevó a almacenar. Un recorrido que aflora perfectamente el extraordinario quehacer de un hombre hecho a sí mismo en el orden cultural y que fue en sí mismo el escenario donde se gestó una parte esencial de lo que hoy se concibe como Modernidad.

 

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