|
Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
Viajar
al inicio de la cultura peruana y avanzar a través de sus eslabones a
través del tiempo hasta el resultado que produjo en el tramo especial
de la fusión de sus influencias es la propuesta que estos días resume
el espléndido entramado de objetos, cuadros, esculturas y, sobre todo,
símbolos reunidos en Perú indígena y virreinal: un viaje que sin
grandes descubrimientos ni propuestas impactantes lleva en su interior
el más contundente reclamo para el quehacer sincrético del arte, más allá
del hecho de la identidad, más allá del las relaciones de poder. Un Perú
que recoge y asimila; una sociedad que respeta y a la vez toma; una cultura
que tiende su influencia y añade sus vivencias...ese es el tema que una
exposición centrada en la historia artística de Perú trae a nuestra sociedad
en una época en que el hecho de identidad cultural está siendo mixtificado
entre las razones ultranacionalistas y el deterioro elusivo de cualquier
señal característica y propia. Sus salas tienen una tesis avalada no sólo
por el paso del tiempo sino por el totalizador universo que encierra:
arte versus mestizaje, en su inicio y en nuestros días.
Primicia para España
La
Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior (SEACEX) y el Instituto
Nacional de Cultura de Perú (INC) están detrás de esta potente representación
del valor acumulativo de la cultura y el arte que estos días se exhibe
en las salas de la Biblioteca Nacional y que es el complejo resultado
de un proyecto científico a cargo de Antonio Bonet Correa, director del
Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y de Luis Guillermo
Lumbreras, director del Instituto Nacional de Cultura del Perú. Junto
a ellos, los comisarios artísticos Rafael López Guzmán y Juan M. Ossio
Acuña, cierran la autoría y avalan el rigor de Perú indígena y virreinal
y de sus valientes apuestas -algunas de ellas mostradas por vez primera
fuera de las fronteras peruanas y en absoluta primicia para España- que
inician en el 1500 a. de C. para avanzar a través de 181 piezas de gran
valor histórico y artístico hasta adentrarse en el siglo XVIII: sus múltiples
pueblos en el espacio prehispánico; la progresión en el diálogo de una
cultura identificada como inca y la portada por el extranjero español
y, por último, el terreno inventado en el ámbito de la fusión, desarrolladas
bajo los epígrafes El espacio natural, plantas y animales; Ciclo
vital y sociedad y Religión y cosmología –en el tramo previo
a la llegada de los españoles; y Sincretismo cultural; El Corpus
Christi y la devoción de la eucaristía; Iconografía y religiosidad
y Sociedad virreinal, en el correspondiente a la presencia de lo
hispano en el Perú.
El manuscrito Murúa
Pinturas,
esculturas, platería, planos, grabados, cerámicas, mobiliario...procedentes
de espacios prehispánicos como Machu Pichu, Chavín o Chan Chan; virreinales
como Lima y Arequipa o de aquellos que significan “sincretismo” como Cuzco:
una diversidad geográfica que tiene toda su riqueza entretejida en el
largo suceso del argumento de la muestra. Piezas de orfebrería singulares
como las Cuentas de collar en forma de cabeza de búho, perteneciente
a la cultura Mochica (200ª.C.-650 d.C.) que proviene del Museo Tumbas
Reales de Sipán, Lambayeque; Máscara funeraria, Mochica (200 a.C.-650
d.C.) del Museo de Arte de Lima; pinturas como el Matrimonio de Don
Martín de Loyola con Doña Beatriz Ñusta y de Don Juan de Borja con Doña
Lorenza Ñusta de Loyola, de la Escuela Cusqueña, de finales del siglo
XVII (Iglesia de la Compañía de Jesús de la Archidiócesis de Cusco) o
esculturas como Muerte arquera, de Baltasar Gavilán, de principios
del siglo XVII (Orden de San Agustín, Lima) forman parte del monto de
obras de arte que tiene en Historia del origen y genealogía real de
los ingas del Perú de sus hechos, costumbres, trajes y manera de gobierno,
del Padre Mercedario Fray Martín de Murúa (1590), magníficamente ilustrado,
uno de sus objetos más singulares al estar considerado de los primeros
intentos de compendiar la historia de los Incas realizado por una mente
abierta y respetuosa con la cultura originaria de un Perú que tenía grandes
vuelos artísticos y de un altísimo desarrollo político y social, superior
al de cualquier otro pueblo originario de América. En su exhibición, y
en el facsímil producido por la editorial Testimonio con la colaboración
de SEACEX, está también el reconocimiento de los organizadores al magnífico
resultado que supo ser desde sus inicios el conjunto de pueblos que bajo
el nombre de Perú ha habitado una zona de esta tierra.
|
|
|