Dibujos maestros

Una selección de algunos de los mejores dibujos integrados en la extraordinaria colección formada en Roma por el ecléctico pintor y marchante Fortunato Duranti trae a nuestro país la creación en papel de grandes pintores italianos del barroco y del neoclásico, de Guercino a Canova.

Calcografía Nacional acoge una muestra de los tesoros
coleccionados por Fortunato Duranti (1787-1863)

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
Excepción y riqueza definen en términos estrictos el conjunto de dibujos que procedentes de dos grandes instituciones italianas exhibe estos días las salas de Calcografía Nacional, en Madrid: excepción porque nunca antes esta colección de 49 piezas había salido para ser expuestas fuera de Italia; riqueza porque representan el quehacer de muchos de los grandes pintores del arte barroco y neoclásico en un registro de extraordinaria versatilidad expresiva. Una muestra sobre el gusto por el aprendizaje, sobre la pasión creativa y acerca de las modas imperantes en el ejercicio del arte: El trazo de los maestros. De Guercino a Canova, entre el conservadurismo artístico y la más libre creación, entre el esencial sentido del arte y la futilidad que siempre ha sido anexa a él.
“El dibujo ocupa una posición central en la creación artística. Vasari dedicó sus Vidas a los maestros del dibujo, y para Miguel Angel era la raíz de la pintura, la escultura y la arquitectura” afirmaba el director de Calcografía Nacional, Javier Blas, en el acto de apertura de esta muestra que presentaba a los medios rodeado de Andrea Maria Antonini, concejal de Cultura del Ayuntamiento de Ascoli Piceno, y Stefano Papetti, director de la Pinacoteca Cívica de Ascoli Piceno y comisario de esta exposición.

El coleccionista pintor

Las obras que en estos días se pueden contemplar en  nuestro país divulgan el inmenso catálogo de casi tres mil trescientos dibujos que el pintor y comerciante de arte Fortunato Duranti llegó a componer en su propio beneficio como estudioso del arte –era a partir de ellos como profundizaba en el conocimiento del estilo de los grandes maestros del pasado-; y como continuador de la tradición coleccionista que desde siempre caracterizó a la zona en que nació –las Marcas proveía a través de anticuarios y aristócratas venidos a menos de extraordinarias obras imposibles de adquirir en otros mercados italianos o internacionales. Su logro, disperso tras su muerte, encontró, tras varios azares y vueltas de tuerca, un acomodo final desde principios del siglo XX en la Pinacoteca Cívica de Ascoli Piceno y en la Biblioteca Municipal de Fermo, las dos instituciones de donde ahora nos llegan esta pequeña pero gran muestra que resumen el espléndido esfuerzo realizado por este coleccionista gráfico que optó por parámetros nuevos y ajenos al gusto de sus coetáneos.

Creación y ejercicio

En un recorrido con estructura cronológica se van presentando los dos grandes núcleos en que se divide esta muestra: el que recoge obras de los mejores pintores del arte barroco y en el que encontramos un singular diseño del Guercino, pero sobre todo las obras de Pietro da Cortona, Ciro Ferri, Gauli Il Baciccio, Carlo Maratta, Pierre Subleyras, Guardi o Luca Giordano y Corrado Giaquinto, creadores que ponen de manifiesto cómo la práctica del dibujo fue un instrumento esencial en el proceso creativo de la imagen; y un segundo bloque en el que los referidos son maestros activos en la Roma a finales del siglo XVIII y primera década del XIX: obras inéditas de Giuseppe Cades, Antón Rafel Mengs, Antón Von Maron, Giani y Minardi, sin olvidar un dibujo salido del taller de Antonio Canova, autores todos que testimonian el progresivo asentamiento en la ciudad del arte neoclásico y el paso hacia manifestaciones de mayor contenido emotivo que preludian el Romanticismo.
El trazo de los maestros. De Guercino a Canova no sólo da a conocer obras poco difundidas de maestros de prestigio consagrados por los investigadores de todo el mundo como los mayores exponentes del arte europeo sino que nos permite conocer su forma de trabajar, siguiendo paso a paso la elaboración creativa y ejecutiva de sus obras maestras: entre las obras de Guercino y del taller de Canova, entre los siglos XVII y XIX, y con el aval del espíritu artístico de Duranti, uno de los más grandes divulgadores del valor del Dibujo como práctica de ejercicio y creatividad.

 

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