Joyas fundacionales

La Biblioteca Nacional muestra las mejores obras
de sus primeros 50 años de existencia

Fruto de los vientos favorables a la democrati- zación de la cultura que circularon en la Europa de comienzos del siglo XVIII y del soberbio trabajo de recopilación y ordenación realizado por sus primeros trabajadores, la Real Biblio- teca Pública es el punto inicial del que hoy cuelga no sólo su monumental heredera sino el mismo concepto de institución cultural. La Biblioteca Nacional nos lo recuerda.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
El extraordinario suceso que simboliza el abrir al pueblo el coto cerrado del mundo del arte y de la cultura tiene en la creación por Felipe V de la Real Librería el principal  pilar y  el de mayor  trascenden-

cia: es a través de sus primeras gestiones como bien público cuando se comienzan a conformar colecciones que resumen el espacio temporal y su quehacer creativo más allá de la caprichosa selección del poder y la iglesia. Real Librería en 1711; Real Biblioteca Pública un poco después y, a partir de 1836, Biblioteca Nacional, el centro receptor de toda la producción escrita en nuestro país y el gran generador de civilización y cultura, que alberga más de 8 millones de piezas en todo tipo de materiales y soportes (libros, publicaciones periódicas, dibujos, grabados, manuscritos, partituras, fotografías, casetes, productos multimedia), que cuenta con un promedio de 500.000 entradas anuales y que está considerada entre las seis primeras del mundo por su calidad histórica, científica, literaria y artística.

Cesión real

La exposición La Real Biblioteca Pública (1711-1760). De Felipe V a Fernando VI, abierta estos días en la Biblioteca Nacional, es un homenaje no sólo al gesto de solidaridad efectuado por Felipe V al crear con parte de sus colecciones su centro-origen sino también al trabajo de sus primeros bibliotecarios que supieron realizar el trabajo de búsqueda, ordenación y catalogación que hizo posible el concentrar en unas pocas décadas unos tesoros que son casi tres siglos después considerados como el gran soporte real y simbólico de esta institución: dibujos, grabados, mapas, cuadros, esculturas, monedas, medallas y otros objetos preciosos, manuscritos y libros con estampas y encuadernaciones de enorme belleza que constituyen un tesoro del patrimonio cultural, artístico y estético de esta sociedad.
Cuatro grandes apartados y trescientas sesenta obras dan pruebas en esta muestra organizada con ayuda de la Fundación Winterthur del alcance del periodo fundacional y de sus primeras décadas de existencia bajo la mirada y la selección que sobre ellas ha realizado la comisaria Elena Santiago, jefa del servicio de Dibujos y Grabados de la Biblioteca Nacional.

Reyes sabios

El contexto histórico del nacimiento de la institución inicia el recorrido con un conjunto de setenta obras entre las que se encuentran algunas obras como el gran Árbol genealógico de los reyes de España en 16 hojas o la indiana que representa a Carlos de Austria, que se expone por primera vez, y que dan paso a la segunda sala dedicada a la propia Real Biblioteca Pública, a sus orígenes, organización y principales colecciones que, al unirse, formaron la primera biblioteca, en un resumen estructurado en vitrinas que tratan sobre Reyes sabios (reúne diez obras manuscritas por los reyes españoles, desde los ejercicios de gramática latina de Felipe III a la traducción de Germania de Tácito de Felipe V, pasando por la traducción de la Historia de Italia de Guicciardini, por Felipe IV), La Biblioteca de la Torre Alta del Alcázar y de la Reina Madre (con libros de las bibliotecas privadas de Felipe IV y Carlos II), Los libros y manuscritos personales de Felipe, Las bibliotecas incautadas (con piezas del patrimonio del marqués de Mondéjar y el Duque de Uceda), La Real librería o Real Biblioteca Pública (sus primeros estatutos y catálogos manuscritos; algunas obras importantes que ingresaron en ella por compra o intercambio, entre las que están un incunable de Tolomeo o un busto de Quevedo, uno de los retratos más fieles del escritor), La Biblioteca Universal de la polygraphia española (con los materiales necesarios para la edición y planchas de cobre grabadas para las ilustraciones), Libros regalados y dedicados a la familia real, La biblioteca de Isabel de Farnesio (mujer de enorme curiosidad intelectual) y sobre los Libros de fiestas y exequias (procedentes de París, con dibujos y grabados coloreados); junto a ellas, una selección de obras procedentes del Gabinete de Antigüedades y Museo de Medallas que tenía la Real Biblioteca en el que se conservaban todo tipo de antigüedades, curiosidades y objetos para la investigación parte de las cuales generaron en el siglo XIX a dos nuevas instituciones: el Museo Arqueológico Nacional y al Museo del Ejército.

Mapas manuscritos

La ciencia en la biblioteca Real Pública es el siguiente apartado en los que se divide la muestra y el que recoge los libros de pintura, vidriería, relojes, arquitectura, matemáticas, ingeniería, astronomía, etc...habituales de la época junto a una selección de importantes ejemplos de la cartografía española de la primera mitad del siglo XVIII, con mapas manuscritos como el Mapa de España de los padres Martínez y de la Vega o el de Filipinas de Murillo y Velarde. La exposición termina con una gran sala dedicada a las Bellas Artes durante los reinados de Felipe V y Fernando VI en la que se muestran ciento doce obras en los apartados Tratados y colecciones de estampas, Dibujo y su relación con el arte en la primera mitad del siglo XVIII, Arte del Grabado, Libros y dibujo de Arquitectura y La música y la Danza: el broche final artístico del mejor homenaje realizado nunca al símbolo y la realidad que hoy es la Biblioteca Nacional.

 

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