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aquellas entidades que mejor trabajan en el campo de la alfabetización
de adultos y de la educación de grupos socialmente desfavorecidos.
Este
centro, que inició su andadura en los años setenta, es uno de los pocos
que ha recibido dos veces este preciado galardón. Después de una experiencia
que supera los treinta años, el centro ha conseguido un modelo de actuación
propio, en el que prima la convivencia, la multiculturalidad, el desarrollo
personal y social, la participación ciudadana y la apertura al entorno.
Un
claustro de 32 profesores, repartidos en tres turnos rotativos de mañana,
tarde y noche, atiende a los más de 1.600 alumnos que acuden al centro.
Esta peculiaridad en el horario de los docentes permite que conozcan a
todos los alumnos del centro a la vez que se rentabilizan los recursos
profesionales puesto que cualquier asignatura se puede cursar en cualquier
turno.
Sólo
en la enseñanza formal, que incluye desde alfabetización hasta Educación
Secundaria Obligatoria, son más de 850 los alumnos matriculados, el resto
participan en talleres de formación profesional o actividades socioculturales.
Buen hacer
Para
Amador Sánchez, director del centro, el secreto del buen hacer que les
ha llevado a la obtención del premio estriba en que “los adultos sean
los protagonistas de su propia formación mediante un currículo abierto”,
y los profesores sean facilitadores de recursos de “aprender a aprender
y aprender a emprender”.
Este
modelo de enseñanza incluye tres líneas de trabajo de igual importancia:
la formación básica, la animación sociocultural y la formación profesional.
A diferencia de otros centros, las actividades culturales no tienen carácter
complementario, sino que forman parte integral de la formación del alumno.
Todos los viernes se llevan a cabo dos o tres actividades de este tipo,
que incluyen teatro, conferencias, museos, exposiciones y visitas culturales.
Se realizan en horas lectivas, los alumnos tienen que participar en un
mínimo de 10 al año, y conllevan los correspondientes créditos. “Nos ha
costado un gran esfuerzo que las autoridades educativas acepten esta iniciativa
innovadora, pero ahí está la concesión de este premio para ratificar su
eficacia”, explica el director del centro. Estas actividades, además,
están abiertas al entorno, pudiendo asistir a las mismas ciudadanos de
la localidad. Es tradición en época de Carnaval la participación de los
alumnos del centro en los festejos que el Ayuntamiento organiza, siendo
los encargados de abrir las fiestas con la escenificación de sus ya populares
chirigotas.
Red asociativa
Además,
los alumnos participan en dos Asociaciones que el propio centro potencia:
“Leganés verde y ecológica” y “Amigos de la Educación de Adultos”. Ambas
tienen su sede en el Centro, aun cuando están abiertas a la participación
de todos los vecinos de la localidad.
El
éxito del programa educativo de este centro se refleja en que más del
35% de alumnos que finalizan la formación básica, siguen estudiando Bachillerato,
Formación Profesional y estudios universitarios. “Estamos en un momento
histórico que se caracteriza por las ‘segundas oportunidades’: segundas
bodas, segundos trabajos, segundas familias –explica Amador Sánchez- la
Educación de Adultos es una de esas segundas oportunidades para todos
aquellas personas que, por muy diversas circunstancias, no pudieron en
su momento finalizar sus estudios”. En este sentido, este tipo de educación
ha sufrido un cambio importante, pasando de dirigirse a un colectivo formado
por personas mayores, a otro de personas especialmente jóvenes que fracasaron
escolarmente en su día, y que en el caso del Centro Rosalía de Castro,
supone el 65% del alumnado.
Otra
aportación singular es que no se utilizan libros de texto, son los alumnos
los que elaboran sus propios materiales curriculares cada año. Para ello,
utilizan la prensa, información de Internet, libros de la biblioteca o
unidades didácticas preparadas por los profesores del centro.
Criterios de evaluación
En
cuanto a la evaluación, se utilizan criterios comunes y otros específicos.
Los primeros se refieren a la actitud del alumno frente a si mismo y frente
a los demás, el grado de participación en las actividades, la integración
en equipos de trabajo y el asumir responsabilidades como, por ejemplo,
ser delegado de clase. Los criterios específicos están referidos a las
materias de conocimiento. A final de curso, los alumnos evalúan al Centro
y a los profesores.
En
cuanto a los inmigrantes, son muchos los que acuden a las clases de aprendizaje
de español y a la vez participan en las actividades culturales que se
les propone. Para Amador Sánchez “es un campo educativo nuevo en el que
hay que trabajar a fondo” de cara a ofertar propuestas educativas de futuro
que permitan una integración real. La principal dificultad en estos momentos
estriba en la diversidad de niveles entre los alumnos que aprenden español,
compartiendo clase personas que son analfabetas en su propio idioma con
otros que poseen titulaciones universitarias.
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