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tras
vidas. El mundo de lo visible y el difícil y extremo mundo inmaterial.
Dos referentes que encierran el combate extraordinario de la existencia
del ser humano y que el culto funerario de este pueblo hizo clave en su
arte, su aprendizaje moral y en la expresión de cada estancia tanto en
la vida como en la muerte: el camino contenido en su destino y que deberá
realizar para acceder al Alma universal.
Este
es el mito religioso que el egipcio bebió y perpetuó en cada uno de sus
escritos y escenarios funerarios y el que el Libro del Amduat –Libro
de la cámara oculta, primer tratado religioso que integra al Faraón
en el recorrido diario del Sol- describió con un prodigioso detalle a
través de textos y viñetas que enfatizaban la importancia del conocimiento
del inframundo y sus seres y de lo beneficioso que resultaba no sólo para
el difunto sino para toda persona en la tierra en previsión de la vida
eterna.
Afán
de inmortalidad
El
facsímil de la cámara funeraria de Tutmosis III que estos días exhibe
el Museo Nacional de Arqueología en su muestra La tumba de Tutmosis
III. Las horas oscuras del Sol tiene en sus paredes el singular tratado
espiritual que este pueblo ha legado a la historia de la humanidad y representa
el más ambicioso acercamiento a un tema en el que coinciden el arte, la
filosofía, la moral y la religión. Realizada gracias al fértil acuerdo
entre la Fundación Santander Central Hispano y el Ministerio de Cultura,
con la colaboración de Factum Arte, la muestra reproduce hasta el más
mínimo detalle y a tamaño real la cámara funeraria de la tumba del faraón
en lo que Miguel Ángel Elvira Barba, director del Museo Arqueológico Nacional,
calificaba de “una auténtica hazaña científica y técnica”: cuatro grandes
paredes, y dos grandes pilares, totalmente recubiertas por el viaje nocturno
del Dios Sol –Re- a través del mundo del Más Allá a lo largo de doce horas
en las que el dios, acompañado en la barca por otras divinidades y genios
protectores, realiza el recorrido de regreso desde la muerte hacia la
vida; el que culmina cada amanecer para iniciarse de nuevo cada noche
y el que resume toda la filosofía sobre la trascendencia de la vida de
ultratumba y la idea del renacimiento tras la muerte en el Antiguo Egipto.
Investigación
y divulgación
El
viaje que esta muestra propone al mundo egipcio tiene además el extraordinario
aliciente de ver por primera vez interpretados y traducidos al castellano
–en el catálogo editado para el efecto- los textos del Libro de Amduat
en los que se puede seguir el trascurso detallado de las doce horas en
que se fragua y finaliza la transmutación. Una nueva aportación teórica
que este Museo suma a su ya larga tradición de investigación y divulgación
del arte y la cultura egipcia, de la que posee una importantísima colección
de objetos, parte de los cuales vienen a completar el significado de la
propuesta base que es la tumba de Tutmosis III (¿1475 a.C.? 1425 a.C.).
Treinta piezas, algunas de ellas inéditas al público, provenientes de
ajuares funerarios encontrados en diversas necrópolis egipcias –sarcófagos,
máscaras funerarias, ushebtis, vasos canopos, embarcaciones y estelas
en las que se aprecia el deseo de los difuntos de unir su destino al de
los dioses Re y Osiris en busca de la resurrección- o que representan
las deidades, animales y símbolos nombrados en el Libro del Amduat.
Entre ellas destaca una de las últimas adquisiciones del Museo Arqueológico
Nacional, el fragmento de un sarcófago egipcio en madera policromada,
perteneciente a Amentit, Diosa del Occidente (siglos IV-II a. C.), de
una calidad artística inusitada.
La
exposición cierra su propuesta con un trabajo audiovisual realizado por
uno de los grandes egiptólogos vivos, el profesor Eric Hosnung, principal
experto en textos funerarios egipcios –concretamente del Libro de Amduat-,
y el doctor Theodor Abt, importante psicoanalista cuyos últimos trabajos
versan sobre la relación entre el inconsciente y el mundo que le rodea.
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