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conclusiones
no sólo una mirada renovada a las ya espléndidas pinceladas del arte de
este pintor, sino –y ese es el mérito de su propuesta- al significado
extraordinario que ha tenido para el crecimiento de la expresión creativa
en nuestro siglo. Gauguin trascendido para el disfrute del visitante que
espera algo más en las muestras que la mera concatenación de obras que
sólo poseen el estrecho pero superficial nexo en común de su autoría,
de su época o de, en el mejor de los casos, su corriente artística. Lo
que estos días presentan al público español las salas del Museo Thyssen-Bornemisza
y de la Fundación Caja Madrid –en una fructífera colaboración mantenida
desde hace años- es una rotunda apuesta por la recuperación de un papel
cultural en el que divulgar es, sobre todo, hacer claro y demostrable
cosas, hechos, procesos y valoraciones admitidas o no socialmente pero
siempre encerradas en el exclusivo mundo del especialista.
Una
revolución censada
Un
pintor aficionado que ejerce profesionalmente de agente de bolsa hace
una crisis radical y transforma esos rutinarios parámetros en una de las
trayectorias más mitificables al huir –en algunos aspectos literalmente-
hacia el foco oscurecido del latir esencial tanto del arte como de la
vida. Una revolución censada en los anales de la pintura entre 1884 y
1891 y descrita como el proceso que llevó a Gauguin a poner en cuestión
la tradición naturalista del arte europeo desde el Renacimiento en aras
del valor puro de la línea y el color sobre el plano. Una trasgresión
de cuatro siglos de recursos descriptivos de la pintura (perspectiva,
sombras, claroscuro, tono local) llevada a cabo en unos escasos seis años
en los que este pintor pasaría de ser un impresionista secundario a convertirse
en cabeza de fila del movimiento simbolista. Los años, el proceso, que
esta extraordinaria exposición estudia e ilustra con las pruebas que aportan
sus 186 obras y con la labor de investigación realizada por su comisario
Guillermo Solana, profesor de Estética y teoría del Arte de la Universidad
Autónoma de Madrid, a través de colecciones y museos de todo el mundo
para conformar un dibujo perfecto del contexto del que partió el pintor,
su progresivo avance en la consecución de una nueva forma pictórica y
de su determinante influencia en nacimiento de las vanguardias del siglo
XX.
Nueve
eslabones
Con
un total de cincuenta obras firmadas por Gauguin entre las que se encuentran
presencias únicas y extraordinarias en el contexto internacional como
en el caso de la obra que centra la tesis de la muestra: Visión del
sermón –cedida en préstamo excepcionalmente por la National Gallery
of Scotland- o La vida y la muerte, prestada por el Museo
Mahmoud Khalil de El Cairo, que llevaba décadas sin verse en Europa, y
con más de ciento treinta debidas a pintores que han sido maestros, compañeros
o discípulos de Gauguin se nutren los nueve grandes apartados en que está
dividida Gauguin y los orígenes del simbolismo: los seis primeros,
expuestos en el Museo Thyssen-Bornemisza, están consagrados a la evolución
de la obra del artista entre 1884 y 1891; los tres siguientes, en la Fundación
Caja Madrid, están dedicados a la influencia de Gauguin en los artistas
de Pont-Aven y del círculo de los Nabis, además de una sala dedicada al
Sintetismo en España.
Así
el visitante contempla desde el comienzo el proceso que hace de Gauguin
el pintor que conoce y que ha formado parte de su educación estética y
simbólica: su formación como pintor bajo la tutela de Pissarro, del que
asimilaría el sentimiento pastoral, y su admiración por las innovaciones
de Cezanne; el trance de La Martinica, con sus figuras y paisajes; la
influencia de Degas en su nueva representación de la figura humana; su
inmersión en las nuevas tendencias inspiradas en las estampas japonesas
y en antiguas vidrieras y esmaltes; la visión del ser mujer como diosa
o sus experimentos de grabados en tabla de zinc. Seis eslabones que cierran
su discurso con los tres apartados representados en la Sala de las Alhajas
de Madrid: La estela de Gauguin, de Pont-Aven a los Nabis; La obra gráfica
de los Nabis y, por último, Paco Durrio, Picasso y el Sintetismo en España,
arte heredero del atrevimiento moral y artístico de un creador que buscó
con ahínco el originario papel simbólico de la pintura.
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