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Luis Rodríguez Zapatero,
ha anunciado ante los rectores de las universidades que emprenderá un
“profundo cambio” en el sistema universitario. No se trata de nada nuevo,
puesto que, como es sabido, en su día ya coincidimos con él, junto a decenas
de millares de manifestantes que marcharon en Madrid tras la pancartas
del “No a la LOU”. También la ministra San Segundo ya había anticipado
en julio noticias importantes, tales como la modificación de la prueba
de acceso a la Universidad, el cambio en el proceso de habilitación del
profesorado, el establecimiento de un posible sistema mixto de financiación,
el aumento de las becas, la reforma de la ANECA o el reforzamiento del
Espacio Europeo de Educación Superior. Unas líneas básicas coincidentes
en gran medida con nuestras reivindicaciones sindicales.
Zapatero ha
hablado de “modelo de referencia” para asegurar la financiación constante
de la enseñanza superior; también, que reformará la Ley Orgánica de Universidades
(LOU), aunque sin demolerla, por dos motivos principales. El primero,
por haber sido impuesta sin consenso y con escaso debate. El segundo,
por generar más problemas que soluciones. Añadió que esta reforma de la
LOU girará –respetando la autonomía universitaria– en torno al cambio
del sistema de habilitación del profesorado y, además, potenciando la
formación de investigadores en la Universidad.
Está previsto
que la reforma entre en vigor en diciembre de 2005, con lo que podría
aplicarse en el curso 2006-2007. Pero, entre tanto, se han concretado
los Presupuestos Generales del Estado de 2005, que en lo referente a la
educación supondrán un incremento inversor del 7,3%. Aunque en la Federación
de Enseñanza de CC.OO. valoramos que estos presupuestos mejoran anteriores
ejercicios, pensamos que el Gobierno podría haber sido más generoso. Con
todo, la inversión redundará en un aumento del 25% en investigación, innovación
y desarrollo tecnológico (I+D) así como de 25.000 becas más para la Universidad
y las Enseñanzas Medias.
Con esa partida
presupuestaria y los cambios anunciados, el Ministerio de Educación persigue
la “modernización universitaria”, esa misma que tanto la Ley de Reforma
Universitaria (LRU) como la LOU pretendían, con más o con menos endogamia.
Sin embargo, nos gustaría que esta reforma no sea considerada “la de los
socialistas”, a fin de evitar que cuando la otra “media España” regrese
al poder se haga borrón y cuenta nueva.
Por el contrario,
debe ser una reforma de todos, de manera que la mayoría de la sociedad
se vea reflejada en ella. Prueba de esto es la campaña de las “27 medidas
para la reforma universitaria” que estamos promoviendo desde CC.OO. con
el objetivo de fomentar la reflexión, la participación y el debate, y
no tanto para que sea derogada la LOU –algo que podría ahora resultar
más convulsivo que beneficioso– como por la mejora efectiva de la calidad
de nuestras universidades y, especialmente, de las condiciones laborales
de sus profesionales. Por eso, en la medida de sus posibilidades, nuestro
sindicato va a ejercer de forma responsable y coherente una colaboración
constructiva y leal en la consecución de este objetivo.
No obstante,
hay que partir de que la realidad del Estado es compleja y de que nos
hallamos ante un montón de universidades nacidas al amparo de una, por
lo general, mal entendida autonomía universitaria basada en el “café para
todos” y en la masificación. Esta realidad se traduce en, nada más y nada
menos, la presencia de un millón y medio de estudiantes y 89.000 docentes
repartidos en una enormidad de “campus” que afronta como puede, curso
tras curso, exigencias nuevas.
Pese a todo,
nuestras universidades han formado y titulado a mucha gente, tanta como
necesitaba nuestra economía y nuestra sociedad.
Desde hace
tiempo se está intentando poner orden en la gigantesca Universidad española
con el propósito de seguir extrayéndole su óptima rentabilidad social,
algo que debe traducirse no sólo en la cantidad de titulaciones ofertadas
o de títulos expedidos sino en la garantía de un servicio público de calidad,
que fomente la actividad intelectual y el acceso a las ciencias y técnicas.
La Universidad
española debe continuar con su misión de hacerse cargo de la incorporación
al mercado laboral de las personas tituladas o graduadas, así como de
formar adecuadamente y fomentar el conocimiento por la vía de la investigación
para el desarrollo social. También ha de difundir el conocimiento y la
cultura, animar el espíritu crítico, alentar el estudio y el respeto a
los valores humanos (libertad, pluralismo, igualdad, tolerancia, etc.),
atender a la formación y al perfeccionamiento de sus trabajadores y trabajadoras
–PDI y PAS– , contribuir a mejorar la calidad de vida de las gentes en
un marco de paz, desarrollo y respeto al entorno natural... Así pues,
nos encontramos ante una tarea de enorme trascendencia, sobre todo si
se lleva a buen término.
Es obvio que
esta labor de la Universidad recae, en particular, sobre los docentes.
Pero, hasta ahora, la retrospectiva de la ocasión política arroja un terco
vaivén legislativo, que a su vez sólo ha suscitado una gran confusión
interna y externa. Todo ello ha generado, además de una excesiva pérdida
de tiempo, un innecesario desgaste de imagen. Como resultado de estos
desajustes, nos encontramos con un profesorado desmotivado y mal valorado
y con una percepción, sin duda desproporcionada, de su corporativismo,
que, al menos de puertas hacia fuera, ha sido y es aún pública y notoria.
Como sindicato
mayoritario de la enseñanza, CC.OO. alberga muchas esperanzas en la reforma
educativa propuesta para la Universidad, por lo que pensamos que un cambio
de ese calado que debe acometerse sin imposiciones ni exclusiones, desde
una etapa abierta a la participación y al diálogo de todos.
La enseñanza
superior ha de derivar hacia un marco legal nuevo, pero estable, que conduzca
a este país y a sus singularidades hacia la convergencia europea, con
la ineludible promulgación de los decretos que van a desarrollar el proceso
de Bolonia. No tenemos la menor duda de que tales decretos no quedarán
en papel mojado si cuentan con la financiación suficiente y con la conformidad
de los profesionales que han de aplicarlos.
Hágase pronto
y con buen talante.
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