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hecho
públicos diversos documentos relativos a la situación de algunos aspectos
educativos, llegando a conclusiones tanto más valiosas cuanto el tamaño
de la muestra y el número de países implicados es suficientemente representativo.
Este valioso
cúmulo de resultados y sus consecuencias llegan, para nuestro país, en
el momento más oportuno: en pleno debate educativo. Debate que esperemos
quede activado por estos nuevos datos así como por la serenidad que proporciona
disponer de tres meses más para la discusión y la propuesta.
Las conclusiones
del Informe PISA tienen una característica importante: son difícilmente
susceptibles de dobles o triples lecturas. Ponen, negro sobre blanco,
hechos educativos relevantes de los que dependen, en gran manera, los
resultados del proceso. Y estos, en un sentido amplio, incluyendo actitudes
ante la vida y situaciones no estrictamente académicas que forman parte
indisociable de la educación en su verdadera extensión, es decir preparación
de ciudadanos para la vida adulta dentro de los hábitos democráticos.
No es posible
en una artículo pasar revista a todos los aspectos que cabe extraer de
tan metódico y extenso estudio. Yo, particularmente, me inclino por lecturas
reflexivas dentro de márgenes acotados que permiten analizar con mas detenimiento
los distintos aspectos de las buenas políticas educativas aplicadas
en los diversos países.
Lo primero
que resaltaría, además del ya conocido dato de la correlación financiación-eficacia
del sistema, sería sin duda el hecho de que Finlandia, el país líder en
una educación beligerante a favor de la equidad, tiene
un sistema educativo “que aprende”, es decir que está abierto a las experiencias,
de éxito claro está, de otros países. Es de Perogrullo, pero a veces parece
que algunos políticos cuando están en disposición de decidir, deciden
“inventar” nuevas formulas de acercarse a los problemas que se le plantean,
haciendo tabla rasa de todo lo anterior, especialmente si lo anterior
lo ha diseñado el “equipo” adversario.
Situación
crítica
La
situación de la educación es algunos países, entre ellos España, es critica.
Lamento decirlo, pero tan sólo hago lectura en voz alta de lo que concluye
el Informe PISA y de una realidad en los centros, a la que por interés
me aproximo. Y lo es más por cuanto las consecuencias de una educación
de mediana calidad no repercute tan sólo en los niveles de excelencia
o en la cultura general a la que acceden los españolitos, sino porque
algunos de ellos, demasiados sin duda, pagarán muy caro los “agujeros”
del sistema. Y lo pagarán con el fracaso escolar, que en algunos casos
conducirá inexorablemente a la exclusión social.
Pero se puede
trabajar en la buena dirección, y el Informe PISA es enormemente claro.
Voy a seleccionar tres aspectos de sus conclusiones que me parecen claves
para la mejora de la calidad de la educación. Son las referidas a la colaboración
entre el profesorado, la atención individualizada, la formación del profesorado
y la autonomía organizativa y curricular de los centros.
Poco a
poco iremos viendo como todos ellos están relacionados entre sí, convirtiendo
de esta manera más fácil la tarea. No es fácil hablar de cultura
colaborativa en España. La situación del profesorado de una parte
de los centros, especialmente públicos y de Secundaria, es lamentable.
Casi un 40 % de los profesores dicen estar desmotivados, un 7% se encuentran
a la busca de un trabajo alternativo, mientras no se entreven soluciones
(entre otras cosas porque no se ofrecen suficientemente) y se escoge
con frecuencia (aunque no tanta como algunos quieren hacer creer) como
única salida la apatía, la pasividad, la rutina y el desaliento. La autoestima
como profesionales, por los suelos en muchos casos.
En este contexto
se necesita más que un llamamiento para la colaboración. Es preciso una
alternativa, o mejor, un abanico de alternativas, y distintas, definitivamente,
de aquellas que se probaron y no funcionaron.
La autonomía
de centros, lo que PISA denomina devolución a los centros y al profesorado
de las competencias educativas, es un factor que ha demostrado su
eficacia en la práctica. No es muy difícil deducir por qué. Sencillamente,
las soluciones mejores se encuentran cerca de donde se originan los problemas.
.Además es lógico derivar responsabilidades sobre las acciones
que se ejecutan por uno mismo, pero nunca sobre las que se gestan lejos
y, en ocasiones de forma desafinada.
La centralización
de algunos aspectos de la acción educativa, como el currículo común, demuestra
ser necesario por varias razones. Pero ahora me refiero a un “núcleo”
curricular, a un armazón debidamente diseñado y conteniendo los elementos
no prescindibles del mismo y dotados de la suficiente flexibilidad
en su aplicación. No a un “corpus” curricular donde esté todo atado
y bien atado, y que constituye en la práctica de muchos centros un
obstáculo a la adecuación de los objetivos a la realidad existente en
lugar de una orientación o guía.
El
factor diversidad
Pero
a la hora de trabajar en la Educación Secundaria Obligatoria, es decir
con todo tipo de alumnado en toda su rica diversidad, resulta imprescindible
poder contar con libertad para adaptar lo general a lo particular, so
pena de considerar iguales las condiciones de la práctica educativa en
un entorno urbano residencial que en un barrio periférico con alto índice
de problemática familiar, violencia y, pongamos por caso, un 60% de población
inmigrante de primera generación.
No es fácil
adaptarse a lo particular sobre todo cuando esto es conflictivo y en sí
un reto, pero, como todo, se puede aprender, siempre y cuando se den las
condiciones para que el equipo de etapa, el pedagógico, el departamental,
en última instancia, el de aula, tome decisiones concretas sobre alumnado
concreto (en grupo o individualmente) con un alto grado de autonomía
en sus decisiones.
El coordinador
del Informe PISA 2003, Andreas Scheleicher, en declaraciones al diario
“El País” el pasado 7 de diciembre, aseguraba que se alcanzarála educación
individualizada “cuando los profesores tengan la capacidad de hacer
un diagnóstico para cada alumno y de comprender las deficiencias que pueda
tener. Cuando los profesores tengan la responsabilidad de resolver los
problemas y los colegios flexibilidad para adaptar el entorno al aprendizaje
de los alumnos”.
Pero los
procesos de mejora, de cambio, necesitan de formación. El coordinador
del Informe PISA declaraba a El País en la entrevista citada más
arriba que “lo que hacen en Finlandia es invertir
en la formación de los profesores”. El subrayado es mío y trata
de hacer fijar la atención del lector sobre el carácter de rentabilidad
social de los gastos en formación del profesorado.
Recientemente,
la ministra finlandesa de Educación, Tuula Haatainen, confirmaba la constatación
anterior, atribuyendo en gran medida a la formación el liderazgo educativo
que su país mantiene desde hace años. Mientras España proporciona formación
permanente a un 25% de su población asalariada, la media europea se sitúa
en el 40%.
Pero cuando
hablamos de formación no estamos hablando de cualquier curso que transmita
conocimientos profesionales. La formación debe formar parte de la relación
de instrumentos que el profesorado necesita objetiva y subjetivamente,
es decir que llegará conscientemente a demandar de las Administraciones.
Por otra parte debe estar integrado plenamente en la especificidad del
centro docente de que se trate. Hace poco hablábamos en otro artículo
sobre la autoformación, que no es, pese a la etimología, la formación
que se busca un profesor por sus propios medios, sino la formación que
cada equipo de centro (claustro, grupo de trabajo, comisión de apoyo interno...)
diseña por sí mismo y para sí mismo, en colaboración con los especialistas,
para que esté adaptado a las características del entorno, perfil sociocultural
del alumnado, profesorado, conocimientos y competencias previas, proporción
de inmigrantes, clima escolar, nivel de absentismo...
Es el Plan
de Formación del Centro X para el curso académico Y. Y utiliza unas estrategias
planificadas de acuerdo a unas necesidades priorizadas, y por tanto, secuenciadas
y temporalizadas coherentemente. Así este centro “bebe” de las experiencias
de otros Centros, pero las aplica de forma altamente específica,
de acuerdo, incluso, con el nivel de compromiso y vinculación del profesorado
en la tarea docente. No conviene hacer castillos en el aire. Formación
en el centro, desde el centro y para cada centro.
Formación,
¿para qué?
Pero
concretemos. Formación ¿para qué?. Nadie pone en tela de juicio la competencia
profesional de ningún colectivo. Mejor que profesional habría que decir
de conocimientos básicos (o muy profundos en ocasiones), de la materia
que impartimos cada uno. De lo que se trata es de dejar de ver nuestros
problemas diarios no estrictamente académicos como obstáculos que se interponen
en nuestro camino de “transmisores de saberes” de “instructores”, para
considerar su abordaje cómo una parte más de nuestra tarea profesional
(y pienso en este caso más en mí y en mis compañeros de Secundaria). Y
cuando hablo de problemas me refiero a la presencia en nuestras aulas
de alumnado procedente de más de 50 países, de indisciplina, de violencia
entre el alumnado, de vandalismo, de falta de motivación, de absentismo,
de fracaso y de abandono escolar, de todo eso que ha convertido nuestra
profesión en una de las consideradas de alto riesgo psicológico...
Cuando en los
últimos cursos trabajaba en la localización y divulgación de buenas
prácticas educativas aprendí, entre otras muchas cosas, el valor de
la experiencia, la utilidad de aprovechar el trabajo de los demás permitiendo
que hagan lo mismo con el nuestro. Y de poner en común experiencias de
éxito para que otros, en circunstancias similares, se aprovechasen de
los aciertos y se abstuviesen de cometer los mismos errores, para que
se acogieran al atajo que ofrece el trabajo compartido. Y los diseñadores
de experiencias se convirtieron en formadores de los profesores
de otros centros. A cada centro procurábamos enviar profesores que conocían
en su propia práctica los problemas del centro que demandaba orientación.
Y recibían esa orientación y quedaban satisfechos, porque tenían delante
a alguien que conocía lo que, hasta entonces, consideraban suyo exclusivamente
y sin solución.
A esto lo llamábamos
poner a los centros en Red. Conectar grupos de trabajo, intercambiar,
aprender a la vez. Y si funcionó en algunos casos, no hay razón para que
no pueda funcionar en otros. Hay en España numerosas experiencias de Redes:
desarrollo pedagógico en Primaria, convivencia escolar, atención a la
diversidad, calidad de procesos educativos, centros ecológicos...
Es solamente
una idea. Una idea más. Pero es que lo que se necesitan ahora son ideas.
Ideas que funcionen. Cualquier propuesta debería merecer nuestra atención.
Colaboración
entre el profesorado
Y
por supuesto, las Redes, al igual que los procesos de autoformación, necesitan
de la colaboración entre el profesorado. Relaciones colaborativas.
Recientemente (Jornadas de la Fundación Santillana) Cecilia Braslavsky,
directora de la Oficina de Educación de la UNESCO, afirmaba que “ en
lo que hay que avanzar es en el trabajo en equipo entre los profesores”.
El Sr. Schleicher declaraba a El País en la referida entrevista,
tras la presentación del Informe PISA, que “en Finlandia los profesores
trabajan juntos, comparten conocimientos, y esto es tan importante como
el salario”
Muchos
autores, entre los que destacan Fullan y Hargreaves, llevan muchos años
trabajando cerca del profesorado, estudiando de forma precisa los procesos
por los que hemos atravesado en el común de los países desarrollados en
la última década. Y, en este sentido, España no es una excepción. La evolución
de muchos ensayos de lo que llaman “colegialidad artificial” (cómo una
especie de “reunionitis” por la que todos, de alguna manera, hemos pasado)
hacia formas más o menos encubiertas de procesos sin desarrollo ulterior
positivo y altamente burocratizados, han convencido a muchos que la colaboración
no sirve de gran cosa, o qué es, incluso, contraproducente.
Y tienen una
gran parte de razón. En lo que a la colegialidad se refiere, por supuesto.
En cuanto a las relaciones colaborativas, no.
Qué pregunten
a quién tenga experiencia en coordinar “grupos heterogéneos de aprendizaje
cooperativo” en el alumnado. La relación cooperativa, siempre que sea
asumida, se diseñe en forma horizontal (no jerarquizada) y de resultados
efectivos, aunque sean pocos, activa poderosamente la creatividad, rompe
las barreras del individualismo ya endémico en la profesión docente y
proporciona, al empezar el logro de objetivos parciales, el incremento
de nuestra autoestima y con él la vuelta, aunque sea lenta, de la propia
motivación hacia el trabajo educativo. Desde
luego, vale la pena intentarlo.
Y para ir terminando
con el artículo (y no con la paciencia del lector) aclarar que el otro
“pilar” sobre el que escribía más arriba: la atención individualizada,
está en la base del éxito finlandés y, en general, forma parte de
una tradición de años en los países nórdicos. Esa atención (que va algo
más allá de lo que nosotros llamamos atención a la diversidad) forma la
“pieza” sin la cual no puede funcionar un sistema comprensivo. Incluso
me atrevería a decir que cualquier sistema educativo universalizador.
Es imposible seguir trabajando con un nivel estándar válido para un
alumno estándar.
Ya no hay
un alumno estándar. Se acabaron cuando finalizó el acceso restringido
a las “enseñanzas medias”. Y cuando digo que se acabó el acceso
restringido quiero decir selectivo, segregador, o sea, socialmente injusto.
Y por supuesto que se puede estar por una vuelta atrás. Recientemente
lo manifestaba así el sin duda ilustre profesor Rodríguez Adrados, cuando
hablaba de la posible oportunidad del retorno a las pruebas de ingreso
de Bachillerato. Es lícito pensar y hablar así. Pero si de lo que se trata
es de educar, no sólo instruir, a todas las personas residentes en España
de entre los 3 y los 16 años edad no tenemos más remedio que invertir
recursos económicos y aprender a trabajar con alumnado altamente heterogéneo.
Y debemos admitir que esto se puede hacer, que cada vez en más centros
van alcanzando objetivos que tan sólo hace unos años parecían imposibles.
Pensemos, sin
ir más lejos, en los Programas de Diversificación Curricular que logran
una promoción media superior al 80%.
De la misma
manera que ya existen los PGS, muchas Comunidades Autónomas y centros
de diferentes partes del país han avanzado, y mucho en ocasiones, en la
experimentación y puesta en práctica de variadas y abundantes medidas
de atención a la diversidad. Por tanto, no se argumente que no hay tiempo,
que se necesitan soluciones urgentes. Las soluciones no hay que inventarlas,
existen ya. Se aplican y con éxito en algunos lugares. Estudiemos su rica
variedad, valoremos la especificidad que tiene cada medida para cada caso
y mirando con generosidad, o mejor, con perspectiva inversora la educación
demos el siguiente paso: aprender y aplicar lo que hemos aprendido. Va
a ser lento, pero ¿acaso alguien pensó que las inercias sociales, culturales
y educativas de un país se iban a arreglar en un par de años?
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