Pintar en el imaginario

El catedrático Jaime García Padrino publica el ensayo Formas y colores: la ilustración infantil en España

Una visión panorámica del quehacer artístico llevado a cabo en el marco de la industria editorial dedicada a jóvenes
y niños en el último siglo y medio arroja un saldo extraordinario de creadores que sin publicidad y con enorme sentido del cometido hicieron de la literatura el mejor de los lienzos dedicados a la imaginación.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
Ilustrar. Etimológicamente: hacer más inteligible, más claro, con mayor luz. El dibujo y la pintura que ayuda a comprender y a conceptuar; que alegra y que mueve resortes de la imaginación; que espera en silencio el reconocimiento cómplice del lector: ilustración y literatura en lucha y en armonía entre el abstracto y la concreción, frente a frente, compensando carencias que únicamente entre ellas llegan a tener real solución.
En su historia están los manuscritos anónimos dibujados a mano, las primeras reproducciones mecánicas realizadas por matrices de madera, las conseguidas con caracteres móviles, con el grabado, el aguafuerte, la xilografía, la litografía e incluso con la fotografía en una cadena de avances técnicos que artistas en su mayor parte anónimos supieron utilizar en el largo camino recorrido por la palabra escrita desde el libro ilustrado más antiguo del que se tiene noticia, un papiro del 2000 antes de Cristo.
Este gran marco artístico es el que rodea el trabajo ensayístico que estos días el catedrático de Didáctica de la Lengua y la Literatura en la Universidad Complutense de Madrid, Jaime García Padrino, ha presentado bajo el título Formas y colores: la ilustración infantil en España bajo el sello de Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha.

Anónimos y brillantes

¿Para qué sirve un libro sin ilustraciones? preguntaba indolente el personaje Alicia de Lewis Carroll, dejando claro que el libro infantil necesitaba sin remedio del dibujo para alcanzar el imaginario de los más especiales lectores. El autor recuerda el pensamiento de Carroll en el inicio de este sorprendente paseo por uno de los espacios menos valorados en la historia de la creación artística pero que en España –en su más de siglo y medio de existencia como género propio- ha contado con la complicidad y el trabajo de cientos de creadores brillantes, anónimos en las ediciones anteriores a 1890, afamados en otros ámbitos creativos en el tránsito de siglos y posterior a esta fecha: Méndez Bringa, Apel.les Mestres, Díaz Huertas, Ramón Cilla, Cuevas, Ortega Hernández, Manuel Picolo son algunas de las firmas que compaginaron su dedicación a las ediciones infantiles con sus colaboraciones en prensa y sus aportaciones a las corrientes artísticas de la época en un feedback que enriqueció el propio concepto de lo infantil, del aprendizaje y de la formación moral alejándolos de una encorsetada misión dogmatizante y acercándolos al reino de la libertad vigilada que el infante necesita para su desarrollo individual.
Jaime García Padrino –autor de obras como Libros y literatura para niños en la España contemporánea o Didáctica de la Lengua y la Literatura- recoge el gran avance que el arte de la ilustración adquiere en España en las primeras décadas del siglo XX, con la influencia decisiva de las ediciones inglesas y de las corrientes estéticas del Modernismo y el Art Decó, describiendo el gran colapso editorial que supone el conflicto de la Guerra Civil y el comienzo de una nueva moral en la España de la posguerra: ideología versus imaginación durante décadas.

Renovar y sobrevivir

La recuperación de la memoria del papel singular que la ilustración ha tenido en la formación del imaginario infantil de los españoles realizada en el ensayo Formas y colores: la ilustración infantil en España tiene en las propias ilustraciones aportadas a lo largo del texto ese vehículo inmejorable que constata el desarrollo del que fuera en sus inicios un mero apoyo gráfico del texto hasta el lugar preponderante que adquiere a lo largo de todo el siglo XX. A través de ellas se nos van presentando los distintos apartados en los que Jaime García Padrino ha dividido su libro: Los primeros editores e ilustradores infantiles; la aparición en España del álbum de imágenes; la primera Edad de Oro en la Ilustración Infantil; la ilustración en las corrientes innovadoras anteriores a 1936; la ilustración en la Guerra Civil: el proselitismo ideológico en las imágenes dedicadas a la infancia; la difícil continuidad de una tradición en las ilustraciones infantiles (1939-1952); la década de los cincuenta: desde nuevas colecciones de libros ilustrados a la creación del Premio Lazarillo; los años sesenta: consolidación del libro ilustrado y aparición de nuestros clásicos actuales; la década prodigiosa de los 70: ¿un mito de la Ilustración Infantil Española?; y, para cerrar, la Ilustración Española en el final del siglo XX: entre el boom y la crisis. El conjunto arroja una valiosa y sorprendente alianza entre el quehacer literario y el arte de su representación en imágenes.

 

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