Así son los universitarios españoles

Un estudio de la Fundación BBVA muestra cómo se ven a sí mismos y
cómo ven el mundo los alumnos de segundo ciclo de Universidad

La Fundación BBVA ha presentado recientemente los resultados del “II Estudio sobre la juventud universitaria española”, basado en una amplia encuesta sobre la visión de los universitarios españoles respecto a sus estudios y perspectivas vitales y profe- sionales, que aborda diversos aspectos  
de la experiencia universitaria de los estudiantes y profundiza en cinco grandes cuestiones: la Universidad; la vida personal; los valores y creencias; la política, y las relaciones internacionales.
El grado de satisfacción de
los universitarios españoles con la Universidad es significativa- mente alto, alcanzando un
6,5 sobre 10. (Foto: Rafael Martínez)

Madrid.
Los resultados del segundo estudio sobre la juventud universitaria española proceden de una encuesta diseñada y analizada por la Unidad de Estudios de Opinión Pública de la Fundación BBVA, cuyo trabajo de campo ha sido llevado a cabo por Metroscopia, del 29 de noviembre de 2004 al 12 de enero de 2005. Se entrevistó a un total de 3.000 estudiantes de segundo ciclo, cursando, por tanto, los últimos dos años de estudios, mediante entrevista personal en centros de estudio de toda España.
El estudio de la Fundación BBVA está a disposición de los interesados en la dirección web: www.grupobbva.com .
Según se precisa en el citado estudio, los estudiantes universitarios se encuentran altamente satisfechos con la carrera que están estudiando (media de 6.8 en una escala de satisfacción de 0 a 10), y el 75% volvería a matricularse en la misma carrera.
Este alto nivel de satisfacción con la carrera, que ya se registró en la encuesta realizada en 2003, puede vincularse a una elección basada en primer lugar en factores motivacionales (69% menciona espontáneamente que decidió matricularse en esa carrera principalmente porque “era la que más le gustaba”).
La satisfacción con la universidad también es muy alta (6.5). Sin embargo, en este caso la elección ha descansado más en aspectos pragmáticos que en el prestigio académico. El principal motivo de elección de la universidad es la cercanía (47%), mientras que el prestigio o el reconocimiento académico de la institución aparece en segundo plano (22% de respuestas sumando ambos motivos). 
El bajo peso relativo del reconocimiento académico en la elección de la universidad puede vincularse con el moderado sentimiento de orgullo y pertenencia que se observa entre los estudiantes.  El 36% dice sentirse orgulloso de su universidad, mientras que más del 50% se declara ni orgulloso ni decepcionado. Entre los que se muestran orgullosos de ser alumnos en su universidad, el 31% la ha elegido por su prestigio o nivel académico, mientras que estas razones solo alcanzan el 17% entre quienes no están ni orgullosos ni decepcionados de su universidad.
De este modo, la satisfacción de los estudiantes españoles con su universidad no parece conducir directamente a un sentimiento de orgullo institucional. El hecho de que la cercanía haya sido el atributo que más peso ha tenido sobre la elección de su universidad, parece claramente vinculado a este moderado sentimiento de pertenencia. Desde el punto de vista de sus estudiantes, el modelo universitario español sigue alejado de los modelos universitarios competitivos vigentes en otros países europeos y en Estados Unidos.
La satisfacción general de los universitarios hacia la carrera se refleja en la valoración favorable de diferentes aspectos tanto del contenido como de la organización y el nivel de exigencia de la carrera.  En general, todas las puntuaciones tienden a superar los 6 puntos sobre 10.
En relación a la educación ofrecida por la universidad española, la principal deficiencia que advierten los estudiantes es la referida a la formación práctica, que contrasta claramente con la valoración favorable que hacen de la formación teórica  (4.7 y 6.4 respectivamente en una escala de 0 a 10). En línea con esta idea, la mayoría considera que la Universidad española actual no prepara adecuadamente a los estudiantes para la vida profesional (55%).
Por otro lado, los universitarios evalúan favorablemente los mecanismos de acceso y normas de permanencia en la universidad (oferta actual de plazas en su carrera, prueba de selectividad, número de materias y convocatorias, etc). Esta valoración contrasta con la que hacen del coste de la matrícula y la oferta de becas y ayudas de estudio.
La matrícula anual en una universidad pública oscila aproximadamente entre 500€ y 850€, un coste percibido críticamente por la mayoría de los estudiantes de centros públicos (61% considera que es muy o bastante cara). En este contexto, la amplia mayoría de (70%) estaría en desacuerdo con que se incremente el coste de la matrícula en un 10% para mejorar la calidad de la enseñanza de la Universidad.
No se percibe entre los universitarios la necesidad de mejorar servicios claves de la universidad, como la biblioteca o las salas de informática, que obtienen valoraciones muy favorables (6.7 y 5.8 respectivamente en una escala de 0 a 10). Sin embargo, los servicios vinculados a la formación práctica y la inserción laboral resultan más criticados (bolsa de trabajo, enseñanza de idiomas, 4.9 y 4.8 respectivamente).
De este modo, bajo la mirada de sus estudiantes, los aspectos más críticos de la universidad española resultan la formación práctica y los servicios vinculados con la inserción laboral.
Los estudiantes tienen una visión dual de los profesores. Aprecian positivamente su dominio sobre la materia y su capacidad de investigación, y se muestran más críticos en lo que se refiere a los exámenes que diseñan. Por otra parte, si bien los consideran accesibles, ciertos aspectos de la relación profesor - estudiante suscitan opiniones ligeramente menos favorables que el resto de los aspectos evaluados. Es decir, valoran más favorablemente a sus profesores en cuanto a su capacidad académica que en lo que se refiere a su método de enseñanza y su relación con los estudiantes.

Medidas de mejora en la Universidad

Más allá de que la experiencia universitaria suscita en general un alto nivel de satisfacción, los estudiantes estarían de acuerdo con la puesta en marcha de medidas que podrían mejorar la calidad de la enseñanza. El acuerdo es muy alto respecto a la introducción de mejoras en los procesos de selección y evaluación del profesorado y el acceso a diferentes recursos. Por el contrario, los jóvenes universitarios estarían en desacuerdo con un incremento en la exigencia en las pruebas de acceso (4.5), en las normas de permanencia (4.4) o en los exámenes (4.4 en una escala de 0 a 10).
Cabe destacar que los alumnos que expresan mayor apoyo al incremento de la exigencia en los estudios (exámenes, normas de permanencia, etc.) tienden a mostrar un mayor nivel de satisfacción con su carrera y declaran tener una nota media global más favorable. En este caso, el acuerdo con medidas que impliquen el aumento de la exigencia parece relacionarse más con el esfuerzo personal que con la percepción de deficiencias en la enseñanza que reciben.
Al centrarnos en la comparación que hacen los estudiantes de la universidad española con otras de la Unión Europea, se observa que la población se divide entre quienes consideran que es equiparable (50%) y quienes opinan lo contrario (30%) o no pueden pronunciarse al respecto (20%). Esta ausencia de consenso se complementa con una muy escasa familiaridad entre los estudiantes respecto a cuáles son las mejores universidades en su especialidad fuera de España. Al preguntar por las mejores universidades europeas en su especialidad, 7 de cada 10 estudiantes no puede identificar ninguna, y más de 8 de cada 10 estudiantes no sabe identificar la universidad americana mejor en su especialidad.
Por otro lado,  el conocimiento del Espacio Universitario Europeo es muy bajo: sólo el 31% de los estudiantes ha escuchado hablar del mismo.

Convivencia familiar

El 74% de los universitarios españoles vive con sus padres, mientras que el 24% vive fuera del hogar familiar.  Este 24% tiende a vivir en pisos compartidos con otros estudiantes (55%) y la mayoría lo hace por necesidad (65%), más que porque deseaba vivir por su cuenta (32%). Desde esta perspectiva, la experiencia universitaria tiene un alto componente de continuidad y no representa una ruptura muy fuerte respecto a la vida preuniversitaria.
Al preguntar a quienes viven con sus padres por sus expectativas futuras, sus planes y proyectos, la media de años proyectada para irse de la casa de los padres es de 3 años y 8 meses. Teniendo en cuenta que se trata de universitarios en el segundo ciclo de la universidad, con uno o dos años de estudio por delante, y que la edad media de la muestra es de 23 años y 7 meses, se trata de un plazo de tiempo relativamente amplio. Incluso antes de haber terminado sus estudios, los universitarios españoles proyectan permanecer en casa de sus padres aproximadamente hasta los 28 años.
Respecto a los motivos por los que viven en casa de sus padres, la población universitaria que vive con sus padres se divide en forma similar entre quienes apuntan motivos económicos (41%) y quienes señalan factores vinculados al ajuste entre su vida y el entorno familiar (42%). 

Situación y expectativas laborales

Tres de cada 10 universitarios compatibiliza trabajo y estudios. Entre quienes trabajan, el 95% lo hace por cuenta ajena, y el promedio semanal de horas trabajadas es de 20.
Los planes para cuando terminen la carrera dibujan trayectorias dispares. La mitad de los estudiantes universitarios planea comenzar a buscar trabajo cuando termine sus estudios, y más de un 30% piensa seguir estudiando (master, doctorado, otra carrera, oposiciones). Por último, el 11% planea viajar o irse al extranjero.
Los sectores o actividades en las que les gustaría trabajar son también diversos. La empresa, en primer lugar, y la administración pública, en segundo, son las áreas que concentran mayor número de preferencias. En cualquier caso, y en línea con este optimismo sobre el futuro en general, los estudiantes se muestran bastante confiados respecto a la posibilidad de encontrar un trabajo afín a su carrera (6.2 en una escala de 0 a 10).

Planes de futuro

Los planes de futuro se ven claramente condicionados por la rama de estudio de cada estudiante, pero también por el tipo de institución en la que cursa sus estudios. De este modo, y más allá de las tendencias generales ya detalladas, es posible visualizar rasgos específicos en cada segmento:
* Los estudiantes de Humanidades destacan entre quienes desean estudiar un doctorado u otra carrera, y entre quienes desean dedicarse a la enseñanza. Junto con los estudiantes de Ciencias Experimentales resultan relativamente menos optimistas acerca de la posibilidad de encontrar un trabajo afín a su carrera.
* Los estudiantes de Ciencias Sociales y Jurídicas son los que en mayor medida tienen planeado realizar un master cuando acaben la carrera y prefieren desarrollar su carrera en una empresa.
* Los estudiantes de Ciencias Experimentales son quienes mayor interés demuestran por dedicarse a la investigación, y entre quienes un porcentaje altísimo ha pensando en algún momento en esta posibilidad (67% frente a 35% del total). Junto con los de Humanidades destacan por un menor optimismo relativo respecto a su inserción laboral. 
* Los estudiantes de Ciencias de la Salud son quienes en mayor medida preferirían trabajar en la administración pública y por su cuenta. Son también quienes expresan un mayor optimismo acerca de la posibilidad de encontrar un trabajo afín a sus estudios (7.2 frente a la media de 6.2).
* Los estudiantes de carreras técnicas planean buscar trabajo cuando acaben sus estudios en mayor proporción que el resto de las ramas. Comparten con los estudiantes de Ciencias Sociales una orientación más empresarial.
Los rasgos de los estudiantes de centros públicos se asimilan mucho a los de la media de la población universitaria al tener el mayor peso en el universo. Los estudiantes de centros privados, por su parte, se caracterizan por pensar en mayor medida estudiar un master y por preferir trabajar en una empresa multinacional (28% frente a un 12% entre los estudiantes de centros públicos).

Valores, creencias y normas

El 78% de los universitarios españoles fue educado en la religión católica. Sin embargo, actualmente, se observa una división de los estudiantes en dos grupos prácticamente iguales entre quienes se consideran católicos (45%) y quienes declaran no tener ninguna religión (47%).
Asimismo, la población universitaria española expresa un nivel global de religiosidad bajo, con una media de 3.3 puntos en una escala de 0 a 10, donde 0 significa “nada religioso/a” y 10 “muy religioso/a”. Si, además de la media, se observa la distribución de las respuestas agrupadas, existe un posicionamiento claro por parte de la mayoría de los universitarios españoles: el 52% se coloca entre un 0 y un 3 en la escala de religiosidad.
Los estudiantes de humanidades y de ciencias experimentales no solo tienden a ser menos católicos que sus compañeros de otras áreas (40% y 35% se declara católico frente al 45% en el total de los universitarios), sino que son menos religiosos en general.  El centro de estudio también diferencia las creencias de los universitarios en gran medida.  Los estudiantes de centros privados suelen ser más creyentes y religiosos que sus compañeros en centros públicos (57% se declara católico frente al 44% que se identifica de este modo entre los estudiantes de centros públicos).
Por otra parte, se observa entre los universitarios un bajo nivel de práctica religiosa. El 11% asiste a ceremonias religiosas, aparte de bodas, funerales o bautizos al menos 1 vez al mes, el 9% varias veces al año, el 17% con menor frecuencia, y el 60% declara que nunca va a misa.  Entre los católicos, la asistencia a ceremonias religiosas es más frecuente, aunque el 32% de los católicos declara que nunca asiste (el 22% declara que asiste al menos 1 vez al mes, el 18% varias veces al año, y el 26% con menor frecuencia).
Por otra parte, sólo un tercio de los universitarios españoles considera importante marcar momentos claves de la vida, como un nacimiento, matrimonio o fallecimiento, con una ceremonia religiosa.
Entre los universitarios predomina el relativismo en los criterios para evaluar el comportamiento humano. Una mayoría de los universitarios, el 57%, opina que “Nunca puede haber principios claros de lo que es el bien y el mal. Lo que está bien y lo que está mal depende de las circunstancias del momento”, mientras que una minoría importante, 35%, opina lo contrario.
Cabe señalar que es posible identificar un vínculo entre la creencia en principios éticos universales que sirven para vertebrar y evaluar el comportamiento humano y las creencias religiosas. Los estudiantes que se reconocen como católicos tienden a posturas menos relativistas que los que se identifican como no creyentes (el 43% de los católicos cree que “existen principios claros de lo que es el bien y el mal. Hay que aplicarlos siempre, independientemente de las circunstancias del momento”, frente a un 27% que piensa de este modo entre quienes declaran no pertenecer a ninguna religión).
Por otra parte, resultan claramente aceptables para la mayoría de los universitarios cuestiones que han formado o forman parte en la actualidad del debate ético y de la decisión de los legisladores, como recurrir a técnicas de reproducción asistida, el matrimonio entre personas del mismo sexo, ser padre o madre sin pareja y, a corta distancia, la eutanasia o el aborto.  Cuestiones importantes objeto de debate en la actualidad parecen no plantear problemas significativos para su aceptación entre los universitarios y quedan fuera del debate moral de este colectivo. La única cuestión que plantea dudas de tipo ético es el consumo de drogas, asunto que la mayoría de los estudiantes no justifica.
Es posible profundizar en esta cuestión analizando cómo se modifica el grado de aceptación de estos temas según las creencias de los universitarios.  Los estudiantes católicos y quienes sostienen una visión menos relativista encuentran menos aceptables cada cuestión planteada.  Si se identifica el segmento que reúne ambas características -además de católicos también creen en principios éticos generales- se observa que, aunque se colocan por encima de los 5 puntos en la escala de 0 a 10, expresan un nivel de aceptabilidad claramente menor que los que declaran no tener ninguna religión sobre cada cuestión contemplada.

Unión Europea, EE.UU y globalización

El trabajo de campo del “II Estudio sobre los estudiantes universitarios españoles” tuvo lugar pocos meses antes de la convocatoria a las urnas para votar la Constitución Europea. Destaca en primer lugar que el 45% tiene sentimientos significativos de identidad hacia la Unión Europea. Las expectativas sobre el impacto de la mayor unificación de la Unión Europea en diferentes áreas de la vida pública son positivas. 
La visión de los estudiantes universitarios sobre Europa y los europeos es en general muy favorable, principalmente en lo que se refiere a sus manifestaciones culturales, su apoyo a la ciencia, su pacifismo, y sus oportunidades de progreso.  Un rasgo negativo en su visión de Europa se refiere a la percepción de grandes desigualdades sociales.
La visión de los estudiantes sobre Estados Unidos y los norteamericanos es predominantemente crítica. No obstante, como hemos recogido en otros estudios, en la imagen de Estados Unidos convive junto con la identificación de los aspectos negativos, la identificación de algunos rasgos positivos como el apoyo a la ciencia, la valoración de sus manifestaciones culturales y de sus oportunidades de progreso. De cualquier modo, existe un gran consenso entre los universitarios españoles acerca de algunas facetas negativas de este país, como la percepción de grandes desigualdades sociales y críticas hacia su actuación en política exterior.  Las diferencias más significativas en la visión de Europa y Estados Unidos se registran precisamente en los rasgos vinculados a sus respectivos papeles en el mundo.
Los universitarios españoles tienen una opinión general predominantemente negativa de la globalización.  Para el 43% de los encuestados tendrá más consecuencias malas que buenas, frente al 30% que opina lo contrario, y un 27% que no puede pronunciarse al respecto.
Al preguntar por diferentes facetas que componen la imagen general de la globalización, se advierte, en primer lugar, una tasa de no respuesta alta, entre el 10 y 20% en todos los casos.  En segundo lugar, se observa que dos aspectos de la globalización generan un consenso claro y contundente, según se observa por los valores medios de respuesta: según los universitarios españoles, “la globalización produce un mundo dominado por la cultura occidental” (6.9) y “aumenta la distancia entre países ricos y pobres” (6.8).
Un análisis del conjunto de la población universitaria apunta a un escenario en el que la imagen de Europa es favorable, mientras que la globalización y la imagen de Estados Unidos generan críticas.  No obstante, un análisis por ramas y centro de estudio revela diferencias en opinión significativas.
Los estudiantes de Humanidades y de Ciencias Experimentales conforman un segmento de la población universitaria más crítico que el resto. Tienden a posicionarse más a la izquierda en el arco ideológico (3.2 entre los estudiantes de Humanidades y 3.3 entre los de Ciencias Experimentales) y valoran más críticamente cada una de las diferentes facetas de Europa y Estados Unidos. Igualmente, los estudiantes de Humanidades son especialmente críticos con la globalización (para el 50% la globalización tendrá más consecuencias malas que buenas) y especialmente positivos respecto a la inmigración (61%), al tiempo que adoptan una posición más permisiva respecto a la regulación de la estancia de inmigrantes en España. 
Los estudidantes de centros privados, en cambio, adoptan una visión más positiva de Estados Unidos y de la globalización (43% cree que tendrá más consecuencias buenas que malas).  En cambio, tienden a preferir el establecimiento de cupos de entradas para regular la inmigración (48% frente a 32%). Ideológicamente, se diferencian significativamente de los estudiantes de centro públicos colocándose menos a la izquierda en la escala de identificación ideológica (4.9 frente a 3.7).

Confianza en instituciones

La confianza institucional es clave en el funcionamiento de una sociedad. Por este motivo, es de interés analizar esta cuestión en el colectivo de estudiantes universitarios.
De entre las instituciones por las que se interesó el presente estudio, las que más captan la confianza de los universitarios son aquellas relacionadas con el conocimiento, como las universidades (6.4) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (6.2). De este modo, la institución con la que tienen mayor contacto como estudiantes es, de las instituciones evaluadas, la que inspira mayor confianza. Igualmente, y aunque no todos los estudiantes están familiarizados con el campo de la investigación en su facultad, el CSIC se coloca entre las instituciones con mayor nivel de confianza (6.2), aunque el 14% no puede evaluar a esta institución. La valoración del CSIC entre quienes desearían dedicarse a la investigación es aún más favorable (6.7).
Por otra parte, las ONGs (6.2) también se colocan entre las instituciones que generan mayor confianza.  Por su parte, se visualiza una diferencia muy notable en la confianza que suscitan las empresas españolas y las multinacionales (5.5 y 3.9 respectivamente)  colocándose estas últimas en el extremo de menor confianza.
En este extremo, también se coloca la Iglesia Católica (2.9), posición que está en línea con la imagen de la Iglesia Católica que se examinó anteriormente.
En lo que respecta al Gobierno, los niveles de confianza tanto del Gobierno Nacional como de los Autonómicos se sitúan en un nivel intermedio, al igual que una institución clave en su carácter de estudiantes como el Ministerio de Educación. 

Conclusiones

En lo que respecta a su experiencia universitaria, los estudiantes se muestran en general satisfechos con la formación teórica, el nivel de exigencia y las instalaciones de su centro de estudios. En este contexto, identifican algunos puntos críticos o ‘asignaturas pendientes’ referidos principalmente a:
* La formación práctica y el vínculo con el mercado laboral, tanto en lo que se refiere a la educación como a servicios vinculados a esta cuestión (bolsa de trabajo, enseñanza de idiomas, etc.)
* El coste y la oferta de becas y ayudas de estudio.
* La falta de estímulos hacia la investigación por parte de los profesores y recursos.

Por otra parte, se observa un moderado nivel de identificación e implicación de los estudiantes con su institución universitaria: han elegido su universidad principalmente por cercanía, y es escasa la visibilidad de algunos aspectos y acontecimientos de supuesto impacto en su experiencia universitaria  (investigación que se desarrolla en su facultad, proyecto de Espacio Europeo Universitario). Igualmente se aprecia un bajo sentimiento de pertenencia o de orgullo institucional, que podría estar marcando una diferencia entre el sistema universitario español y los sistemas universitarios competitivos vigentes en algunos países de nuestro entorno.
El 11% de los estudiantes expresa que cuando acabe sus estudios le gustaría dedicarse a la investigación como primera opción. Sus preferencias no parecen afectadas por la imagen de la carrera del investigador –caracterizada como exigente y poco atractiva económicamente -, sino más bien por una actitud más favorable hacia la ciencia y una experiencia universitaria de mayor satisfacción con la investigación en su facultad. Cabe destacar el elevado número de estudiantes de ciencias experimentales en este segmento.
Mientras que la alta satisfacción con sus estudios y la moderada implicación con su institución universitaria son tendencias que, aunque con matices, se registran en la mayoría de los estudiantes, las expectativas para cuando acaben sus estudios dibujan trayectorias no lineales que los diferencian más claramente. La mitad proyecta buscar trabajo, preferiblemente en una empresa antes que en la administración pública o por su cuenta, y un tercio proyecta continuar estudiando. 
Aunque la mayoría recibió una educación religiosa, en la actualidad casi la mitad de los universitarios reconoce no pertenecer a ninguna religión. En cuanto a sus valores, son relativistas con los principios que deberían servir para vertebrar los comportamientos humanos. Y frente a cuestiones éticas de gran debate actual, se registra una alta aceptabilidad y una baja influencia de la Iglesia Católica. La mayoría considera aceptables cuestiones como el matrimonio entre personas del mismo sexo, la eutanasia o la adopción de un niño por parte de parejas homosexuales, entre otras.
Ideológicamente, se identifican en mayor medida con la izquierda. Su valoración de Europa es favorable al tiempo que predomina una imagen crítica de Estados Unidos y la globalización.
Bajo este perfil general de los estudiantes universitarios españoles subyacen diferencias significativas en función del área de estudio y tipo de centro de enseñanza.
Los estudiantes de Ciencias de la Salud destacan como el segmento más satisfecho con su experiencia universitaria, al tiempo que son quienes más horas dedican a sus estudios. Junto con los estudiantes de Ciencias Sociales-Jurídicas y carreras técnicas destacan por un mayor nivel de religiosidad y por una visión más favorable de Europa y del mundo en general.
Por otra parte, se dibujan ciertas afinidades entre los estudiantes de Humanidades y Ciencias Experimentales. Son relativamente más críticos (más los primeros que los segundos), resultan menos religiosos y expresan un mayor nivel de aceptabilidad frente a las cuestiones éticas planteadas.
Los estudiantes de centros privados se asemejan al primer perfil. Incluso se acentúan los rasgos de satisfacción personal y visión favorable del mundo. Igualmente tienen una visión integral más satisfactoria de su experiencia universitaria, diferenciándose claramente de los estudiantes de centros públicos en la valoración de  su formación práctica.
Por último, existen diferencias en los planes de futuro según rama de estudio, condicionado cada estudiante por el mercado laboral al que se enfrenta con los estudios que tiene. Así, los universitarios de Ciencias Sociales-Jurídicas y carreras técnicas están más orientados hacia el mundo de la empresa; los estudiantes de Ciencias de la Salud hacia la administración pública; los estudiantes de Ciencias Experimentales destacan por una mayor afinidad con la investigación, y los de Humanidades con la enseñanza.

 

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