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Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
Excepción
y riqueza definen en términos estrictos el conjunto de dibujos que procedentes
de dos grandes instituciones italianas exhibe estos días las salas de
Calcografía Nacional, en Madrid: excepción porque nunca antes esta colección
de 49 piezas había salido para ser expuestas fuera de Italia; riqueza
porque representan el quehacer de muchos de los grandes pintores del arte
barroco y neoclásico en un registro de extraordinaria versatilidad expresiva.
Una muestra sobre el gusto por el aprendizaje, sobre la pasión creativa
y acerca de las modas imperantes en el ejercicio del arte: El trazo
de los maestros. De Guercino a Canova, entre el conservadurismo artístico
y la más libre creación, entre el esencial sentido del arte y la futilidad
que siempre ha sido anexa a él.
“El
dibujo ocupa una posición central en la creación artística. Vasari dedicó
sus Vidas a los maestros del dibujo, y para Miguel Angel era la
raíz de la pintura, la escultura y la arquitectura” afirmaba el director
de Calcografía Nacional, Javier Blas, en el acto de apertura de esta muestra
que presentaba a los medios rodeado de Andrea Maria Antonini, concejal
de Cultura del Ayuntamiento de Ascoli Piceno, y Stefano Papetti, director
de la Pinacoteca Cívica de Ascoli Piceno y comisario de esta exposición.
El
coleccionista pintor
Las
obras que en estos días se pueden contemplar en nuestro país divulgan
el inmenso catálogo de casi tres mil trescientos dibujos que el pintor
y comerciante de arte Fortunato Duranti llegó a componer en su propio
beneficio como estudioso del arte –era a partir de ellos como profundizaba
en el conocimiento del estilo de los grandes maestros del pasado-; y como
continuador de la tradición coleccionista que desde siempre caracterizó
a la zona en que nació –las Marcas proveía a través de anticuarios y aristócratas
venidos a menos de extraordinarias obras imposibles de adquirir en otros
mercados italianos o internacionales. Su logro, disperso tras su muerte,
encontró, tras varios azares y vueltas de tuerca, un acomodo final desde
principios del siglo XX en la Pinacoteca Cívica de Ascoli Piceno y en
la Biblioteca Municipal de Fermo, las dos instituciones de donde ahora
nos llegan esta pequeña pero gran muestra que resumen el espléndido esfuerzo
realizado por este coleccionista gráfico que optó por parámetros nuevos
y ajenos al gusto de sus coetáneos.
Creación y ejercicio
En
un recorrido con estructura cronológica se van presentando los dos grandes
núcleos en que se divide esta muestra: el que recoge obras de los mejores
pintores del arte barroco y en el que encontramos un singular diseño del
Guercino, pero sobre todo las obras de Pietro da Cortona, Ciro Ferri,
Gauli Il Baciccio, Carlo Maratta, Pierre Subleyras, Guardi o Luca Giordano
y Corrado Giaquinto, creadores que ponen de manifiesto cómo la práctica
del dibujo fue un instrumento esencial en el proceso creativo de la imagen;
y un segundo bloque en el que los referidos son maestros activos en la
Roma a finales del siglo XVIII y primera década del XIX: obras inéditas
de Giuseppe Cades, Antón Rafel Mengs, Antón Von Maron, Giani y Minardi,
sin olvidar un dibujo salido del taller de Antonio Canova, autores todos
que testimonian el progresivo asentamiento en la ciudad del arte neoclásico
y el paso hacia manifestaciones de mayor contenido emotivo que preludian
el Romanticismo.
El
trazo de los maestros. De Guercino a Canova no sólo da a conocer obras poco difundidas de maestros de prestigio
consagrados por los investigadores de todo el mundo como los mayores exponentes
del arte europeo sino que nos permite conocer su forma de trabajar, siguiendo
paso a paso la elaboración creativa y ejecutiva de sus obras maestras:
entre las obras de Guercino y del taller de Canova, entre los siglos XVII
y XIX, y con el aval del espíritu artístico de Duranti, uno de los más
grandes divulgadores del valor del Dibujo como práctica de ejercicio y
creatividad.
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