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El nuevo maestro de escuela

En mi opinión su figura en la sociedad concita una cierta homogeneidad donde los tópicos se confunden con un desconocimiento absoluto de la realidad. Rodeado de un halo de paternalismo goza por lo general de la simpatía de las gentes, a pesar de reprocharle su excesivo período vacacional ignorando que dentro de los diferentes cuerpos docentes es el que más horas trabaja diariamente con el alumnado. Pero realmente lo que las maestras y maestros necesitan no son simpatías más o menos explícitas sino un reconocimiento tangible y efectivo de su meritoria función social, donde la retórica hueca deje lugar a la verdad de hechos palpables que den respuesta a las exigencias demandadas y que sean consecuencia de un deseo de hacer justicia y no de fingida generosidad.
Ese reconocimiento debe venir de todas las esferas sociales, comenzando por los propios padres de alumnos, a veces excesivamente críticos con la labor de las y los maestros, pecando con frecuencia de un desconocimiento del hecho educativo (materia de la que curiosamente todo el mundo opina, todo el mundo sabe y todo el mundo pontificia) y confundiendo en muchas ocasiones los intereses individuales de su prole con los colectivos del grupo en que está integrada.
Trascendental es la responsabilidad de las administraciones educativas sabiendo captarse a las maestras y maestros (no tanto en el sueldo, pues el dinero nunca ha sido el móvil principal que los ha impulsado, admitiendo que aunque ahora ya no tiene vigencia el refrán de "pasar más hambre que un maestro de escuela", tampoco sus ganancias son como para tirar cohetes), arropándoles en su labor docente, no dejándoles desamparados e indefensos ante cualquier demanda exterior, a la que se tiende a conceder una credibilidad que va pareja a la desconfianza hacia quienes realmente deberían proteger, auxiliándoles con cuantos medios tengan a su alcance y no abusando de su voluntarismo y de su cariño hacia los niños.
Tampoco hemos de olvidar el reconocimiento que los propios maestros deben sentir ante su labor y que no siempre se da, para ello deben ser conscientes de la grandeza de su profesión, creer en su propio destino, sentirse orgullosos de su condición dignificando al máximo su trabajo, exigiendo un respeto que se están ganando a base de tesón y esfuerzo y reivindicando todas las mejoras que honestamente crean que contribuyen a mejorar su tarea.

Juan Bertuchi
Málaga

 
     
   

Víctimas y verdugos

Según informaciones publicadas en prensa, casi la mitad de los alumnos podrían ser víctimas de acoso físico y psíquico en sus centros escolares. La desgraciada desaparición del niño vasco, ha sacado a la luz pública un infierno que, al parecer, se produce con demasiada frecuencia en los colegios e institutos y que afecta a centenares de escolares, ante la pasividad de sus compañeros y la desidia de los profesores.
Ultimamente, nos estamos familiarizando con un nuevo término de origen anglosajón: bullying o violencia entre iguales. El hecho de que muchas víctimas no se atrevan a denunciar los hechos dificulta la elaboración de estudios y la puesta en marcha de métodos para solucionar este problema. No obstante, los expertos recomiendan que la mejor manera para luchar contra el bullying es la prevención, que se puede materializar mediante programas educativos y mecanismos de vigilancia en los centros. Desgraciadamente en nuestro país no existen planes de prevención de violencia escolar y, como ocurre en otros sucesos, ha sido necesaria esta desgraciada muerte para que seamos conscientes de la magnitud del problema y de la necesidad de adoptar las medidas para resolverlo.
Al parecer, en la propuesta de reforma educativa que ha presentado el Ministerio de Educación y Ciencia se apuesta por la creación de una nueva asignatura, denominada Educación para la ciudadanía, que transmitiría valores de respeto e igualdad. A mi juicio, para atajar este conflicto es preciso la intervención de profesores, padres, alumnos y directores de los centros, para que conjuntamente desarrollen estos programas de prevención, tanto en el ámbito escolar como familiar.

Miguel Sánchez Vivas
Las Rozas (Madrid).

 
       
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