La edad de mayor riesgo en la aparición de la violencia se sitúa entre los 13 y los 15 años
El Instituto de la Juventud presenta un estudio realizado por la UCM sobre la incidencia de este problema en la adolescencia y su prevención
La adolescencia temprana (13 a 15 años) es la etapa de mayor riesgo de violencia, según un estudio realizado por la Universidad Complutense de Madrid y el INJUVE, en colaboración con los ayuntamientos de Fuenlabrada, Getafe y Móstoles, en el que, bajo el título “Prevención de la violencia y lucha contra la exclusión desde la adolescencia”, se incide especialmente en el papel que la educación, el sistema educativo y la propia familia han de desempeñar en este ámbito.
Según el estudio
del INJUVE, la convivencia en los centros educativos supone un factor
de riesgo de
aparición
de fenómenos de violencia mayor
que los espacios
de ocio.
(Foto:
Rafael Martínez)

Madrid.
Leire Iglesias, directora general del Instituto de la Juventud (INJUVE)  presentó el pasado 30 de septiembre, en la sede del Instituto en Madrid, los materiales sobre la "Prevención de la violencia y lucha contra la exclusión desde la adolescencia", resultado de una larga serie de investigaciones, realizada por el equipo de Psicología Preventiva de la Universidad Complutense de Madrid, dirigido por

María José Díaz-Aguado, Catedrática de Psicología de la Educación, en el marco de aplicación y desarrollo de un convenio de colaboración suscrito por la Universidad Complutense y el Instituto de la Juventud.
Leire Iglesias y María José Díez-Aguado, presentaron los trabajos, recogidos en tres volúmenes y un vídeo. Los dos primeros volúmenes estudian la violencia entre iguales en la escuela y en el ocio; en el primero de ellos se presentan estudios comparativos e instrumentos de evaluación y en el segundo se expone un programa de intervención y un estudio experimental. El tercero de los volúmenes, de los que se han editado 2.000 ejemplares, que centros docentes, organismos y municipios interesados pueden solicitar al INJUVE, está dedicado a la intervención en la prevención de la violencia desde la adolescencia a través de la familia.
Las investigaciones realizadas, según explicó Leire Iglesias, “han permitido comprobar que es posible utilizar la educación para prevenir la violencia, si se dota a los agentes educativos de los medios para conseguirlo”.
Las actividades incluidas en los programas incrementan el protagonismo y participación de los adolescentes en su educación, y desarrollan nuevos esquemas de colaboración: entre adolescentes que pertenecen a distintos grupos; entre adolescentes y adultos (profesores, padres y madres); entre la escuela y la familia; entre ambas instituciones y los equipos municipales, y con los representantes del movimiento asociativo juvenil.

Trabajar desde la educación

Estos trabajos y los materiales y resultados presentados se sitúan dentro de una serie de investigaciones sobre cómo luchar contra la exclusión, la violencia y la intolerancia desde la educación realizados por Díez-Aguado y su equipo de colaboradores, y representan la continuación de los “Programas de educación para la tolerancia y prevención de la violencia en los jóvenes”, iniciados en 1994 y publicados en cuatro volúmenes y dos vídeos, conocidos como “las cajas azules” y “muy solicitados y utilizados por equipos educativos, escuelas y ONGs”, según afirmó la directora del INJUVE, quien añadió que “las investigaciones realizadas sobre estos programas han reflejado una especial dificultad para tratar y prevenir las formas de violencia más cotidianas, como la violencia de género y la violencia entre iguales; superarlas ha sido el objetivo de las investigaciones ahora hechas publicas”.
En el documento audiovisual se muestra en qué consisten las actividades propuestas y la valoración que de ellas hacen sus protagonistas sobre los tres tipos de intervención más relevantes para prevenir la violencia y la exclusión desde la adolescencia, a través de: las relaciones entre iguales, en la escuela y en el ocio; las relaciones con el profesorado y el aprendizaje cooperativo; y las relaciones familiares.

Recursos para intervenir

Las investigaciones realizadas proporcionan recursos para responder a algunos de los problemas que son objeto de un fuerte debate en nuestra sociedad, y que, según se resume en los trabajos presentados, se centran en:
         * Las dificultades educativas de la adolescencia actual, tal como se manifiestan en la escuela, especialmente en el nivel de Educación Secundaria Obligatoria, institución que debe adaptarse a una nueva situación, educando en la diversidad, el conflicto y la cooperación y permitiendo al profesorado recuperar su autoridad a través de nuevos recursos docentes. Los estudios realizados en contextos muy diversos, de Europa y América, incluido el realizado en España en 1999 por el Defensor del Pueblo, han puesto de manifiesto que con demasiada frecuencia se producen en la escuela episodios de violencia entre adolescentes. Los programas presentados resultan eficaces para disminuir dicha violencia, así como la que se produce en el ocio, ayudando a superar las pesimistas expectativas que el profesorado suele manifestar sobre la posibilidad de modificar desde la escuela problemas que se manifiestan fuera y cuyas causas se sitúan, básicamente, más allá de dicho contexto.
         * La prevención de la violencia de género. Según las últimas encuestas del CIS, el 96% de la población está de acuerdo con que la clave para prevenirla es la educación en la igualdad y el respeto mutuo. El consenso se refleja también en la generalizada aceptación de la inclusión de este objetivo en el Proyecto de Ley contra la Violencia de Género. Pero reconocerlo no basta para llevarlo a la práctica. En estos programas se muestra cómo conseguirlo.
         * La especial relevancia que tiene hoy educar en la tolerancia y el respeto intercultural junto al rechazo a toda forma de violencia, desde un enfoque basado en los derechos humanos, que ayude a integrar en la escuela al alumnado de distintos grupos étnicos o culturales, haciendo de la diversidad una ventaja.
         * Las dificultades que encuentran las familias para enseñar a respetar límites, especialmente con hijos adolescentes en situación de riesgo. Los estudios presentados reflejan que para superar estas dificultades conviene insertar las relaciones familiares en un contexto de respeto mutuo y confianza, descartando la utilización del castigo físico, e incrementando la disponibilidad de alternativas eficaces, a través de una postura claramente definida respecto a dónde se sitúan dichos límites, y utilizando para conseguirlo acciones positivas. El estilo democrático de definición y aplicación de las normas también se relaciona con una mayor eficacia en la resolución de los conflictos cotidianos, así como el desarrollo del "empowerment" de las madres (término utilizado como eje de la Conferencia de Pekín sobre las Mujeres de Naciones Unidas y traducido por fortalecimiento o empoderamiento), condiciones que tratan de promover los programas de intervención a través de las familias.

Resultados de los estudios

Asimismo, en el trabajo se  presentan los principales resultados obtenidos al estudiar las características que la adolescencia actual presenta respecto a la violencia y la exclusión, entre los que cabe destacar, según especifica el Instituto de la Juventud en una nota informativa, los siguientes:
          * Incidencia de la violencia entre iguales en la escuela y en el ocio. En el ocio, los adolescentes viven menos situaciones de agresión entre iguales que en la escuela, con la excepción de las coacciones con amenazas o con armas, en las que sucede lo contrario. Las frecuentes situaciones de exclusión y humillación que se producen en la escuela podrían estar en el origen de la orientación a la violencia de los adolescentes que la ejercen en ambos contextos. Se observa, además, que para incrementar la eficacia del profesorado en la educación en valores y la prevención de la violencia es necesario mejorar la relación que establecen con los adolescentes. Como reconocen los que han participado en estos programas, los procedimientos de aprendizaje cooperativo son de gran eficacia para conseguirlo.
         * Actitudes hacia la diversidad y justificación de las distintas formas de violencia. Se confirma la existencia de relaciones entre las creencias que justifican distintos tipos de exclusión y de violencia: hacia los iguales, hacia grupos minoritarios, doméstica y de género; aunque también cierta especificidad entre estos tres ámbitos. Lo cual apoya la necesidad de insertar la prevención de estos tres tipos de violencia en una perspectiva más amplia, sobre la igualdad y el respeto a los derechos humanos, así como la de incluir un tratamiento específico sobre cada problema, de forma que se aprendan a detectar y combatir los prejuicios que conducen a cada uno de ellos.
        * Estrategias para prevenir la violencia en el ocio. La mayoría de los adolescentes evaluados responde de forma simplista y negativa en torno a un conflicto similar al que con frecuencia desencadena la violencia en el ocio. Lo cual refleja que en dicho contexto parecen existir dificultades especiales para inhibir la primera respuesta, de carácter agresivo y primitivo, y buscar una respuesta mejor, más positiva y elaborada. Por otra parte, aunque la mayoría manifiesta cierta capacidad para anticipar qué consecuencias van a tener las estrategias que propone, un 30% muestra dificultades para pensar en soluciones no violentas que resulten fáciles de llevar a la práctica. Por eso, estos programas pretenden ayudarles a tomar conciencia del riesgo que suponen dichas deficiencias, relacionadas con estereotipos sexistas sobre la demostración del valor a través de la violencia, e incrementar el conocimiento y disponibilidad de estrategias alternativas a la violencia, aplicables a las situaciones más frecuentes, que originan escaladas de violencia en el ocio.
         * Naturaleza de la violencia en la escuela y en el ocio y tipos de adolescentes respecto a ambos problemas. Los chicos manifiestan en casi todos los indicadores evaluados un superior riesgo de violencia e intolerancia que las chicas. De lo cual se deriva, una vez más, la necesidad de ayudar a superar la asociación de dichos problemas con valores masculinos en los programas de prevención de la violencia. En la adolescencia temprana existe un mayor riesgo de violencia que en edades posteriores. Detectándose como cursos y edades de riesgo más elevado los que coinciden con dicha etapa (segundo y tercero de la E.S.O., 13 a 15 años), los cursos que resultan más difíciles para el profesorado de secundaria. Las relaciones observadas entre el desempeño de los papeles de víctima y agresor en los dos contextos evaluados (escuela y ocio) reflejan que la violencia que se ejerce o se sufre incrementa el riesgo futuro o presente de que los agresores se conviertan en las víctimas y que éstas lleguen a agredir. Se detecta la existencia de tres situaciones distintas entre los adolescentes evaluados: a) la de la mayoría (80,5%), sin problemas significativos de violencia en ninguno de los dos contextos; b) la del problema más frecuente (el 16,1%), el de los que excluyen y agreden a los demás tanto en la escuela como en el ocio; c) y la del problema más grave, compuesto por un 3,4% de los evaluados, que sufren un poco más que los demás situaciones de victimación en la escuela, recurren con mucha más frecuencia en ambos contextos a todas las formas de agresión, y reciben en el ocio muchas más agresiones en sus formas más graves; situación que probablemente coincida con la de los jóvenes que se identifican con la violencia y tienden a relacionarse con otros jóvenes de identidad similar.
          * Problemas en el razonamiento moral y violencia. Los resultados reflejan la especial relevancia que tienen de incrementar la calidad de la educación para favorecer la capacidad de coordinación de derechos y deberes. En ellos se observa también que no puede confiarse en el mero relevo generacional para erradicar la violencia de género, porque aunque se aprecian algunos avances hay también dificultades importantes que es preciso ayudar a superar. La violencia hacia los iguales está estrechamente relacionada con una serie de sesgos y distorsiones morales que contribuyen a legitimarla, destacando sobre todo los conceptos de "cobarde" y "chivato", fuertemente arraigados entre quienes agreden a sus compañeros en la escuela, que los utilizan para justificar el “bullying”, así como la conspiración del silencio que lo perpetúa, y que les llevan a defender la inaceptable teoría de que hay que responder con violencia a la violencia.

 

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