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María
José Díaz-Aguado, Catedrática de Psicología de la Educación, en el marco
de aplicación y desarrollo de un convenio de colaboración suscrito por
la Universidad Complutense y el Instituto de la Juventud.
Leire Iglesias
y María José Díez-Aguado, presentaron los trabajos, recogidos en tres
volúmenes y un vídeo. Los dos primeros volúmenes estudian la violencia
entre iguales en la escuela y en el ocio; en el primero de ellos se presentan
estudios comparativos e instrumentos de evaluación y en el segundo se
expone un programa de intervención y un estudio experimental. El tercero
de los volúmenes, de los que se han editado 2.000 ejemplares, que centros
docentes, organismos y municipios interesados pueden solicitar al INJUVE,
está dedicado a la intervención en la prevención de la violencia desde
la adolescencia a través de la familia.
Las investigaciones realizadas, según explicó Leire Iglesias, “han permitido
comprobar que es posible utilizar la educación para prevenir la violencia,
si se dota a los agentes educativos de los medios para conseguirlo”.
Las actividades
incluidas en los programas incrementan el protagonismo y participación
de los adolescentes en su educación, y desarrollan nuevos esquemas de
colaboración: entre adolescentes que pertenecen a distintos grupos; entre
adolescentes y adultos (profesores, padres y madres); entre la escuela
y la familia; entre ambas instituciones y los equipos municipales, y con
los representantes del movimiento asociativo juvenil.
Trabajar desde la educación
Estos
trabajos y los materiales y resultados presentados se sitúan dentro de
una serie de investigaciones sobre cómo luchar contra la exclusión, la
violencia y la intolerancia desde la educación realizados por Díez-Aguado
y su equipo de colaboradores, y representan la continuación de los “Programas
de educación para la tolerancia y prevención de la violencia en los jóvenes”,
iniciados en 1994 y publicados en cuatro volúmenes y dos vídeos, conocidos
como “las cajas azules” y “muy solicitados y utilizados por equipos educativos,
escuelas y ONGs”, según afirmó la directora del INJUVE, quien añadió que
“las investigaciones realizadas sobre estos programas han reflejado una
especial dificultad para tratar y prevenir las formas de violencia más
cotidianas, como la violencia de género y la violencia entre iguales;
superarlas ha sido el objetivo de las investigaciones ahora hechas publicas”.
En el documento
audiovisual se muestra en qué consisten las actividades propuestas y la
valoración que de ellas hacen sus protagonistas sobre los tres tipos de
intervención más relevantes para prevenir la violencia y la exclusión
desde la adolescencia, a través de: las relaciones entre iguales, en la
escuela y en el ocio; las relaciones con el profesorado y el aprendizaje
cooperativo; y las relaciones familiares.
Recursos para intervenir
Las
investigaciones realizadas proporcionan recursos para responder a algunos
de los problemas que son objeto de un fuerte debate en nuestra sociedad,
y que, según se resume en los trabajos presentados, se centran en:
* Las dificultades educativas de la adolescencia actual, tal
como se manifiestan en la escuela, especialmente en el nivel de Educación
Secundaria Obligatoria, institución que debe adaptarse a una nueva situación,
educando en la diversidad, el conflicto y la cooperación y permitiendo
al profesorado recuperar su autoridad a través de nuevos recursos docentes.
Los estudios realizados en contextos muy diversos, de Europa y América,
incluido el realizado en España en 1999 por el Defensor del Pueblo, han
puesto de manifiesto que con demasiada frecuencia se producen en la escuela
episodios de violencia entre adolescentes. Los programas presentados resultan
eficaces para disminuir dicha violencia, así como la que se produce en
el ocio, ayudando a superar las pesimistas expectativas que el profesorado
suele manifestar sobre la posibilidad de modificar desde la escuela problemas
que se manifiestan fuera y cuyas causas se sitúan, básicamente, más allá
de dicho contexto.
* La prevención de la violencia de género. Según las últimas
encuestas del CIS, el 96% de la población está de acuerdo con que la clave
para prevenirla es la educación en la igualdad y el respeto mutuo. El
consenso se refleja también en la generalizada aceptación de la inclusión
de este objetivo en el Proyecto de Ley contra la Violencia de Género.
Pero reconocerlo no basta para llevarlo a la práctica. En estos programas
se muestra cómo conseguirlo.
* La especial relevancia que tiene hoy educar en la tolerancia
y el respeto intercultural junto al rechazo a toda forma de violencia,
desde un enfoque basado en los derechos humanos, que ayude a integrar
en la escuela al alumnado de distintos grupos étnicos o culturales, haciendo
de la diversidad una ventaja.
* Las dificultades que encuentran las familias para enseñar a
respetar límites, especialmente con hijos adolescentes en situación de
riesgo. Los estudios presentados reflejan que para superar estas dificultades
conviene insertar las relaciones familiares en un contexto de respeto
mutuo y confianza, descartando la utilización del castigo físico, e incrementando
la disponibilidad de alternativas eficaces, a través de una postura claramente
definida respecto a dónde se sitúan dichos límites, y utilizando para
conseguirlo acciones positivas. El estilo democrático de definición y
aplicación de las normas también se relaciona con una mayor eficacia en
la resolución de los conflictos cotidianos, así como el desarrollo del
"empowerment" de las madres (término utilizado como eje de la
Conferencia de Pekín sobre las Mujeres de Naciones Unidas y traducido
por fortalecimiento o empoderamiento), condiciones que tratan de promover
los programas de intervención a través de las familias.
Resultados de los estudios
Asimismo, en el trabajo se presentan los principales resultados obtenidos
al estudiar las características que la adolescencia actual presenta respecto
a la violencia y la exclusión, entre los que cabe destacar, según especifica
el Instituto de la Juventud en una nota informativa, los siguientes:
* Incidencia de la violencia entre iguales en la escuela
y en el ocio. En el ocio, los adolescentes viven menos situaciones
de agresión entre iguales que en la escuela, con la excepción de las coacciones
con amenazas o con armas, en las que sucede lo contrario. Las frecuentes
situaciones de exclusión y humillación que se producen en la escuela podrían
estar en el origen de la orientación a la violencia de los adolescentes
que la ejercen en ambos contextos. Se observa, además, que para incrementar
la eficacia del profesorado en la educación en valores y la prevención
de la violencia es necesario mejorar la relación que establecen con los
adolescentes. Como reconocen los que han participado en estos programas,
los procedimientos de aprendizaje cooperativo son de gran eficacia para
conseguirlo.
* Actitudes hacia la diversidad y justificación de las distintas
formas de violencia. Se confirma la existencia de relaciones
entre las creencias que justifican distintos tipos de exclusión y de violencia:
hacia los iguales, hacia grupos minoritarios, doméstica y de género; aunque
también cierta especificidad entre estos tres ámbitos. Lo cual apoya la
necesidad de insertar la prevención de estos tres tipos de violencia en
una perspectiva más amplia, sobre la igualdad y el respeto a los derechos
humanos, así como la de incluir un tratamiento específico sobre cada problema,
de forma que se aprendan a detectar y combatir los prejuicios que conducen
a cada uno de ellos.
* Estrategias para prevenir la violencia en el ocio. La
mayoría de los adolescentes evaluados responde de forma simplista y negativa
en torno a un conflicto similar al que con frecuencia desencadena la violencia
en el ocio. Lo cual refleja que en dicho contexto parecen existir dificultades
especiales para inhibir la primera respuesta, de carácter agresivo y primitivo,
y buscar una respuesta mejor, más positiva y elaborada. Por otra parte,
aunque la mayoría manifiesta cierta capacidad para anticipar qué consecuencias
van a tener las estrategias que propone, un 30% muestra dificultades para
pensar en soluciones no violentas que resulten fáciles de llevar a la
práctica. Por eso, estos programas pretenden ayudarles a tomar conciencia
del riesgo que suponen dichas deficiencias, relacionadas con estereotipos
sexistas sobre la demostración del valor a través de la violencia, e incrementar
el conocimiento y disponibilidad de estrategias alternativas a la violencia,
aplicables a las situaciones más frecuentes, que originan escaladas de
violencia en el ocio.
* Naturaleza de la violencia en la escuela y en el ocio y
tipos de adolescentes respecto a ambos problemas. Los chicos manifiestan
en casi todos los indicadores evaluados un superior riesgo de violencia
e intolerancia que las chicas. De lo cual se deriva, una vez más, la necesidad
de ayudar a superar la asociación de dichos problemas con valores masculinos
en los programas de prevención de la violencia. En la adolescencia temprana
existe un mayor riesgo de violencia que en edades posteriores. Detectándose
como cursos y edades de riesgo más elevado los que coinciden con dicha
etapa (segundo y tercero de la E.S.O., 13 a 15 años), los cursos que resultan
más difíciles para el profesorado de secundaria. Las relaciones observadas
entre el desempeño de los papeles de víctima y agresor en los dos contextos
evaluados (escuela y ocio) reflejan que la violencia que se ejerce o se
sufre incrementa el riesgo futuro o presente de que los agresores se conviertan
en las víctimas y que éstas lleguen a agredir. Se detecta la existencia
de tres situaciones distintas entre los adolescentes evaluados: a) la
de la mayoría (80,5%), sin problemas significativos de violencia en ninguno
de los dos contextos; b) la del problema más frecuente (el 16,1%), el
de los que excluyen y agreden a los demás tanto en la escuela como en
el ocio; c) y la del problema más grave, compuesto por un 3,4% de los
evaluados, que sufren un poco más que los demás situaciones de victimación
en la escuela, recurren con mucha más frecuencia en ambos contextos a
todas las formas de agresión, y reciben en el ocio muchas más agresiones
en sus formas más graves; situación que probablemente coincida con la
de los jóvenes que se identifican con la violencia y tienden a relacionarse
con otros jóvenes de identidad similar.
* Problemas en el razonamiento moral y violencia. Los
resultados reflejan la especial relevancia que tienen de incrementar la
calidad de la educación para favorecer la capacidad de coordinación de
derechos y deberes. En ellos se observa también que no puede confiarse
en el mero relevo generacional para erradicar la violencia de género,
porque aunque se aprecian algunos avances hay también dificultades importantes
que es preciso ayudar a superar. La violencia hacia los iguales está estrechamente
relacionada con una serie de sesgos y distorsiones morales que contribuyen
a legitimarla, destacando sobre todo los conceptos de "cobarde"
y "chivato", fuertemente arraigados entre quienes agreden a
sus compañeros en la escuela, que los utilizan para justificar el “bullying”,
así como la conspiración del silencio que lo perpetúa, y que les llevan
a defender la inaceptable teoría de que hay que responder con violencia
a la violencia.
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