Los escolares descubren de la mano de Neruda

La Escuela de Verano del Museo de América ofrece actividades lúdicas y culturales

Campamentos, cursos de idiomas y actividades lúdicas configuran la oferta
de tiempo libre
durante las vacaciones escolares. Cada verano, el Museo de América abre sus puertas a niños de 6
a 11 años, para mostrarles la diversidad étnica y cultural de ese continente.
La gastronomía popular y
el mundo de los sabores es una de las actividades preferidas por los alumnos, que identifican  distintas frutas tropicales. (Fotos: Rafael Martínez)

Madrid. ROSAURA CALLEJA
Las vacaciones escolares pueden constituir un auténtico conflicto para los padres, que no saben cómo ocupar el tiempo libre de los más pequeños. Cuando los centros educativos cierran sus puertas, surge el dilema: ¿qué hacemos con los niños?. Distintas administraciones y entidades privadas presentan una oferta, que incluye campamentos, clases de apoyo, actividades lúdicas o cursos en el extranjero.
Los psicólogos recomiendan diferenciar si el alumno ha aprobado el curso o debe recuperar las asignaturas suspensas. No obstante, sugieren tres tipos de actividades: las lúdicas organizadas, como campamentos, o bien las libres, que consisten en jugar con los amigos o realizar excursiones con la familia; además de las académicas para los niños que hayan suspendido, sin olvidar a los mejores estudiantes, que pueden reservar un espacio de su tiempo libre al fomento de la lectura.

País de contrastes

Con la VIII Escuela de Verano, el Museo de América de Madrid pretende ofrecer a los alumnos de 6 a 11 años una actividad, donde se interrelacionan aspectos culturales y lúdicos. En esta ocasión, abre sus instalaciones para animar a los niños a conocer Chile, de forma amena y divertida. Tras México, Colombia, República Dominicana y otros países, esta edición coincide con la celebración del centenario del nacimiento de Pablo Neruda y permite a los alumnos descubrir este país a través de los ojos del poeta chileno.
Para la organización de esta actividad han colaborado la Asociación de Amigos del Museo de América y la Embajada de Chile en España. Durante dos semanas, los niños han desarrollado un programa que conjugaba las actividades lúdicas con un recorrido por las colecciones del museo.
De la mano de Neruda los niños exploran los más de 4.000 kilómetros de distancia desde el mayor desierto del planeta, Atacama, en el norte, hasta el intenso frío polar de las tierras antárticas del sur, desde la cordillera de los Andes hasta las interminables costas.

Un viaje mágico

Los escolares realizan este recorrido virtual en ferrocarril, como Neruda viajó en su infancia en los trenes conducidos por su padres. A través de las palabras del poeta, conocen las tierras, la flora, la fauna, la cultura, la música, el baile y los pueblos indígenas mapuches, aymaras y changos.
Julián cuenta cómo han ido “de estación en estación y en cada una hemos encontrado una pista para llegar a la siguiente”. Este alumno de 11 años finalizaba su relato afirmando que “este curso tiene buena pinta”.
Por su parte, María de 5 años recuerda como un poema les trasladaba a la infancia de Pablo Neruda y puntualiza: “nosotros también recordamos nuestra infancia y en el taller realizamos collares, pulseras y pectorales, como los que vimos en el museo”.
En la tercera jornada, que discurría desde la ciudad hacia la costa y pasando por la montaña, los alumnos regaban las semillas que habían plantado el día anterior y las exponían al sol. La artesanía popular protagonizaba la siguiente jornada, donde tras observar vasijas de diferentes formas y tamaños y las técnicas de torno o manuales, realizaban sus propias obras en cerámica que, “como les han quedado maravillosas” las instalarán en el mercadillo del día siguiente.

Crónicas

La propuesta del viernes, el “Mercado de palabras”, resultó muy divertida para los niños. Claudia de 10 años había leído una información en un diario nacional, sobre la pasión de Neruda por las casas, y describe en su crónica la casa de Isla Negra, “donde reposan sus restos y se conserva la mesa donde escribió muchos poemas”.
A Ignacio, de 10 años, Chile le recuerda a un plátano, a un chile de comer y a un palo de hockey; pero, si lo miras desde arriba, “parece un elefante, un tren o la manguera de un bombero”.
Estos niños escriben un diario, que recoge poesías, chistes, adivinanzas y una entrevista al vigilante del museo. Oscar, de 8 años, e Ignacio, de 10, le preguntan por su trabajo, por la seguridad ante los robos y por su familia.
Durante la segunda semana, se introducían en el sabor de lo chileno y los monitores les enseñaban a cocinar especialidades típicas de sencilla preparación. Con una Fiesta Mayor se clausuraba esta octava edición de Escuela de Verano, en la que los niños ofrecían a los espectadores una muestra de todo lo que habían aprendido en el transcurso es estas dos semanas, conciertos, danza y teatro.

 

arriba