La Reina preside el “Homenaje al Maestro”
La FAD apuesta por el educador para la prevención de las adicciones
La Reina doña Sofía presidió el acto de “Homenaje al Maestro”, que organiza la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), con el fin de reconocer su labor en la prevención de las adicciones. José Antonio Marina leyó un manifiesto y dos profesores fueron galardonados en representación del colectivo docente. (Manifiesto)
La Reina posa junto a los profesores galardonados, en presencia de la comisión organizadora del acto. (Foto: EFE)

Madrid. ROSAURA CALLEJA
Doña Sofía, presidenta de honor de la FAD, recibió en audiencia a la comisión organizadora, en la que figuran el astronauta Pedro Duque, la soprano Ainhoa Arteta y la científica Margarita Salas. En el transcurso de este acto, celebrado en el Palacio de la Zarzuela, tuvo lugar la lectura del “Manifiesto del Maestro”, por parte de su autor el filósofo José Antonio Marina. En representación del colectivo docente, Antonio Sánchez-Marín, profesor jubilado, y Vanesa Rey, recién diplomada en Educación Infantil, fueron distinguidos y se les hizo entrega una escultura de José María Casanova.
La Reina recibió un galardón simbólico que dedicó a “todos los maestros de España”, acompañada de María Jesús San Segundo, titular del MEC, de los consejeros de educación de distintas comunidades autónomas y representantes de las empresas colaboradoras.

Deuda de gratitud

“El gran funcionario de la Humanidad”, así define José Antonio Marina al educador y, en el manifiesto, asegura que “tenemos pendiente una deuda de gratitud”. A su juicio, el maestro “necesita autoridad para ejercer bien su cometido y sólo puede recibirla de un constante apoyo social”. Este documento ha sido distribuido en 24.000 centros educativos.
Para José Angel Sánchez Asiaín, presidente de la FAD, “por encima de los debates en torno a la educación, siempre estará presente la figura del maestro, como pieza clave en la relaciones entre el niño y el adulto”. Por parte, Ignacio Calderón, director de la FAD, afirma que “la difusión de este mensaje será clave para que la sociedad se conciencie de que la labor de los profesores es fundamental, para la prevención de diversas adicciones, como el consumo de drogas”.

Actividades

La jornada concluyó con un concierto en el Auditorio Nacional, a cargo de la Orquesta de RTVE, que interpretó obras de John Adams, Serguéi Prokófiev, Astor Piazzolla y Maurice Ravel, entre otros compositores.
En esta línea, otro de los proyectos de la FAD es la creación de un premio anual a la “Acción Magistral”, con objeto de distinguir y reconocer la mejor actuación docente desarrollada durante el año. Además, esta Fundación pondrá en marcha un club virtual de “Amigos de la Educación”, al que tendrán acceso personas que deseen expresar su agradecimiento al maestro, y un espacio para que los profesores intercambien opiniones y experiencias sobre su labor profesional.
Por último, la exposición “Cien años de la Escuela” recogerá la historia de la escuela española en el último siglo. Esta muestra itinerante, que incluirá material audiovisual y libros de texto, recorrerá diversas comunidades autónomas.

Manifiesto del homenaje al maestro

De los recuerdos de nuestra infancia emerge siempre la clara figura de una maestra o de un maestro, con quien tenemos pendiente una deuda de gratitud. Suele ocurrir que tardamos mucho en darnos cuenta de su influencia benefactora, y para entonces aquellas personas que sirvieron de puente entre la familia y la sociedad, que suavizaron el desamparo de los primeros días de escuela y nos llevaron de la mano por los laberintos del abecedario y la cultura habrán desaparecido ya de nuestras vidas. Un homenaje al maestro puede servir para pagar esta deuda de gratitud. Es por ello un acto de justicia poética.
Pero también es un acto de justicia real, porque tiene que servir para llamar la atención de la sociedad hacia una profesión que, por esa inversión de prestigios que desdichadamente sufrimos, pasa inadvertida o menospreciada. Otras admiraciones más espectaculares nos hacen ser mezquinos al valorar a las personas que nos enseñaron las primeras letras, que nos obligaron, con una conmovedora paciencia, a dominar nuestra atención, tan propensa a irse por las nubes, para fijarla en el encerado o el cuaderno. Para el niño, ellos son los máximos representantes de la cultura, y, para todos, los grandes funcionarios de la Humanidad. Supieron hacernos pasar de un mundo de afectos privados a un mundo de afectos sociales, y nos convirtieron en pequeños ciudadanos, al enseñarnos las normas compartidas.
El maestro necesita autoridad para poder ejercer bien su cometido, y esa autoridad sólo puede recibirla de un generoso y constante apoyo social. Un homenaje al maestro se convierte así en una eficaz colaboración pedagógica. Y también en una demostración de inteligencia ciudadana. La sabiduría de una sociedad, su estatura ética, se demuestra en los modos de conferir prestigios o distinciones. Cuando esos reconocimientos se dan a quienes no los merecen, o dejan de darse a quien los merecía, se produce una corrupción social, un empequeñecimiento que a todos nos empequeñece. Al homenajear al maestro estamos ennobleciendo el espacio de nuestra convivencia.
A los adultos nos invade muchas veces el desaliento ante el futuro, un cierto cansancio de lo porvenir. Entonces deberíamos recordar la figura del maestro, que es el profesional de la esperanza, el incansable, humilde y magnífico cuidador del futuro. Con la misma tenacidad con que el árbol florece en primavera, él volverá a enseñar que dos por dos son cuatro. Nos convendría a todos regresar por un momento a ese ámbito animoso y cordial. Este homenaje puede servir también para reavivar nuestra esperanza.
Por todas estas razones, de justicia, de sabiduría, de propio interés, invitamos a niños y a adultos, a padres e hijos, a participar en un homenaje nacional e intergeneracional al maestro.

Jose Antonio Marina
Filósofo y escritor

 

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