|
Madrid.
JULIA
FERNÁNDEZ
Objeto
de uso en cada uno de los espacios de la casa; recipiente ritual en el
diálogo con los dioses; compañero en el exiguo lugar de donde se partía
al más allá; regalo en el que se envolvían perfumes; contenedor de las
especias y los aceites; moneda de intercambio entre diferentes culturas...y
sujeto asombroso de la expresión refinada del arte griego: todos los cometidos
y las significaciones están presentes en la espléndida proposición que
sobre El vaso griego y sus destinos exhibe estos días en sus salas
temporales el Museo Arqueológico Nacional. Una muestra que resume el trabajo
llevado a cabo por el Programa Internacional de Cooperación Científica
gestionado en Francia por el Centre National de la Recherche Scientifique
(Paris) en asociación con el Musée Royal de Mariemont (Bélgica), en el
que han participado investigadores de Alemania, España, Grecia, Inglaterra,
Italia y Suiza, y que presentada anteriormente en Mariemont (mayo-septiembre
2003) y en el Museo Calvet de Avignon (marzo-junio 2004), tras su paso
por nuestro país viajará a museos de Friburgo y Dresde (Alemania), Zurich
(Suiza) y Paestum (Italia).
Sagrados y profanos
“Hemos
querido plantear el destino variadísimo del vaso griego desde la Antigüedad.
No sólo su significación original o el valor que tuvo en el periodo del
siglo VI al IV como elemento de intercambio de culturas sino –y esto es
lo novedoso- el cometido que desde su redescubrimiento en el Renacimiento
llegará a tener hasta nuestros días”, afirmaba la especialista Paloma
Cabrera, comisaria junto a Pierre Rouillard de una de las muestras más
importantes salidas del acuerdo de colaboración entre la Subdirección
General de Promoción de las Bellas Artes del Ministerio de Cultura y la
Caja de Ahorros del Mediterráneo y que ya ha tenido expresos frutos en
exposiciones recientes en este mismo Museo.
Ciento
ochenta y cuatro objetos, en su mayoría procedentes de las propias colecciones
del Arqueológico –museo que después del Louvre y el Británico cuenta con
el mejor conjunto europeo de vasos griegos- son el legado que expone en
toda su dimensión el significado que la Antigüedad proporcionó a este
objeto que invadió tranquilamente los campos diferenciados de lo profano
y lo sagrado y, avanzando en su redescubrimiento, amplia hasta nuestros
días su papel en la formación del gusto y de la estética de las sociedades
del XVIII y del XIX. Una síntesis que arranca en Atenas, como centro de
los talleres cerámicos de vajilla común y de vasos pintados con figuras
rojas o negras, entre los siglos VIII al IV a. de C., y va adentrándose
en el uso cotidiano de las obras expuestas: como recipiente, en las necrópolis,
en el Ágora de las situaciones oficiales o en el escenario del banquete
y su concepto de vaso comunitario.
Belleza sin artificio
El
lienzo que en realidad era para los artistas de la época queda reflejado
en las obras de los ceramistas pintores de Diosphos y de Haimon que a
través de sus escenas y figuras negras celebran el oficio de testificar
el amor al arte que distinguió a sus conciudadanos realizando a la vez
vasos en forma de cratera o de ánfora panatenaica, como las que encerraban
el aceite de los olivos sagrados de Atenea destinado a los ganadores de
los Juegos panatenaicos en Atenas.
El uso
de los etruscos de este recipiente mítico como valor para intercambiar
comercio con otros pueblos es la siguiente inflexión de un recorrido que
ya se abre al aspecto menos divulgado de la significación del vaso griego
en la historia occidental: el inicio de una poderosa influencia en la
estética y en el gusto que alienta y diseña objetos, mobiliarios e interiores,
en una mimética reproducción que llegó a contagiar a reyes, aristócratas,
artistas, burgueses y, ya adentrado el siglo XIX, al pueblo llano. Todo
un apasionado renacer en el que se le negaba ya un fin cotidiano y utilitario
para reivindicarlo como un objeto de deseo y placer estético, dibujado
por los creadores más significativos, buscado obsesivamente por mediadores
artísticos y consagrado por coleccionistas y compradores de arte. Consagración
que hoy se descubre en esta magnífica reflexión a través de objetos, lienzos,
ilustraciones de libros, las imitaciones etruscas, las manufacturas españolas
y el decorado escénico que se exhibe en este final que cierra el increíble
bucle temporal que este recipiente ha realizado desde su nacimiento en
la Antigüedad.
|
|